Ciencia
28-06-2012
“Quien consume sustancias tóxicas no es un delincuente”
Gustavo de Vega, psiquiatra, director de una institución dedicada a la recuperación de pacientes con adicciones, se refiere a la despenalización de la tenencia de drogas y a los efectos devastadores que el consumo de sustancias, con el agregado del alcohol, ocasionan en el cerebro de un adolescente.
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Antonio Capriotti | Edición impresa

 

“Por los 80 veíamos un grupito que consumía algo de marihuana, algo de cocaína. Hoy, la complejidad es mayor. Tenemos un proceso que preocupa y alarma, un crecimiento exponencial; y se ha aletargado la posibilidad de dar respuesta a este llamado urgente”, Gustavo de Vega es psiquiatra y Director médico de AVCD, la Asociación de Voluntarios para el Cambio del Drogadependiente, una sociedad civil que a través de los años se fue conformando en una empresa social y que, pasando por diferentes etapas de desarrollo, ofrece hoy una comunidad terapéutica de 24 horas y 18 camas, el centro de día, consultorios externos más un proceso de educación continua con pasantías y supervisión teórica con distintas modalidades, desde el psicoanálisis hasta los últimos aportes de la neurociencia y la neuroimagen, apuntando a mejorar tratamientos y programas de prevención.

 

—“Es más fácil negar las cosas que enterarse de ellas”, dice Mariano José de Lara; para usted ¿qué diferencia habría entre ciertos barrios de la periferia de nuestra ciudad, o lo que muestra la película de Trapero, “Elefante blanco”, y lo que está pasando en el norte de México, aun respetando la escala?

 

—Lo que puede ocurrir es que cuando nos decidamos a actuar estemos llegando tarde. No sólo somos médicos dedicados a esta atención, sino que, como ciudadanos, tenemos que participar en una comunidad que tiene que dar respuesta a un problema que exige atención.

 

—¿Podemos usar la palabra epidemia sin que se interprete como una metáfora?

 

—Es más que una epidemia, yo la llamo tsunami psicotóxico: una oleada que avanza sin encontrar resistencia, imposible de contener. En el adolescente que tiene un cerebro en plena construcción, la droga avasalla sus recuerdos, sus memorias, sus procesos cognitivos, sus procesos simbólicos. Vemos adolescentes que tienen grandes dificultades de abstracción, de simbolización, de mediatizar con palabras. Están desprovistos de recursos para vivir en una sociedad donde las palabras sean las mediatizadoras y quedan limitados al acto. Al golpe, a la violencia. A la compulsión. Un cerebro desnutrido no cuenta con elementos como para interactuar socialmente. Carece de recursos para procesar su angustia, para contener los miedos, la tristeza; y se fuma un porro, toma alcohol con una tira de diez tranquilizantes; y ya está.

 

—¿Qué podemos recomendar para hacer foco en la prevención?

 

—Que los adultos, básicamente papá, mamá, pero también abuelos y allegados, tengamos claro que todas las drogas hacen daño. Mostrarnos firmes a la hora de dar un mensaje claro al chico que se droga. Los padres también deben tener en cuenta sus propias conductas, sus hábitos cotidianos, como conducir y comportarse en el tránsito dándoles a los chicos su ejemplo: cinturón, respeto por las señales y por la gente, llevarlos cumpliendo con la ley: en el asiento de atrás y son el cinturón colocado; es decir, sostener los buenos hábitos de la conducción. Y así en otros campos de la vida cotidiana: la automedicación, y el consumo de tabaco y alcohol de los adultos en la casa. 

 

—¿Cuál es la situación en el trabajo? ¿Tienen consultas de empresas?

 

—Sí. El consumo de drogas, antes, durante y después de la jornada laboral es alarmante. La persona que trabaja ocho o diez horas en una empresa y que toma sustancias estimulantes para tolerar esas horas. El adulto joven que gana un buen sueldo y el fin de semana consume sustancia, el lunes va a trabajar como si nada, arrastrando la resaca del viernes y del sábado. No falta pero no está en condiciones y se puede lastimar. Debemos tener en cuenta que el consumo de sustancias en la persona que trabaja afecta su salud y pone en riesgo a quienes están interactuando con él, ocasiona accidentes con costos en pérdidas humanas y en recursos. Aumenta el ausentismo, ocasiona bajas de productividad. Hemos atendido a cajeros bancarios o responsables de ventas y compras en una empresa y a personas que están en el sistema de toma de decisiones. Profesores que integran un equipo de docentes. Un preceptor consumidor que negocia faltas con los pibes. Temas sutiles, de alto impacto. Un taxista, un camionero, un colectivero. El responsable de un servicio de emergencia, el responsable de  la guardia de algún sanatorio bajo el efecto de sustancias tóxicas. Corresponde al conjunto social ocuparse en el ámbito de las respectivas responsabilidades de estos supuestos.

 

—Despenalización, ¿estamos lo suficientemente informados? Quien está a favor, ¿lo hace para tener más aceptación social? ¿Adhiere a ella con convicción y fundamentos?

 

—La persona que consume sustancias no es un delincuente. Podemos decir de ella que está desarrollando una enfermedad, o ya la tiene. Pero pensemos en el fumador; la sociedad no lo considera un delincuente pese a ser adicto a un tóxico aceptado socialmente. Quien consume sustancias tóxicas tiene un problema de salud. El tema de la despenalización es pertinente. Pero siempre que sea despenalización de la tenencia de una cantidad mínima para el consumo personal en mayores de 18 años y que consuman en privado. Eso es lo que considero correcto. No es lo mismo consumir en privado que hacerlo en la plaza pública. Alguien que fuma todos los días marihuana puede comprometer su salud. Ya que la marihuana produce trastornos importantes.

 

—¿Como cuáles?

 

—En el caso de la marihuana depende de la edad; en menores de 20 años, los daños son serios pues altera ese proceso de maduración que va haciendo el cerebro y altera su normal maduración, haciendo que esos procesos sean irreversibles sobre todo lo que tenga que ver con la manera de regular los afectos, identidad, procesos cognitivos; toda la subjetividad.

 

—¿Por qué sitúan ese límite de edad?

 

—Si se daña el cerebro frontal es como si a un auto queda sin frenos; se hace inmanejable. Así es el cerebro de un adolescente que empieza a consumir. Si además consume cocaína esto se acelera y si consume alcohol más todavía. Lo que nosotros debemos tratar de hacer es  que en la adolescencia no consuman drogas, ni alcohol, ni tabaco como lo hacen escandalosamente con los ahora famosos “atracones” que suelen hacer en “la previa”.

 

—¿Qué pasa con las obras sociales?

 

—Cumplen con la ley que les exige cobertura; pero se desinteresan del paciente. Consideran a los adictos enfermos estigmatizados; irrecuperables e intratables. Aunque sabemos que hay muchas opciones terapéuticas para poder recuperar a esos pacientes, muchos de los cuales se pueden beneficiar rápidamente, para lo cual hay que financiar equipos interdisciplinarios. Ni el Estado ni las empresas privadas se muestran hoy dispuestas a dar este paso y tratar este problema. Hoy hay una alta demanda y del lado de la oferta, ausencia. Un ejemplo; vemos que quienes comienzan a tener problemas con el alcohol, en última instancia acuden al gastroenterólogo; a lo sumo a un neurólogo y hasta el psiquiatra. Pero  como no se encaran programas para prevenir y enfrentar el alcoholismo con equipos profesionales y multidisciplinarios, todo lo que se hace queda en voluntarismo y se dilapidan los esfuerzos. Al ser una enfermedad multiproblemática no se puede atender al enfermo alcohólico separadamente de su familia. No se puede tratar en forma fragmentada.

 

—¿Cómo se ven en los próximos años?

 

—La visión que tengo apunta a la mejora continua: capacitación, mejoría institucional y la apertura que contemple el trabajo en empresas, en el deporte, en áreas de salud y educación. Llevar a la institución a liderar en la prevención y tratamiento de la drogadependencia. Desarrollar la habilidad de establecer vínculos de confianza con la intención de formar redes. Me veo formando parte de redes con lo público y lo privado,  con ámbitos educativos, tratando de profundizar programas de prevención.

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