Ciencia
02-05-2012
“El Planetario debe formar parte de la vida cotidiana de la ciudadanía”
Guillermo Ríos, titular del Complejo Astronómico Municipal, que componen Planetario, Observatorio y Museo de Ciencias, describe su experiencia al frente de ese lugar destinado a la difusión del conocimiento.
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Antonio Capriotti | Edición impresa

 

 

El complejo Planetario, Observatorio, Museo Experimental de Ciencias es una de las instituciones que simbolizan la historia reciente de la ciudad. A comienzos de los ochenta, un grupo de personas decidió rescatar un proyecto que había caído en el olvido.

 

Hoy y después de más de diez años, el Complejo Astronómico Municipal cuenta con autoridades formalmente constituidas, en cargos obtenidos por concursos. Su director ejecutivo, Guillermo Ríos, recibe a Cruz del Sur en su despacho.

 

Un poco de historia

 

Salustio fue quien dijo que “el mundo es un objeto simbólico”. El ciudadano, conviviendo con sus símbolos, debería poder descifrarlos para entender qué de lo humano contienen, cuánto de la historia reciente guardan, cuánta lucha los sostienen.

 

Atrás habían quedado años de desidia y de porfiados esfuerzos. Debajo de la estructura de hormigón, con forma de caparazón de un gliptodonte gigante, un proyecto esperaba por su concreción. Abandonado, bajo ese techo abovedado carente de estrellas, el sistema óptico del planetario esperaba ser rescatado.

 

Mario Báncora, René Francovigh, Oscar Parachuk, Victorio Capolongo, Hugo Marcucci, y algunos otros rosarinos, fundaron y promovieron la Fundación Planetario para lograr el objetivo propuesto: ponerlo en funcionamiento. Contaron en todo momento con la decisión política de Luis Cándido Carballo, y el 19 de junio de 1984, por fin, y después de años, la ciudadanía podía asistir a un sueño postergado.

 

El Planetario cuenta con una sala con capacidad para 250 personas, y butacas reclinables, y está considerado entre los mejores del mundo.

 

Cuenta con un valioso equipo planetario que reproduce, junto con equipos accesorios, una imagen artificial del cielo sobre la cúpula semiesférica de 22,30 metros de diámetro.

 

Ahora, el presente

 

Licenciado y profesor de ciencias de la educación y magister en ciencias sociales, Guillermo Ríos, acepta el asombro y la ignorancia del cronista quien pensaba entrevistar a un profesional de la astrofísica. “Siempre se tuvo la idea de que al frente del Sistema Planetario –Observatorio– Museo de Ciencias debía estar alguien relacionado con la astronomía y la física”, apunta Ríos, para responderse: “No necesariamente. Este es un complejo cuya misión es la divulgación científica. Es decir, poder construir dispositivos que nos permitan que la ciudadanía pueda acercarse e interactuar con las propuestas científicas que ofrece la institución. Acceder a propuestas que puedan ser interpretadas por el común de la gente para acercarse a lo que pasa en la realidad y con lo cual de un modo u otro interaccionan cotidianamente. Siempre mediatizado por un profesional que desde lo conceptual hace entendible las propuestas. Por eso este lugar no es tan sólo de la física, ni de la astrofísica, sino que responde a la multidisciplinariedad”.

 

—Un lugar apto para el aprendizaje…

 

—Es por eso que creo que este lugar requiere una mirada fuertemente pedagógica porque tiene que ver con la transmisión de conocimiento. El proyecto que estamos diseñando en estos momentos, más allá de los temas considerados específicos, atraviesa el arte, la ciencia y la tecnología, siempre desde la divulgación del conocimiento en general. Estos lugares se transforman en nexos entre los centros de producción de conocimiento científico y la ciudadanía.

 

—¿Qué opinión tiene usted con relación al periodismo que se dedica a la divulgación de la ciencia?

 

—Yo creo que el periodismo científico y los medios de comunicación especializados lo que hacen es poner al servicio de la comunidad su rol de traductores.

 

—Es la visión clásica, lamentablemente…

 

—En un buen sentido; no en el clásico sentido de la dupla inexorable de traductor/traidor. Necesita hacer entendible producciones que de otro modo carecerían de interés a la población en general; y ayudan a construir versiones, argumentos, opiniones en torno a cómo funcionan determinadas cosas. Y esto lleva de por sí un sesgo político e ideológico.

 

—Todos contribuyen, desde sus respectivos lugares, a la construcción de una narrativa; productores de conocimiento y divulgadores…

 

—Sí. Claro. Cuando nosotros construimos una narrativa, la misma tiene un sesgo político e ideológico. Por eso desde los medios se generan concepciones. Por ejemplo ahora con el tema del calendario maya y el fin del mundo. Sus conclusiones están más cerca de la astrología que de las ciencias astronómicas.

 

Justamente por ese motivo es valorable el rol del divulgador que con rigor y ética no traduce sino que facilita, ayuda a introducirse en las conclusiones científicas, intentando tender un puente entre la investigación básica y su impacto en la vida cotidiana; evitando una mera traducción en clave mágica. Sin desconocer que, muchas veces, la asertividad que requiere el periodismo para concitar la atención, hace que algunos medios caigan en la trampa de la construcción de mitos, alejándose del origen científico.

 

—A propósito, ¿ustedes cuentan con programas de divulgación?

 

—Nosotros estamos pensando en un programa para el año que viene de divulgación científica. Creemos que todos podemos transformarnos en divulgadores científicos. Algunos usan el concepto de alfabetización científica, y como es algo en lo que no he explorado todavía prefiero usar el concepto de divulgación científica; entendiendo a la divulgación no sólo como el que trasfiere haciendo comprensible un hacer sino que al mismo tiempo produce conocimiento.

 

—¿En qué consiste ese programa?

 

—El 17 de marzo lanzamos el Espacio Lab, un laboratorio donde funcione un espacio que articule arte, ciencia y tecnología, explorando los formatos digitales. Estamos fuertemente apostando a eso para lo cual hicimos una convocatoria a estudiantes de diversas carreras universitarias. No solamente del campo de la física y la matemática sino desde la comunicación, de la antropología, etc. Estamos entrenando a treinta residentes de distintas disciplinas con quienes, una vez a la semana, hacemos una reunión, en el complejo astronómico. Ellos están recibiendo formación en distintas áreas, coordinados por el artista plástico Gabriel  González Suárez, docente en la UNR, en  la carrera de bellas artes. Reciben capacitación en diferentes áreas y se los capacita, también, para que puedan construir dispositivos que nos permitan la apropiación de esos conocimientos pero explorando el campo digital que hoy a los jóvenes les resulta tan familiar. La idea es que puedan producir dispositivos, muestras, eventos. Que puedan producir determinados acontecimientos para transferirlos a la comunidad.

 

—¿Qué espera usted de esta institución a cinco años?

 

—Creo que podemos hacer que este lugar, dentro de cinco años, esté fuertemente instalado en la ciudadanía y en la región. Convertir a esta institución en un sitio de referencia en ciencia, arte y tecnología. Convencidos que se trata de un lugar con el potencial necesario como para serlo. Esto implica un fuerte trabajo en la renovación en todas sus áreas en equipos y en recursos humanos. En cinco años me imagino un lugar en el que visitantes de todas las edades se apropien de él, y que pueda establecer un vínculo entre ese universo de ciencia arte y tecnología y la vida cotidiana.

 

—¿Qué puede decir de las últimas experiencias?

 

—Una experiencia en donde la comunidad se consustanció con el complejo fue el año pasado con las noches galileanas. Durante tres días seguidos, más de trescientas personas por noche escuchando música barroca, viendo la obra de teatro Galileo Galilei de Naum Krass, asistiendo a charlas de astronomía. Además celebramos los 25 años del Museo Experimental de Ciencias, donde cerca de 200 niños, en la sala Copérnico, disfrutaron de un unipersonal en el que se representaba la vida de Albert Einstein. A la noche pasó lo mismo con el público adulto. Si le presentamos a la comunidad una propuesta interesante y atractiva, la gente de acerca. Es cierto que hay mucha gente que todavía desconoce el lugar. La lógica que nosotros queremos darle es la de un centro cultural. Para que el complejo forme parte de la vida cotidiana del ciudadano.

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