Ciencia
17-11-2011
“Democratizar el conocimiento”
Sara Rietti, la primera química nuclear argentina, fue distinguida por la Universidad Nacional de Rosario. En esta entrevista relata aspectos de su vida y fundamentalmente habla de su militancia por una ciencia que llegue y sirva a todos.
Aumentar tamaño del texto Reducir tamaño del texto Tamaño del texto normal
Antonio Capriotti | Edición impresa

 

La Universidad Nacional de Rosario de manos de su rector, Darío Maiorana, le entregó el Doctorado Honoris Causa a Sara Rietti. Cruz del Sur pudo entrevistarla  pocos minutos antes del acto oficial. En esta nota, Sara Rietti pasa revista al origen emigrante de su familia, a la vida universitaria entre los 40 y los 50. La Noche de los Bastones Largos y la noche a partir de marzo de 1976. Su amistad con César Milstein. Su militancia. Su vida.

 

—¿Cómo era su familia?

 

—Ambas, la familia de mi madre como la de mi padre, eran emigrantes. Mi mamá era de un pueblito de Ucrania. Mi madre era una de los siete hermanos. Su mamá había quedado viuda muy joven. El hermano mayor era el maestro del pueblo, tan es así que cuando vino a Argentina no sólo ejerció el magisterio sino que hizo la primera escuela de hebreo en la ciudad de Buenos Aires.

 

—¿Y la familia de su papá?

 

—Él en cambio vino solito. Originario de Polonia, en el tiempo del Imperio Austro Húngaro. Lo convocaban para la conscripción y la vida en el ejército imperial era muy dura, sobre todo para los judíos. Decidió venirse. Acá conoció a mi mamá y un poco antes de declararse la guerra (Sara se refiere a la primera Guerra Mundial) hizo esfuerzos por traer a sus hermanos. No pudo porque la emigración era muy restrictiva. Ellos y sus padres  murieron en esa guerra.

 

—¿Su familia conformaba un ambiente especial como para que usted se decidiera a estudiar una carrera como química nuclear?

 

—Sí, muy especial. En realidad yo era y soy un animal político y lo que me hubiese gustado estudiar era letras y filosofía. En esa época no teníamos carreras como Ciencia Política. Ansiaba internarme por esos campos pero la hija de ese hermano mayor de mi madre era química, ya estaba becada en EE.UU. Entonces para mí fue como un mandato. Lo cual, a la larga, no me vino mal, ya que yo hablo de cuestiones políticas de ciencia y tecnología y nadie puede negar que yo tengo una tesis de doctorado en físico química publicada en una revista internacional. Mire, las cosas por las que combato, yo las pasé.

 

La tesis a la que la entrevistada hace referencia, “Estudio de la reacción entre tetracloruro de diboro y diborano”, Universidad de Buenos Aires, Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, 1963, dio lugar a una publicación: “Reactions between diborane and some boron halides”, Journal of Inorganic & Nuclear Chemistry, 1965, Vol. 27, pp. 247 to 249. Cuando se le pide que haga una pintura de la ciencia en el  país en épocas de su egreso y su posterior doctorado alude a que  “la facultad de ciencias era una facultad dura”, en clara referencia a que conformaba un centro crítico al gobierno de Juan Domingo Perón. “Nuestra facultad estaba en Perú 222, sitio escogido por los militares que odiaban a Exactas, primero en la Noche de los Bastones Largos; luego, la misma institución militar, años después la arrasó con una topadora. Arrasaron un espacio histórico”. Sara Rietti vuelve a los años 50: “En los 50 la idea de Perón de desarrollar la ciencia… nunca lo oí muy vinculado al desarrollo…  lo de la Energía Atómica, lo de traer a los científicos alemanes. Sí.  Qué significaba para Perón, no lo sé”. Y aclara: “(Ronald) Richter no era un burro, habrá tenido demasiadas exigencias en una tierra poco explorada. Habrá pedido más equipamiento del que correspondía. Había formado parte de los equipos de los buenos científicos alemanes…”.

 

—¿Milstein fue compañero suyo?

 

—Cuando entro a la facultad, César Milstein era el presidente del Centro de Estudiantes. Lo llamábamos Pulpito. En el laboratorio, el material usado es muy frágil y se rompe con frecuencia. Contábamos con un comercio para comprarlo a un precio razonable”.

Sara hace una acotación: “Ninguno de nosotros era de familias pudientes. Éramos parte de familias de gente sencilla. César (Milstein) también. Por entonces, Ingeniería compartía con nosotros el espacio y ciertas materias, todos recurríamos a un señor que vendía los materiales que necesitábamos reponer y también contaba con un mimeógrafo para hacer copias. Su comercio se llamaba El Pulpo, y nos cobraba un poco caro las copias por lo que César, que era un socialista de alma, muy cooperativo, inauguró otro espacio para hacer las copias; se lo llamó El Pulpito. Así pasó a llamarse César quien, al poco tiempo, me hizo un pedido: “Me gustaría”, me dijo: “Por qué no te hacés cargo del intercambio de revistas de otros países”. Siempre digo que César está en el origen de una carrera que por las circunstancias tuvo que ver con la cooperación internacional; en la gestión de Manuel Sadosky yo era su jefa de Gabinete y la responsable de la Cooperación Internacional en un momento muy duro en el que el país regresaba de una situación muy difícil y que la integración en América latina estaba rodeada de mutua desconfianza. Con Francia, que tenía un gobierno socialista y con la Comunidad Europea que era muy abierta, esa cooperación fue muy importante. La ciencia era un instrumento de cooperación.

 

—El ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva está siguiendo con esa línea: repatriación de científicos, mayor inversión, etcétera…

 

—Eso merece una reflexión. Es cierto lo que usted acota pero hoy repatriar a la gente es muy sencillo. En nuestra época era más difícil. Hoy, éste es un buen espacio para hacer ciencia, mientras la vida en el exterior no está facilitada. Todo ese programa lo originamos en los tiempos de Manuel Sadosky. Pero está muy bien lo que están haciendo, claro que ahora no tiene el dramatismo que rodeó a los investigadores de aquellos años que debieron irse del país en circunstancias muy difíciles y repatriarlos en medio de un país destruido tenía otro significado. Recuerdo que había mucha nsolidaridad de la gente. Una cosa que nos ayudó mucho para esa época fue que César Milstein ya era un Nobel cantado. Fue muy importante para nuestra relación con Brasil, recordemos que nuestros países tenían duras hipótesis de conflicto. Lo del Centro Argentino Brasileño de Biotecnología y todos los enroques que hicimos apuntaban a desarticular los posibles conflictos.

 

—¿Por qué la ciencia en una sociedad, para qué y para quién? 

 

—Una sociedad necesita de la ciencia, de la literatura, del arte. Es un aspecto humano digno de ser cultivado. Es una actividad que muestra aspectos relevantes de lo humano. Lo del para qué está muy vinculado al para quién. Para mejorar las condiciones de vida de la gente, para tener un intercambio razonable con todo lo que nos rodea. A mí lo que me preocupa es que sobre todo sea inclusiva, es decir: ¿para quién?, para todos; y creo que requiere un enorme esfuerzo para ser respetuoso de los recursos naturales, del ambiente.

 

—¿Quién debe fijar qué investigar?

 

—Éste es mi tema obsesivo, la democratización del conocimiento. Creo que la ciencia es demasiado determinante del modelo económico, político, humano que se va a cultivar como para que sea propiedad de grupos de privilegiados. Me parece que es fundamental la democratización del conocimiento”.

 

—De todas las cosas que usted hizo llama la atención su apego a la militancia…

 

—Bueno, en realidad yo fui criada biológicamente por un primo, ingeniero, poeta, ocho años mayor que yo. Es el que formó mi biblioteca nparticular, literaria; y le voy a dar un dato, era de la línea de Abelardo Ramos; cuando en el 45, los cabecitas negras cruzaron el puente y se lavaban las patas en la fuente de Plaza de Mayo él me llevó a verlos. Entonces, a mí se me hizo un lazo muy difícil de romper.

 

La llamaban insistentemente, ya era la hora de que fuera en busca de su merecido Honoris Causa, más que a su trabajo como científica por su labor militante en el campo de las políticas científicas desde el regreso de la democracia a nuestro país.

Dejanos tu comentario...

Viernes 10 de Julio de 2020
La pandemia en Brasil
Pandemia y ciudad
La abanderada del odio
Renta básica, un experimento
Internacionalizar la crisis
Evitar una catástrofe financiera global
El mundo según Bill Gates
El mundo acelerado
Coronavirus: lo que aún no se sabe
Lo que el pentágono sabía
Capitalismo pandémico
El peligro de una segunda ola
Un nuevo orden mundial
Mujica
Jugar contra el prejuicio
Economía parasitaria
Por qué se lame el perro
Eros y civilización
Maten al rugbier
foto