Ciencia
20-04-2020
Covid-19: el peligro de una segunda ola
Cuando los países comienzan a flexibilizar el aislamiento, crece en la comunidad científica la preocupación de que las poblaciones sigan siendo altamente vulnerables. Las mayores pandemias, como la de la gripe española, tuvieron resurgimientos incluso más letales que el brote original. 
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Con más países que planean relajar las restricciones impuestas debido al coronavirus, salvo el primer ministro del Reino Unido, Boris Johnson, y la canciller alemana, Angela Merkel, preocupados por el potencial resurgimiento de una segunda ola, esto es lo que se sabe del resto del mundo sobre el riesgo de un regreso del covid-19.

 

¿Habrá una segunda ola?

 

Las epidemias de enfermedades infecciosas se comportan de diferentes maneras, pero la pandemia de gripe de 1918 que mató a más de 50 millones de personas se considera un ejemplo clave de una pandemia que ocurrió en múltiples olas, siendo la última más grave que la primera. Se ha repetido, aunque de forma más leve, en las pandemias de gripe posteriores.

 

Otras pandemias de gripe, incluso en 1957 y 1968, tuvieron múltiples olas. La pandemia de influenza A, H1N1, de 2009, comenzó en abril y fue seguida, en los EEUU y en el hemisferio norte templado, por una segunda ola en otoño.

 

Cómo y por qué ocurren los brotes en múltiples olas, y cómo se pueden prevenir las posteriores oleadas de infección, se convirtió en un elemento básico de los estudios de modelado epidemiológico y la preparación para pandemias, que incluyen desde el comportamiento social y la política de salud hasta la vacunación y la acumulación de inmunidad comunitaria, también conocida como inmunidad de grupo o de rebaño.

 

Si bien las segundas olas y los picos secundarios dentro del período de una pandemia son técnicamente diferentes, la preocupación es esencialmente la misma: la enfermedad vuelve a estar vigente.

 

¿Hay evidencia de que el coronavirus regresa a algún lugar?

 

Esto se está observando con mucho cuidado. Sin una vacuna, y sin una inmunidad generalizada a la nueva enfermedad, la experiencia de Singapur ha dado una alarma, donde se experimentó un repentino resurgimiento de infecciones a pesar de ser elogiado por su manejo temprano del brote.

 

Aunque Singapur instituyó un fuerte sistema de localización de contactos para la mayoría de su población, la enfermedad resurgió en un alojamiento de dormitorio donde se hacinan miles de trabajadores extranjeros, con instalaciones de higiene inadecuadas y comedores compartidos.

 

Con 1,426 nuevos casos reportados el lunes y nueve dormitorios –el mayor de los cuales alberga a 24.000 hombres–, declarados unidades de aislamiento, la experiencia de Singapur, aunque muy específica, ha demostrado la capacidad de la enfermedad de retornar con fuerza en lugares donde las personas están muy cerca y su capacidad para aprovechar esas debilidades en el régimen de salud pública que intenta contrarrestarlo.

 

Un pequeño aumento a fines de la semana pasada en el número de infecciones en Alemania, otro país acreditado por manejar bien su brote a través de extensas pruebas y rastreo, también ha llamado la atención, incluso cuando el país flexibilizó las restricciones.

 

Y a pesar del aparente éxito de China en controlar el brote en la provincia de Hubei, ha habido un aumento en los casos en el norte del país.

 

Un nuevo grupo de casos de coronavirus en la ciudad nororiental de Harbin, cerca de la frontera rusa, ha obligado a las autoridades a imponer nuevos bloqueos, después de informar transmisiones locales cercanas a cero en las últimas semanas.

 

Todo esto plantea preguntas sobre cuándo y cómo reducir el aislamiento para evitar una segunda ola o resurgimiento.

 

Lo que preocupa a los expertos

 

La sabiduría convencional entre los científicos sugiere que las segundas olas de infecciones resistentes se producen después de que se agota la capacidad de tratamiento y aislamiento. En este caso, la preocupación es que el consenso social y político que respalda la cuarentena está siendo superado por la frustración pública, que ha desencadenado protestas en los Estados Unidos y en otros lugares, y la urgente necesidad de reabrir las economías.

 

La amenaza disminuye cuando la susceptibilidad de la población a la enfermedad cae por debajo de un cierto umbral o cuando la vacunación generalizada está disponible.

 

En términos generales, la proporción de individuos susceptibles e inmunes en una población al final de una ola determina la magnitud potencial de una ola posterior. La preocupación en este momento es que con una vacuna todavía a meses de distancia, y con una tasa real de infección que apenas se adivina, las poblaciones en todo el mundo siguen siendo muy vulnerables tanto al resurgimiento como a las olas posteriores.

 

Como llamó la atención Justin Lessler, profesor asociado de epidemiología en la Universidad Johns Hopkins, cuando escribió para el Washington Post en marzo: “Las epidemias son como incendios. Cuando el combustible es abundante, se enfurecen sin control, y cuando es escaso, arden lentamente.”

 

Los epidemiólogos llaman a esta intensidad la “fuerza de infección”, y el combustible que la impulsa es la susceptibilidad de la población al patógeno. Como las repetidas oleadas de la epidemia reducen la susceptibilidad (ya sea a través de la inmunidad completa o parcial), también reducen la fuerza de la infección, disminuyendo el riesgo de enfermedad incluso en8tre aquellos sin inmunidad”.

 

El problema es que aún no sabemos cuánto combustible tiene todavía disponible el virus.

 

Fuente: The Guardian. Traducción: P.M. | Cruz del Sur

 

Nota bene: Se respetaron todos los hipervínculos del original en inglés.

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