Ciencia
13-04-2020
El desequilibrio ambiental, origen de la pandemia
Según los especialistas, la acción del hombre y el sistema sobre la naturaleza influyen para que pueda aparecer un patógeno desconocido y transformarse en una epidemia. La crisis actual, afirma uno, "debe poner sobre la mesa la imperiosa urgencia de refundar nuestros sistemas de salud en universales, públicos e integrales".
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Pedro Fernández Mouján | Télam

 

La aparición del coronavirus ha dejado al descubierto la fuerte interdependencia del “metabolismo sociedad-naturaleza como un proceso determinante de las formas de vivir, enfermar y morir”, dice en esta nota el epidemiólogo Gonzalo Basile.

 

En sus análisis, Basile y otros especialistas remarcan cómo la acción del hombre y el sistema sobre la naturaleza influyen para que pueda aparecer un patógeno desconocido y transformarse en una pandemia.

 

Coordinador de Salud Internacional del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso), Basile señaló que “los cambios en las dinámicas poblacionales con la creciente urbanización malsana y ecológicamente insustentable, la pérdida del equilibrio natural de los ecosistemas, el tráfico y caza de especies silvestres exóticas y la brutal y acelerada depredación de la sociedad sobre la naturaleza son la mayor amenaza actual a la salud colectiva”.

 

En el mismo sentido, el ecólogo de enfermedades y presidente de la organización global EcoHealth Alliance, Peter Daszak, que junto a otros especialistas advirtió en 2018 a la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre el peligro de una epidemia grave causada por un patógeno desconocido de origen animal con alta tasa de mortalidad, destacó en una entrevista reciente a la BBC que “las causas subyacentes de las enfermedades emergentes están determinadas por lo que hacemos en el medio ambiente”.

 

De hecho, desde hace años los especialistas no dejan de señalar a los bosques como fronteras naturales y orgánicas de la detención de los agentes patógenos que viven en los animales silvestres y la manera en que su cercenamiento ante el avance urbanístico y la extensión de las líneas de explotación agrícola y ganadera, genera la desaparición de esta defensa natural y hace posible el “salto” de los virus –que los animales salvajes alojan orgánicamente– a los hombres, donde generan nuevas y mortales enfermedades.

 

“Estos animales que se ven obligados a interactuar con el hombre por la reducción de su espacio vital, portan virus, bacterias y parásitos en equilibrio evolutivo en sus hospederos (portadores) con los que co-evolucionaron desde hace milenios”, pero que al reproducirse en “un organismo nuevo” pueden –por distintas causas– “generar altas tasas de morbi-mortalidad”, sostuvo Oscar Daniel Salomón, director del Instituto Nacional de Medicina Tropical, de Puerto Iguazú, Misiones.

 

Salomón, dedicado en la actualidad a la investigación de estrategias de control de enfermedades tropicales como el dengue, aclaró que “las características biológicas de los organismos sólo generan la posibilidad de una epidemia, pero son los factores humanos los que determinan su probabilidad”.

 

“Los nuevos patógenos podrían quedar circunscriptos a los sitios de ‘salto’ entre especies o poblaciones”, dijo.

 

“Pero la densidad urbana, la cantidad y velocidad en que se trasladan hoy personas y bienes, la estructura del mercado y capital, son clave para entender la magnitud actual de fenómenos nuevos como el Covid o Zika y los ya conocidos sarampión o cólera, y prometen nuevos patógenos de impacto desconocido, que se transformarán en pandemias”, agregó.

 

“La conexión entre lo natural, lo biológico y lo social no es un vínculo externo, es la propia sociedad y sus patrones de organización de la vida los que determinan estos procesos destructivos y malsanos como el Covid-19”, aclaró Basile.

 

Además de esto, debe analizarse la situación de los receptores, y en este sentido, Basile destacó que lo fundamental son “las estrategias de las sociedades y el Estado” para enfrentar las epidemias

 

“La probabilidad de que alguien muera de una enfermedad no sólo depende de la enfermedad en sí, sino también de los procesos protectores de que se dispone, de la atención y tratamiento que recibe y de la capacidad del paciente para recuperarse de ella, pero especialmente de las estrategias de las sociedades y el Estado”, aseguró.

 

“Esta pandemia –señaló– debe poner sobre la mesa la imperiosa urgencia de refundar nuestros sistemas de salud, de saldar la deuda pendiente de las democracias hacia sistemas universales, públicos e integrales de salud y protecciones sociales”.

 

“Los sistemas de salud pública en América Latina y el Caribe continúan estando fragmentados, fragilizados, desfinanciados, con bajas capacidades resolutivas y de repuesta en cualquier contexto epidémico. Esto no es fruto de la crisis epidemiológica del Covid-19 sino del shock de reformas del Banco Mundial y el BID junto a gobiernos que destruyeron las capacidades públicas”.

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