Economía
28-03-2020
Petróleo, guerra de precios y pandemia
La confrontación entre Arabia Saudita y Rusia hizo colapsar el precio del crudo a niveles desconocidos desde 2003. Afecta en particular a todos los países pequeños productores, cuyas economías se verán resentidas.
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Diego Rivera Rivota* | Foreign Affairs Latinoamérica

 

La semana del 9 de marzo de 2020, trajo consigo una vorágine de información apenas posible de digerir en un solo día. Los titulares de prensa destacaban el colapso de las principales bolsas e indicadores financieros, un dramático aumento de casos de infección del coronavirus (covid-19) en Europa y una abrupta caída de casi 30% del precio internacional del petróleo crudo. A unos días de distancia, vale la pena detenerse para analizar las causas y posibles efectos globales de este último, el cual tendrá implicaciones más allá del sector energético.

 

En aquel “lunes negro”, el barril del crudo Brent, precio de referencia europeo, se cotizó en 34 dólares, mientras que el precio de referencia estadounidense, el West Texas Intermediate (WTI) tocó los 31 dólares por barril. Se trata simplemente de la mayor caída en el precio del petróleo en un día desde enero de 1991, cuando inició la primera guerra del Golfo. Como referencia, el precio promedio del WTI durante 2019 fue de 57 dólares por barril. El 18 de marzo de 2020, el WTI bajó a 24 dólares por barril, algo no visto desde mayo de 2003. Pero, ¿qué fue lo que detonó esta caída en el precio? De manera simplificada y en extremo resumida, el mundo es rehén de una guerra de precios entre Arabia Saudita y Rusia, los dos mayores exportadores de crudo, además del segundo y tercer mayor productor petrolero. Esto no hace más que agudizar un contexto de por sí complicado en el mercado global petrolero, en el que a un entorno de sobreoferta se le sumó una importante reducción en la demanda, causada principalmente por el impacto del covid-19 en China. Sin embargo, para entender mejor esta guerra de precios entre Moscú y Riad es preciso regresar, al menos, hasta diciembre de 2019.

 

Rehenes de guerra

 

Arabia Saudita, junto con otros diez miembros, forma parte de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), que concentra 30% de la producción global de crudo (29.3 millones de barriles diarios). El 7 de diciembre de 2019, se reunieron por séptima ocasión los representantes de los once miembros de la OPEP, junto con otros diez países productores (entre ellos Malasia, México y Rusia). Este grupo de veintiún países, denominado OPEP+, inició una estrategia conjunta en 2016 para recortar la producción de petróleo con el objetivo de mantener el precio del crudo estable y en un rango conveniente a sus intereses, además de ampliar su cuota de mercado. La alianza OPEP+ fue una reacción directa ante el mayor productor de crudo, Estados Unidos, cuya producción se ha más que duplicado desde 2009, debido a la creciente producción de tight oil, o petróleo de areniscas compactas, que ha absorbido el crecimiento en la demanda global de petróleo.

 

Dentro de la OPEP+, hay dos liderazgos de facto muy claros: Arabia Saudita dentro de la OPEP y Rusia dentro del grupo de los otros diez miembros, ambos con volúmenes de producción y exportación mucho mayores que el resto de sus aliados. En aquella reunión, la OPEP+ decidió continuar con los recortes conjuntos de producción iniciados en 2016, en 0.5 millones de barriles diarios adicionales, medida vigente hasta el 31 de marzo de 2020.

 

El mundo es rehén de una guerra de precios entre Arabia Saudita y Rusia, los dos mayores exportadores de crudo, además del segundo y tercer mayor productor petrolero.

 

Desde enero de 2020, los precios del petróleo empezaron a bajar casi de manera continua, con el WTI rozando los 50 dólares por barril en febrero. Esto se debió a una menor demanda de lo esperado, causada principalmente por las consecuencias económicas del covid-19. Conforme aumentaba el número de infectados y las medidas restrictivas, la demanda por productos refinados se redujo drásticamente. Con menor demanda de transporte, cada día se dejaban de consumir gasolina, diésel y combustible de aviación. Además, las industrias paralizadas, redujeron su demanda de petroquímicos, afectando una enorme gama de productos finales, desde plásticos hasta fertilizantes. Con el tiempo, fue evidente que el coronavirus estaba expandiéndose allende las fronteras de China, lo que aumentaría el número de infectados y el impacto económico. Mientras tanto, el precio del petróleo seguía bajando y los miembros de OPEP+ decidieron reunirse el 6 de marzo de 2020 para alcanzar un acuerdo que permitiera reducir la caída de los precios del crudo.

 

Arabia Saudita y los otros diez miembros de la OPEP propusieron a la OPEP+ aumentar el recorte de producción en 1.5 millones de barriles diarios, de los cuales, los miembros de la OPEP se comprometían a recortar 1 millones de barriles diarios, dejando a Rusia y a los otros nueve socios los restantes 0.5 millones de barriles diarios. Después de mucha especulación y tensas negociaciones, Rusia no solamente rechazó la propuesta de la OPEP, sino que además impidió un acuerdo dentro de la OPEP+ para continuar con los recortes de producción. Esta decisión de Moscú prácticamente aniquiló la alianza OPEP+. Ese día, los precios del petróleo bajaron cerca de 10%, con el WTI y el Brent en 41 y 45 dólares por barril.

 

Consecuencias

 

Si eso fue el inicio de las hostilidades en esta guerra de precios, la respuesta saudita fue equivalente a atacar con la artillería pesada. La petrolera estatal Saudi Aramco anunció el domingo 8 de marzo de 2020 que aumentaría su producción de 9.7 millones de barriles diarios a cerca de 11 millones de barriles diarios, además de reducir sus precios entre 6 y 8 dólares por barril dependiendo la región. La lógica de este ataque fue aumentar la producción, causando una baja en los precios internacionales, sabiendo que Saudi Aramco tiene uno de los costos de producción más bajos del mundo. Lo que ocurrió al día siguiente fue un auténtico colapso en los precios del petróleo, los cuales cayeron casi 10 dólares en un solo día. Las acciones de las empresas petroleras cayeron hasta en 25%, prácticamente todas las bolsas financieras sufrieron pérdidas y las monedas de los países productores de petróleo se depreciaron.

 

La estrategia saudita busca reducir los precios al punto en que los productores y el gobierno ruso tengan suficientes pérdidas y presión para regresar a la mesa de negociaciones. Con precios en torno a 30 dólares por barril y una sobreoferta de petróleo en el mercado global, solamente los campos petroleros con costos muy bajos están en condiciones de seguir produciendo. Si bien Arabia Saudita parece tener una ventaja en este frente, en el mediano plazo, esto también afectará el presupuesto del gobierno pues la mayoría de este son ingresos petroleros. Entre las primeras víctimas parecen estar los productores pequeños e independientes del tight oil estadounidense, cuyos costos de producción se estiman mayores a los 40 dólares por barril. Es de esperarse pérdidas millonarias para empresas, cancelaciones en inversiones, quiebra y desempleo, así como una caída en la producción, pero que no se reflejará antes de 2021.

 

Sin embargo, el efecto en otros países petroleros, principalmente exportadores, será aún peor, particularmente para aquellos gobiernos con regímenes fiscales débiles que dependen hasta en 95% de los ingresos petroleros. Países como Irak, Libia, Nigeria y Venezuela, que ya de por sí enfrentan situaciones complicadas, no solamente enfrentarán una fuerte caída en sus industrias petroleras, sino que además los gobiernos tendrán menos presupuesto para satisfacer servicios públicos, como salud, educación o seguridad. Paradójicamente, estos países son miembros de la OPEP, haciendo notar un resquebrajo en el seno de esta organización respecto a la decisión de Arabia Saudita.

 

Por otra parte, los bajos precios petroleros traen algunos efectos positivos, particularmente para los consumidores. Por ejemplo, los derivados del petróleo, como gasolina y diésel, ya están bajando de precio. Esto generalmente estimula que se reduzcan los costos de las industrias y empresas, que haya más actividad en el transporte y más consumo en general. Sin embargo, con la prevalencia de la pandemia del covid-19, esta estimulación está, en el mejor de los casos, acompañada de una alta incertidumbre y, en el peor, anulada por las medidas necesarias para combatir la pandemia.

 

En cuanto a la guerra de precios ruso-saudita, el punto clave será ver qué país podrá aguantar más tiempo con precios incluso por debajo de los 30 dólares por barril. Otro aspecto importante estará en los costos promedios de producción para rusos y sauditas. Aunado a esto, es importante recordar que esta disputa no responde únicamente a intereses racionalmente económicos, sino también geopolíticos y de política interna, tanto para Moscú como para Riad. Por ejemplo, la empresa estatal rusa Rosneft enfrenta sanciones del gobierno estadounidense. Rosneft es comandado por Igor Sechin, un controversial personaje muy cercano a Vladimir Putin, y uno de los principales siloviki. Sechin no favorece la cooperación con Arabia Saudita y ve en los productores estadounidenses de tight oil otro enemigo a vencer. Mientras tanto, en Riad, el príncipe heredero Mohamed bin Salmán sigue dando golpes de su poder y autoridad dentro de la clase gobernante saudita, por lo que mostrarse fuerte hacia al exterior no hace más que beneficiarlo.

 

Por último, es pertinente decir que las siguientes semanas serán de extraordinaria volatilidad e incertidumbre, mientras prevalezca este doble choque de demanda y oferta causado por la pandemia del covid-19 y la guerra de precios ruso-saudita. Del lado de la demanda, la respuesta estará, primero, en el sector salud y en la capacidad de los gobiernos para mitigar los efectos de esta pandemia, luego en la fortaleza de las diferentes economías para recuperarse de estos estragos. En cuanto a la producción, pese a intentos fallidos de mediación, se canceló una reunión técnica de la OPEP+ prevista para el 18 de marzo de 2020. La próxima reunión está planeada para junio, pero es poco probable que Moscú llegue a la cita. Todo parece indicar que la guerra se mantendrá en tanto la presión presupuestaria en Moscú o Raid no sea auténticamente insoportable para sus gobiernos, lo cual no parece estar en el horizonte cercano. Por lo tanto, lo más probable es que estos precios bajos entre de 25 y 40 dólares por barril hayan llegado para quedarse, al menos por el resto de 2020, con todo lo que eso implica.

 

* Diego Rivera Rivota es investigador de Políticas y Mercados Energéticos en el Centro de Investigación de Energía de Asia Pacífico (APERC), con sede en Tokio. Es licenciado en Relaciones Internacionales por el ITAM y maestro en Políticas Públicas con especialidad en Energía por el Instituto de Estudios Políticos de París (Sciences Po). En Twitter @diegorivota.

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