Política
17-03-2020
El mundo después de la pandemia

El politólogo Andrés Malamud ensaya diez reflexiones prematuras sobre las consecuencias que tendrá el brote global de coronavirus sobre la política internacional. Desde el fortalecimiento de China como líder mundial hasta el debilitamiento de los populismos nacionalistas como el de Donald Trump, así como la revlaoración del estado y la salud pública como respuesta a estas grandes crisis.

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Pablo Makovsky | Cruz del Sur


A través de un hilo de Twitter, el politólogo argentino Andrés Malamud (@andresmalamud: recibido en la UBA y doctorado en el Instituto Universitario Europeo, es investigador en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad de Lisboa) adelantó algunas reflexiones sobre las consecuencias de la pandemia de covid-19 en la política internacional, que sostuvo a través de artículos publicados en medios extranjeros por reconocidos especialistas.

 

Estado

 

La primera de las conclusiones es que el paso de la pandemia “fortalecerá al estado-nación en detrimento de las organizaciones no gubernamentales (ONG), las corporaciones multinacionales, el terrorismo transnacional y los mercados globales”.

 

Lo ejemplifica con una cita a un artículo de Stephen M. Walt en ForeignPolicy: “La emergencia actual nos recuerda que los estados son aún los principales actores en la política global. Cada tanto, los expertos y los académicos deslizan que los estados son cada vez menos relevantes en los asuntos mundiales y que otros actores o fuerzas sociales (por ejemplo: organizaciones no gubernamentales, corporaciones multinacionales, el terrorismo internacional, los mercados globales, y así) están socavando la soberanía y empujando al estado hacia el basurero de la historia. Sin embargo, cuando asoman nuevos peligros, los humanos buscamos primero y sobre todo al gobierno nacional para protegernos”.

 

En su artículo, Walt no sólo celebra la capacidad de los estados para proteger a la ciudadanía, sino que destaca su centralidad y no hace diferencias entre regímenes democráticos y otros. Así, aplaude las decisiones tomadas por el gobierno chino, al que considera dictatorial pero firme y efectivo a la hora de tomar medidas para contener la propagación de la enfermedad. En contraposición, recuerda la respuesta desastrosa del gobierno central y local de Estados Unidos a las catástrofes provocadas por los huracanes Katrina y María en Nueva Orleans y Puerto Rico respectivamente.

 

Y cierra con una cita de un artículo de Michelle Goldberg en su columna del New York Times: "La respuesta de Donald Trump al coronavirus combina las peores características de la autocracia y de la democracia, combinando opacidad y propaganda con una ineficiencia sin liderazgo".

 

Globalización

 

La segunda de las reflexiones de Malamud señala que “debilitará a la globalización tal como la conocemos, pero no terminará con ella: la segmentará (‘desacople’)”.

 

Cita entonces un artículo de Nikolas K. Gvosdev en NationalInterest titulado “El veneno de la paz: cómo el coronavirus puede arreglar los problemas de la globalización”.

 

“Son muchos beneficios de la globalización –sostiene Gvosdev en su texto– que los estadounidenses y otros cosecharon en los últimos treinta años. Pero fue el desacoplamiento de la dependencia económica de las relaciones de seguridad lo creó inestabilidad y debe ser repensado”. Y agrega: “La pandemia de coronavirus pone a prueba la tensión de un sistema global que ya estaba comenzando a fracturarse. El virus, Covid-19, está acelerando una serie de procesos desintegradores, que podrían terminar marcando el comienzo del tan esperado mundo posterior a la Guerra Fría”.

 

Tras la caída de la Unión Soviética, la apuesta que guió la política exterior de EEUU fue que establecer una serie de cadenas de suministro globales con fácil acceso al mercado estadounidense crearía comunidades de interés que disminuirían los conflictos y aumentarían el atractivo de adherirse a las reglas del orden internacional liderado por Estados Unidos, mientras que la reducción de las barreras aumentaría la prosperidad para todos. La negociación política tanto para las poblaciones nacionales como para los países de todo el mundo fue que los ‘ganadores’ de la globalización encontrarían formas de compensar a los ‘perdedores’ y el resultado final sería un mundo pacífico e integrado compuesto por una comunidad internacional”.

 

“Este paradigma guió su aplicación más conocida, que era un enfoque estratégico para China diseñado para canalizar su ascenso en la dirección de convertirse en un actor responsable. También se reflejó en una variedad de iniciativas diseñadas para enredar e interconectar personas en todo el mundo. Para reforzar los acuerdos de paz egipcios y jordanos con Israel, por ejemplo, se crearon zonas especiales donde las materias primas y los componentes podrían ser producidos o amplificados y luego enviados a Israel para mejoras de valor agregado. Posteriormente, serían importados a los Estados Unidos como si fueran bienes producidos en el país. Durante dos décadas, Estados Unidos ha esperado que un corredor de energía desde Turkmenistán a través de Afganistán hasta Pakistán e India pueda generar apoyo para la paz. Se suponía que la culminación había sido la Asociación Transpacífica y la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión, que habrían creado dos amplias zonas de libre comercio con los Estados Unidos como piedra angular central.

 

“Pero este futuro ha sido interrumpido por una serie de tendencias. La primera fue la creciente influencia política de los autodenominados ‘perdedores’ de la globalización, como se manifiesta en los movimientos populistas de derecha e izquierda en todas las democracias industriales de Occidente. Las fronteras y el proteccionismo han provocado reapariciones en un mundo supuestamente sin fronteras del siglo XXI a medida que los ciudadanos de los estados soberanos buscan barreras contra la llegada de extraños y de bienes y servicios externos. El segundo es la capacidad de China de reelaborar las reglas del mundo posterior a la Guerra Fría en su beneficio, en lugar de asumir el papel de suplente de Estados Unidos. Al adoptar los beneficios del sistema internacional liderado por Estados Unidos, Pekín no ha desarrollado sus formas nacionales de gobierno o su política exterior en la línea preferida por Washington. Los estadounidenses de hoy se sienten menos seguros y más vulnerables, en parte porque han perdido la fe en la globalización. Algo de eso se debe al colapso narrativo por parte de los líderes políticos de EEUU, sin duda, pero parte de esto también proviene de las vulnerabilidades de la globalización misma”.

 

China

 

En estos momentos, y acaso pasado el brote mundial de coronavirus, ensaya Malamud, la situación “beneficiará a China”. Y arguye: “Ocultar información estuvo mal –el gobierno chino ocultó en un primer momento el brote–, pero la eficiencia demostrada luego y la ayuda internacional a otros países potencian el soft power de Beijing”.

 

Por soft power se entiende el poder de una gran potencia, como es hoy China, que expande su influencia a través de consensos, relaciones comerciales que la benefician pero no arrasan con los recursos y la seguridad de los países con los que interactúa, al menos en teoría.

 

La cita elegida por Malamud es un artículo de BalkanInsight (algo así como “introspección balcánica”) en el que Milica Stojanovic relata el desesperado pedido del presidente serbio Aleksandar Vucic por ayuda china mientras imponía el estado de emergencia en el país.

 

El presidente serbio criticó a la Unión Europea por restringir las exportaciones de equipos médicos y solicitó la ayuda de su “amigo y hermano”, el líder chino Xi Jinping.

 

Estados Unidos

 

Según Malamud, la crisis “perjudicará a Estados Unidos. El unilateralismo y la rapiña de Trump, intentando monopolizar el acceso a la futura vacuna, rompen lazos con sus aliados y le abren las puertas a China”.

 

De acuerdo a un artículo que firma Jan van der Made en el sitio europeo RFI, “el intento de Trump de conseguir los derechos exclusivos de la vacuna contra el coronavirus fue como dipararse a los pies”.

 

Desde el gobierno alemán reaccionaron con ira a los reportes que aseguraban que el presidente estadounidense había ofrecido al laboratorio privado alemán CureVac “grandes sumas de dinero” para hacerse de los derechos exclusivos de la vacuna, a lo que la empresa respondió que esa oferta se encontraba en la actualidad fura de la mesa.  

 

La noticia la disparó el periódico alemán Die Welt am Sonntag reported el 15 de marzo último.

 

Die Welt, citó Fuentes gubernamentales alemanas que señalaban que Daniel Menichella, hasta la semana pasada CEO del laboratorio de investigación CureVac había tenido una reunion en la Casa Blanca a principios de marzo en la que se le ofrecieron “una alta suma, se habla de un billón –mil millones de dólares–“ para obtener la vacuna sólo para los Estados Unidos.

 

Mientras voceros estadounidenses se llamaban a silencio, relata el informe, políticos alemanes e incluso su ministro de Economía, Peter Altmaier, dijeron a la prensa: “Alemania no está en venta”.

 

Desde la empresa CureVac reaccionaron con rapidez y negaron cualquier trato con Washington y en un parte publicado en su sitio advirtieron que la compañía intenta desarrollar una vacuna contra el coronavirus “para proteger a las personas en todo el mundo” y no sólo en los EEUU.

 

Coordinación regional

 

La situación que desnuda la pandemia –sostiene Malamud– “requerirá más coordinación regional mientras, en el corto plazo, la inhibe. La respuesta europea, la región más integrada del mundo, fue un sálvese quien pueda”.

 

Da cuenta de ello un artículo publicado en la BBC en inglés donde se lee: “Alemania se ha convertido en el último país en cerrar fronteras a medida que las naciones europeas intentan detener la propagación del coronavirus.

 

“Sus fronteras con Francia, Austria y Suiza se cerraron el lunes, a excepción del tráfico comercial.

 

“España también cerrará sus fronteras más tarde, mientras que Francia está considerando bloqueos más estrictos.

 

“Mientras tanto, la Comisión Europea ha propuesto una prohibición temporal de los viajes no esenciales a la Unión Europea.

 

“La medida inicialmente duraría 30 días, y los residentes a largo plazo en la UE, los familiares de los ciudadanos y diplomáticos de la UE estarían exentos, así como los trabajadores transfronterizos y de atención médica y las personas que transportan mercancías.

 

“La restricción debe ser aprobada por los 26 estados que conforman el área sin fronteras de Schengen. Se invitaría a participar a miembros que no participaron del pacto de Schengen, incluido el Reino Unido”.

 

Economía

 

El impacto de la pandemia, que mantiene al mundo cerrado “destrozará la economía mundial –señala Malamud–, que sufrirá una brutal recesión. Por supuesto, y como siempre, habrá recuperación después de la crisis, pero antes dunga dunga”.

 

El gráfico que acompaña la entrada del hilo es la curva de crecimiento y desarrollo económico de la Universidad de Groningen donde se mide la influencia de grandes catástrofes como la Primera y Segunda guerra en la economía de los países europeos junto con Estados Unidos, Canadá, Nueva Zelanda y Australia.

 

Medio ambiente

 

Con moderado optimismo, Malamud señala que la peste global que hoy azota al mundo también “beneficiará la sustentabilidad ambiental. Por un rato”.

 

Un texto de Rebecca Wright desde Hong Kong publicado en CNN se refiere a los improbables beneficios del coronavirus, como el planeta Tierra

 

“Las fábricas se cerraron y se vaciaron las calles en toda la provincial china de Hubei cuando las autoridades ordenaron a los residents que permanecieran en sus casas para prevenir el desparramo del virus”, escribe Wright quien, a continuación anota: “Parece que la medida tuvo un resultado impensado: los cielos azules”.

 

Según sus datos, el promedio de “días con aire de buena calidad” creció un 21,5 por ciento en febrero, comparado con el mismo período del mes anterior y de acuerdo al ministerio chino de Ecología y Medio Ambiente.

 

Pero el de Hubei no fue el único caso. Imágenes satalitales dadas a conocer por la by NASA Agencia Espacial Europea (ESA, por sus siglas en ingles) mostraron una dramática reducción en las emisiones de dióxido y nitrógeno –que liberan los vehículos, las plantas de energía y las plantas industriales– en las ciudades más grandes de China entre enero y febrero. La nube visible de gases tóxicos sobre las instalaciones industriales desapareció.

 

Liberalismo y salud pública

 

Como ya comenzaron a expresarlo en varios medios, el paso de este brote global de coronavirus “promoverá –en palabras de Malamud– la desmercantilización de algunos ámbitos de la vida social, como la salud, aunque después de la crisis el mundo vuelva a la ‘normalidad’”.

 

En una artículo publicado en español, en El País de España (hacer clic en el vínculo en negritas), Sami Naïr escribe: “Esta crisis demuestra la necesidad urgente de reorientar la construcción europea, hay que preservar y proteger la existencia de sectores libres de toda mercantilización”.

 

Escribe: “¿Influirá la crisis del coronavirus sobre el modelo de gestión neoliberal de la economía europea, vigente desde hace casi 40 años? Inspirado por el tándem Ronald Reagan-Margaret Thatcher, el presidente socialista François Mitterrand lo justificó, en 1983, como un proyecto provisional, un ‘paréntesis liberal’ para construir el mercado único europeo. Paréntesis que dura hasta hoy, bajo la hegemonía francoalemana apoyada fielmente por los países del Norte y el Reino Unido. Su principal característica, más allá de la libertad de circulación de los bienes, capitales y mercancías, ha sido la privatización progresiva de los servicios públicos y la reducción de los acervos sociales de las clases medias y populares, conquistados desde la Segunda Guerra Mundial”.

 

Y arguye: “Mejor que cualquier crítica ideológica o política ha sido precisamente el caos provocado en Europa por el coronavirus el que está demostrando la inmanente peligrosidad de este proyecto. Para combatir la pandemia, se levantan barreras nacionales, se aísla drásticamente a poblaciones enteras, se desbordan los hospitales cruelmente debilitados estas últimas décadas por la ausencia de inversiones, se agota y sacrifica al personal sanitario. Gobiernos desesperados que toman decisiones desordenadas, el permanente temor de una ciudadanía que espera con incertidumbre su turno, y unas instituciones europeas ‘comunes’ que se muestran impotentes y mudas”.

 

Populismo

 

Andrés Malamud interpreta como populismo lo mismo que el lector letrado europeo, no necesariamente lo que intelectuales argentinos saludan tras las prolíficas lecturas de Ernesto Laclau o María Esperanza Casullo.

 

En esos términos el politólogo señala que la pandemia “erosionará al populismo: líderes fuertes como Trump, AMLO –Andrés Manuel López Obrador, de México– y Bolsonaro pueden ser efectivos para tomar decisiones, pero no para implementarlas. Estado mata galán”.

 

En “La pedante e incompetente administración de Trump enseña el caos, como siempre”, publicado en el Washington Post, el periodista político Max Boot da cuenta de las interminables dificultades que tuvo el gobierno estadounidense para implementar una estrategia eficiente para la crisis. 

 

Ciencia universal

 

Por último, Malamud señala que esta crisis mundial “favorecerá la cooperación científica al demostrar cuánto dependemos de ella. Éste es un buen momento para derrochar oprobio en creacionistas, homeópatas y antivacunas: sus disparates cuestan vidas”.

 

En “El coronavirus: qué aprendieron los científicos hasta ahora”, una nota publicada en el New York Times cuando el virus comenzaba a expandirse en Estados Unidos, las autoras señalan, como ya se señalço en un punto anterior, en este mismo texto, la importancia de la colaboración internacional a nivel científico.


Nota bene: se respetaron todos los hipervínculos hallados en el original

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