Mundo
06-03-2020
Hablen de género, pero no de clase social
El prestigioso periodista estadounidense Chris Hedges analiza las posibilidades de que el mismo partido Demócrata termine impulsando la reelección de Trum para restarle apoyo a Bernie Sanders y examina los discursos en boga entre los partidos mayoritarios para distraer del enorme saqueo económico y democrático en su país.
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Chris Hedges | en TruthDig*


Aristóteles, Nicolás Maquiavelo, Alexis de Tocqueville, Adam Smith y Karl Marx fundamentaron sus filosofías en el entendimiento de que existe un antagonismo natural entre los ricos y el resto de nosotros. Los intereses de los ricos no son nuestros intereses. Las verdades de los ricos no son nuestras verdades. Las vidas de los ricos no son nuestras vidas. La gran riqueza no solo genera desprecio por aquellos que no la tienen, sino que licencia a los oligarcas para pagar ejércitos de abogados, publicistas, políticos, jueces, académicos y periodistas para censurar y controlar el debate público y sofocar la disidencia. El neoliberalismo, la desindustrialización, la destrucción de los sindicatos, la reducción e incluso la eliminación de los impuestos de los ricos y las corporaciones, el libre comercio, la globalización, el estado de vigilancia, la guerra sin fin y la austeridad –las ideologías o herramientas utilizadas por los oligarcas para promover sus propios intereses– se presentan al público como ley natural, como los mecanismos para el progreso social y económico, incluso cuando los oligarcas dinamitan los fundamentos de una democracia liberal y exacerban una crisis climática que amenaza con extinguir la vida humana.

 

Los oligarcas están felices de hablar sobre raza. Están felices de hablar sobre identidad sexual y género. Están felices de hablar sobre patriotismo. Están felices de hablar sobre religión. Están felices de hablar sobre inmigración. Están felices de hablar sobre el aborto. Están felices de hablar sobre el control de armas. Están felices de hablar sobre la degeneración cultural o la libertad cultural. Pero no se alegran de hablar sobre la clase. La raza, el género, la religión, el aborto, la inmigración, el control de armas, la cultura y el patriotismo son cuestiones que se utilizan para dividir al público, para volver al vecino contra el vecino, para avivar odios y antagonismos virulentos. Las guerras culturales dan a los oligarcas –ya sean demócratas o republicanos–, la cobertura para continuar el saqueo. Hay pocas diferencias sustanciales entre los dos partidos políticos que gobiernan los Estados Unidos. Es por eso que oligarcas como Donald Trump y Michael Bloomberg pueden cambiar sin esfuerzo de un partido a otro. Una vez que los oligarcas toman el poder, escribió Aristóteles, una sociedad debe aceptar la tiranía o elegir la revolución.

 

Estados Unidos estaba en la cúspide de la revolución –un hecho que el presidente Franklin Roosevelt reconoció en su correspondencia privada– en medio del colapso del capitalismo en la década de 1930. Roosevelt respondió frenando agresivamente el poder de los oligarcas. El gobierno federal se ocupó del desempleo masivo al crear 12 millones de empleos a través de la Administración de Progreso del Trabajo (WPA por sus siglas en inglés), lo que convirtió al gobierno en el mayor empleador del país. Legalizó los sindicatos, muchos de los cuales habían sido prohibidos, y a través de la Ley Nacional de Relaciones Laborales autorizó la organización. Aprobó regulaciones bancarias, incluidas la Ley de Emergencia Bancaria, la Ley Bancaria y la Ley de Valores, todo en 1933, para evitar otro derrumbe del mercado de acciones. La Administración Federal de Ayuda de Emergencia proporcionó el equivalente en dinero actual de $ 9.88 mil millones para operaciones de socorro en ciudades y estados. El presidente demócrata gravaba fuertemente a los ricos y las corporaciones. (En la década de 1950 la administración republicana de Dwight Eisenhower aún gravaba a los que más ganan con el 91%). La administración de Roosevelt instituyó programas como el Seguro Social y un programa de pensiones públicas. Brindó asistencia financiera a los arrendatarios y a los trabajadores migrantes. Se financió el arte y la cultura. Creó la Autoridad de Vivienda de los Estados Unidos e instituyó la Ley de Normas Laborales Justas de 1938, que estableció el salario mínimo y estableció un límite en las horas de trabajo obligatorias. Esta fuerte intervención del gobierno sacó al país de la Gran Depresión. También hizo que Roosevelt –que fue elegido para un cuarto mandato sin precedentes– y el Partido Demócrata fueran muy populares entre las familias trabajadoras y de clase media. El Partido Demócrata, si resucitara tales políticas, ganaría todas las elecciones de manera aplastante.

 

Pero el New Deal fue la bête noire –la pesadilla– de los oligarcas. Comenzaron a deshacer el New Deal de Roosevelt incluso antes de que estallara la Segunda Guerra Mundial, a fines de 1941. Desmantelaron gradualmente las regulaciones y los programas que no solo habían salvado al capitalismo, sino posiblemente a la democracia misma. Ahora vivimos en un estado oligárquico. Los oligarcas controlan la política, la economía, la cultura, la educación y la prensa. Donald Trump puede ser un narcisista y un estafador, pero ataca a la élite oligárquica en sus largos discursos para deleite de sus multitudes. Él, como Bernie Sanders, habla sobre el tema prohibido: la clase. Pero Trump, aunque es una vergüenza para los oligarcas, no representa, como Sanders, una amenaza genuina para ellos. Trump, como todos los demagogos, incitará a la violencia contra los vulnerables, ampliará las divisiones culturales y sociales y consolidará la tiranía, pero dejará en paz a los ricos. Es a Sanders a quien los oligarcas temen y odian.

 

Las élites del Partido Demócrata utilizarán cualquier mecanismo, sin importar cuán nefasto y antidemocrático resulte, para evitar que Sanders obtenga la nominación. El New York Times entrevistó a 93 de los más de 700 superdelegados, designados por el partido y autorizados a votar en la segunda ronda si ningún candidato recibe los 1.991 delegados necesarios para ganar en la primera ronda. La mayoría de los entrevistados dijeron que tratarían de evitar que Sanders fuera el nominado si no tenía una mayoría de delegados en el primer recuento, incluso si se requería reclutar a alguien que no se postuló en las primarias. Si Sanders no consigue 1.991 delegados antes de la convención, lo que parece probable, parece casi seguro que el partido lo bloqueará para que no se convierta en el candidato demócrata. El daño causado al Partido Demócrata, si esto sucede, será catastrófico. También garantizará que Trump gane un segundo mandato.

 

Como escribí en mi columna del 17 de febrero, “Las nuevas reglas de los juegos”, “el socialismo democrático de Sanders es esencialmente el de un demócrata del New Deal”. Sus puntos de vista políticos serían parte de la corriente principal en Francia o Alemania, donde el socialismo democrático es una parte aceptada del panorama político y los comunistas y socialistas radicales lo desafían rutinariamente como demasiado acomodaticio. Sanders pide el fin de nuestras guerras en el extranjero, una reducción del presupuesto militar, ‘Seguro médico para todos’, abolir la pena de muerte, eliminar las penas mínimas obligatorias y las prisiones privadas, el retorno de la ley Glass-Steagall (que regulaba la especulación financiera), incrementar los impuestos a los ricos, aumentar el salario mínimo a 15 dólares por hora, cancelar la deuda estudiantil, eliminar el Colegio Electoral, prohibir el fracking y dividir los agronegocios. Esto no califica como una agenda revolucionaria”.

 

“Sanders, a diferencia de muchos socialistas más radicales, no propone nacionalizar los bancos y las industrias de armas y combustibles fósiles”, continué. “No pide el enjuiciamiento criminal de las élites financieras que destrozaron la economía global o los políticos y generales que mintieron para lanzar guerras preventivas, definidas por el derecho internacional como guerras agresivas y criminales, que han devastado gran parte de Oriente Medio y arrojaron cientos de miles de muertos y millones de refugiados y personas desplazadas, lo que le costó a la nación entre 5 y 7 mil millones de dólares. No pide que las fábricas y empresas pasen a ser propiedad de los trabajadores. No promete detener la vigilancia general ciudadana por parte del gobierno. No tiene la intención de castigar a las corporaciones que han trasladado sus fábricas al extranjero. Lo que él cree más importante, a diferencia mía, es que el sistema político, incluido el Partido Demócrata, puede ser reformado desde adentro. No apoya la desobediencia civil masiva y sostenida para derribar el sistema, la única esperanza que tenemos de detener la emergencia climática que amenaza con condenar a la raza humana. En el espectro político, Sanders es, en el mejor de los casos, un moderado ilustrado”.

 

Los líderes del Partido Demócrata son muy conscientes de que en una democracia en funcionamiento, una en la que los ricos no compran elecciones y envían lobbistas a Washington y a las capitales de los estados para redactar leyes y legislación, una en la que se entienden los peligros de un gobierno oligárquico y forma parte del debate nacional, se quedarían sin trabajo.

 

Los demócratas, como los republicanos, sirven a los intereses de la industria farmacéutica y de seguros. Los demócratas, como los republicanos, sirven a los intereses de los contratistas de defensa. Los demócratas, como los republicanos, sirven a los intereses de la industria de los combustibles fósiles. Los demócratas, junto con los republicanos, autorizaron 738 mil millones de dólares para nuestros abultados gastos militares en el año fiscal 2020. Los demócratas, como los republicanos, no se oponen a las guerras interminables en el Medio Oriente. Los demócratas, como los republicanos, nos quitaron nuestras libertades civiles, incluido el derecho a la privacidad, la libertad de la vigilancia gubernamental general y el debido proceso. Los demócratas, como los republicanos, legalizaron la financiación ilimitada de los ricos y las corporaciones para transformar nuestro proceso electoral en un sistema de soborno legalizado. Los demócratas, como los republicanos, militarizaron nuestra policía y construyeron un sistema de encarcelamiento masivo que tiene el 25% de los prisioneros del mundo, aunque Estados Unidos tenga solo el 5% de la población mundial. Los demócratas, como los republicanos, son la cara política de la oligarquía.

 

Los líderes del Partido Demócrata –los Clinton, Nancy Pelosi, Chuck Schumer, Tom Pérez– preferirían implosionar al partido y al estado democrático antes que renunciar a sus posiciones de privilegio. El Partido Demócrata no es un baluarte contra el despotismo. Es el garante del despotismo. Es un socio completo en el proyecto de clase. Sus mentiras, el engaño, la traición de los hombres y mujeres trabajadores y el empoderamiento del saqueo corporativo hicieron posible un demagogo como Trump. Cualquier amenaza para el proyecto de clase, incluso la tibia oferta de Sanders como candidato del partido, hará que las élites demócratas se unan con los republicanos para mantener a Trump en el poder.

 

¿Qué haremos si los oligarcas del Partido Demócrata vuelven a robarle la nominación a Sanders? ¿Abandonaremos por fin un sistema que siempre jugó contra nosotros? ¿Torceremos al estado oligárquico para construir instituciones paralelas y populares que nos protejan y enfrenten el poder contra el poder? ¿Organizaremos sindicatos, terceros partidos y movimientos militantes que hablen en el lenguaje de la lucha de clases? ¿Formaremos organizaciones de desarrollo comunitario que proporcionen monedas locales, bancos públicos y cooperativas alimentarias? ¿Llevaremos a cabo huelgas y una desobediencia civil sostenida para arrebatar el poder de los oligarcas de modo de salvarnos y salvar nuestro planeta?

 

En 2016 no creía que las élites demócratas permitirían que Sanders fuera el nominado y temía, correctamente, que lo usarían después de la convención para llevar a sus seguidores a las mesas de votación de Hillary Clinton. No creo que este ánimo contra Sanders haya cambiado en 2020. El robo esta vez puede ser más evidente y, por esta razón, más revelador de las fuerzas involucradas. Si todo esto se desarrolla como esperaba y si la izquierda continúa poniendo su fe y su energía en el Partido Demócrata, ya no sólo serán ingenuos sino cómplices de su propia esclavitud. Ningún movimiento político exitoso se construirá dentro del abrazo del Partido Demócrata, ni ese movimiento se construirá en un ciclo electoral. La lucha para terminar con el gobierno oligárquico será dura y amarga. Tomará tiempo. Requerirá auto-sacrificio, incluyendo protestas sostenidas e ir a la cárcel. Estará arraigado en la guerra de clases. Los oligarcas no se detendrán ante nada para aplastarlo. La revuelta abierta y no violenta contra el estado oligárquico es nuestra única esperanza. El gobierno oligárquico debe ser destruido. Si fallamos, nuestra democracia, y finalmente nuestra especie, se extinguirán.

Nota Bene: Se respetaron todos los enlaces del original en inglés.

* Traducción y edición de Pablo Makovsky

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Miércoles 02 de Diciembre de 2020
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