Mundo
03-01-2020
¿Quién parará la Guerra de Trump contra Irán?
El asesinato del líder militar iraní Qassem Suleimani puede desencadenar una espiral de conflictos fuera de control. El Congreso abandonó su tarea de limitar al presidente estadounidense, quien lanzó el ataque cuando debe enfrentar en su país un juicio político. Un reporte de “The Nation”.
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Jeet Heer* | The Nation

 

 

El viernes por la mañana las fuerzas militares estadounidenses, bajo la orden de Donald Trump, lanzaron un ataque aéreo en Bagdad y asesinaron al general Qassem Suleimani, un comandante del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria de Irán que durante mucho tiempo ha sido una espina en las costillas para las fuerzas estadounidenses en el Medio Oriente. El asesinato de Suleimani, una figura popular en Irán, se ha descrito como la gran escalada en las hostilidades entre los Estados Unidos y la República Islámica. Pero eso es un eufemismo. Como Andrew Exum, ex subsecretario adjunto de defensa para la política de Medio Oriente, escribió en The Atlantic, “Esto no significa guerra, no conducirá a la guerra, y no se arriesga a la guerra”. Nada de eso. Es la guerra”. No está claro cómo Irán tomará represalias, pero una intensificación de las hostilidades es casi una certeza.

 

Si Exum tiene razón y Estados Unidos ya está en una guerra de facto con Irán, este es un conflicto extraño. Esta es una guerra que se libra no por recursos naturales o ideología, sino motivada por pequeñas quejas y un Trump azuzado por su ego herido.

 

La sincronización del asesinato, que llega justo cuando se produce el juicio político para remover al presidente, ha suscitado sospechas de que Trump está tratando de provocar conflictos para distraer la atención de sus problemas políticos. Es lo suficientemente plausible que el “impeachment” haya jugado sus fichas para disparar las acciones de Trump, pero su conflicto con Irán se remonta aún más atrás. La fecha clave es 2017 y la decisión de retirarse del acuerdo nuclear con Irán. Desde esa jugada, la administración Trump ha seguido una política punitiva de “máxima presión” sobre Irán que desencadenó inexorablemente un ciclo de represalias de ojo por ojo. A medida que Estados Unidos aumentó la presión sobre Irán con sanciones y bombardeos, la República Islámica respondió con ataques contra aliados y personal estadounidenses.

 

En sus artículos en The Atlantic, Peter Beinart notó con precisión que Trump ha mostrado actitudes contradictorias hacia Irán, con golpes de pecho gigantescos atemperados por el deseo de evitar otra guerra en Medio Oriente a gran escala. Si bien Trump tiene halcones a su alrededor que parecen ansiosos por un conflicto armado con Irán, el propio Trump ha dudado en apretar el gatillo. Como señala Beinart, “con cada escalada, la situación de Trump empeora. Sus confidentes insisten en que no puede permitirse una guerra, lo que probablemente aumentaría los precios del petróleo y dañaría la economía, especialmente en un año electoral. Sin embargo, tampoco puede perseguir una diplomacia real, al menos sin que la élite de política exterior agresiva del Partido Republicano provoque una confrontación. Está atrapado entre su deseo de evitar ser como George W. Bush y su deseo de evitar ser como Barack Obama”.

 

Incapaz de resolver la contradicción entre sus instintos para evitar una guerra y su necesidad de presentarse como un tipo duro ante sus seguidores republicanos, Trump se ha conformado con convertir la política hacia Irán en una venganza personal. Esto se mostró por entero en la discusión en Twitter que Trump tuvo con el líder supremo iraní, el ayatolá Ali Khamenei. En respuesta a un tuit anterior de Trump que amenazaba a Irán, Khamenei tuiteó el miércoles: “Si la República Islámica decide desafiar y luchar, lo hará de manera inequívoca. No buscamos guerras, pero defendemos firmemente los intereses, la dignidad y la gloria de la nación iraní. Si alguien amenaza eso, los confrontaremos y atacaremos sin dudarlo”.

 

Trump parece no tener un plan: simplemente reacciona a los eventos del modo que convenga. Wendy Sherman, una ex embajadora que negoció con Irán sobre armas nucleares, dijo en MSNBC el jueves por la noche: “Rezo con todo mi corazón para que la administración Trump tenga un plan y una estrategia, pero todo lo que he visto hasta la fecha son acciones aisladas y estas acciones aisladas pueden tener consecuencias increíblemente horribles”. Esta falta de planificación es una consecuencia natural de la incapacidad de la Casa Blanca de Trump de contratar y retener expertos. Como señala Ben Denison, del Centro de Estudios Estratégicos de la Universidad de Tuft: “Lamentablemente, la depuración de la experiencia iraní en el Departamento de Estado, el Departamento de Defensa y el NSC hace que sea aún más probable que no tengamos una comprensión de la dinámica iraní para entender lo que vendrá a continuación.”

 

Más allá de la incompetencia y el desorden de personal de la administración Trump, el problema más grande es que el Congreso no ha tomado medidas efectivas para frenar la política exterior de Trump. Un presidente no debería poder lanzar un ataque que sea un acto de guerra sin autorización del Congreso. Además de una breve discusión con Lindsey Graham en Mar-a-Lago, parece que Trump no notificó a nadie en el Congreso antes del momento del ataque.

 

Respondiendo a las noticias, el senador de Connecticut, Chris Murphy, tuiteó: “Tal como sugieren los reportes, la pregunta es esta: ¿acaso Estados Unidos asesinó, sin ninguna autorización del Congreso, a la segunda persona más poderosa en Irán, a sabiendas que desencadenaría una potencial guerra regional masiva?”

 

Los motivos mezquinos y la política incoherente de Trump han sido habilitados por un Congreso que durante mucho tiempo fue abandonado en su deber de supervisar la política exterior. Esta abdicación de la responsabilidad es muy típica de la política estadounidense desde los ataques terroristas del 11 de septiembre, tanto bajo presidentes demócratas como republicanos.

 

Existe preocupación por el giro hacia la guerra incluso entre los republicanos, al menos en privado. Según el reportero del Washington Post Robert Costa: “Algunas de mis mejores fuentes esta noche me dicen que hay muy poco o ningún apetito dentro del Partido Republicano por atacar a Irán en el mismo Irán, pero habrá apoyo para tomar medidas que protejan la embajada en Bagdad mientras la inteligencia sea sólida. Hay énfasis en asegurar el complejo, estabilidad. Hay inquietud por POTUS (Trump)”. Pero estos republicanos sólo le hablan a Costa off-the-record.

 

La pregunta es si el Congreso puede encontrar la voluntad de frenar la política de Trump sobre Irán, que ha creado un estado de guerra de facto que puede convertirse fácilmente en un desastre a gran escala. Quizás una posible bendición de la presidencia de Trump es que es tan imprudente que podría obligar incluso a un imprudente Congreso a cumplir con su deber.

 

Nota bene: Se respetaron todos los enlaces del original en inglés.


* Traducción: Pablo Makovsky, Cruz del Sur. El artículo original en inglés acá.

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Lunes 27 de Enero de 2020
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