Cultura
11-12-2019
La corrupción imperial

Cada vez que un presidente de EEUU enfrentó un juicio político –como lo hace ahora Donald Trump– se estrenó una película protagonizada por Robert De Niro. Esta vez, “The Irishman” también refleja las profundas relaciones entre la mafia y la política estadounidense, desde la jerga hasta los métodos para combatir cualquier obstáculo.

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Jeet Heer | The Nation*

 

Por una misteriosa e inmutable ley de la política estadounidense moderna, cada crisis de juicio político llega acompañada del lanzamiento de una película clásica de gángsters protagonizada por Robert De Niro. “El Padrino” (1972) abrió el año del escándalo de Watergate. De Niro apareció en la secuela, “The Godfather II” (1974), coincidiendo con la renuncia de Nixon. Bill Clinton comenzó su desafortunada relación con Monica Lewinsky en 1995, que vio el lanzamiento de “Casino”, de Martin Scorsese, una historia de amor y traición entre matones en Las Vegas con De Niro nuevamente en el protagónico. Ahora, mientras la acusación contra Donald Trump domina los titulares, Scorsese y De Niro se reunieron para “The Irishman”, una elegíaca revisión del género repleta de los ecos de precursores como las películas del “Padrino” y “Goodfellas” (1990).

 

La superposición cronológica puede explicarse fácilmente como mera coincidencia. En las últimas cinco décadas, las películas de gángsters y las destituciones han sido lo suficientemente comunes. Pero hay una afinidad cultural más profunda que conecta este género con la corrupción política.

 

La trilogía de la mafia de Francis Ford Coppola y las películas de Scorsese en el mismo género han sido críticas tanto de la sociedad estadounidense como de las historias de crímenes. Las figuras políticas se han dado cuenta, pero, como algunos en la sala, a menudo han extraído las lecciones equivocadas, pensando que estas son películas que celebran la delincuencia. En 2017, mientras se preparaba para combatir al abogado especial Robert Mueller, el personal de Trump comenzó a hablar sobre la necesidad de “ir a los colchones”, una línea del Padrino que significa pelear una guerra total (N.delT.: una explicación sobre el significado de la frase puede leerse en el Diccionario Urbano**).

 

Durante el juicio de Roger Stone, un antiguo confidente de Trump declarado culpable de mentirle al Congreso y otros delitos, se reveló que Stone le dijo a un socio que “hiciera un Frank Pentangeli”, una referencia a un personaje de “El Padrino II” que se resistió a responder preguntas en una audiencia en el Congreso fingiendo estar atontado y confundido.

 

“El Irlandés” está en sintonía con el lenguaje del crimen, de una manera que ayuda a iluminar los delitos condenables de Trump (N.delT.: “impeachable offenses” también alude a delitos impecables). Los gángsters en “The Irishman” hablan en el idiolecto especial de aquellos que quieren hacer algo malo pero saben que están siendo monitoreados. Entonces transmiten su significado con circunlocución, con una vaguedad estudiada, el eufemismo, las indirectas y la entonación dirigida. Ser un asesino a sueldo se convierte en “pintar casas”. Para ordenar que maten a alguien, le pides a tu secuaz que “le dé un boleto, digamos, a Australia”. O, más a menudo, los delitos se denominan “favores”.

 

Este es el tipo exacto de lenguaje que Trump y sus compinches usan en su campaña de presión para obligar a Ucrania a inventar un escándalo sobre Joe Biden. Este fue el lenguaje de la notoria conversación telefónica de Trump del 25 de julio con el presidente ucraniano Volodymyr Zelensky. Después de que Zelensky solicitara más ayuda militar, Trump respondió diciendo: “Sin embargo, me gustaría que nos hicieras un favor”.

 

El hecho de que el presidente ahora hable como un gángster es una reivindicación de un género de películas que durante muchas décadas han retratado el crimen como algo íntimamente entretejido en la trama de la vida estadounidense. “El Irlandés” se basa en el libro de Charles Brandt “I Heard You Paint Houses” (“Escuché que pintás casas”, 2004), que ofrecía las confesiones de Frank Sheeran al final de su vida, un mafioso de Filadelfia miembro del sindicato de Camioneros que afirmó haber participado en muchos crímenes famosos de la mafia, incluido el asesinato de su jefe, Jimmy Hoffa, quien desapareció en 1975.

 

Las confesiones de Sheeran han sido muy discutidas y casi seguramente están llenas de mentiras. Si bien era indudablemente un matón mediocre, también tenía una inclinación por los cuentos y por ponerse en el centro de las historias que le sucedieron a otras personas. A los efectos de la película de Scorsese, estas prevaricaciones son útiles.

 

Scorsese no está interesado en hacer una historia literal, sino en unir la tradición existente de la mafia en un contra-mito cohesivo para desafiar el mito excepcionalista estadounidense de la bondad inherente del país. El Frank Sheeran de “The Irishman”, interpretado con una impecable restricción inarticulada por De Niro, es una ficción conveniente, una figura como Forrest Gump, que siempre está en el lugar correcto para ilustrar el arco de la vida estadounidense desde la Segunda Guerra Mundial hasta principios del siglo XXI.

 

Mitos 

 

El mito de la mafia de Scorsese señala cómo los crímenes del submundo se han vinculado integralmente con los crímenes del imperio estadounidense. Frank Sheeran, en la película, se convirtió en un asesino como soldado en la Segunda Guerra Mundial.

 

Esta no es la pura “buena guerra” tan a menudo ensalzada en la cultura popular, sino un asunto brutal en el que Sheeran cometió crímenes de guerra, incluido el asesinato de soldados enemigos apresados. Después de la guerra, Sheeran trabaja como camionero pero encuentra el modo de ascender socialmente como matón al servicio del mafioso de Filadelfia Russell Bufalino (Joe Pesci, que combina brillantemente los modales fríos y discretos con los ojos de un asesino) y la cabeza de Camioneros, Jimmy Hoffa (Al Pacino, cuya extravagancia lo distingue de la reticencia de casi todos los demás en la película).

 

En su primera conversación con Sheeran, Hoffa recluta al conductor para sus batallas laborales y le pregunta: “¿Quieres ser parte de esta pelea? ¿Te gustaría ser parte de esta historia?” Es precisamente la historia lo que está en juego en “The Irishman”. La película destaca una amplia franja de la historia de la posguerra: las investigaciones de la década de 1950 sobre el crimen organizado, la guerra de Robert Kennedy con Hoffa, el uso de la mafia por parte de la CIA en los intentos de derrocar a Fidel Castro en Cuba, el asesinato de John F. Kennedy, Watergate y la desaparición de Hoffa. En repetidas ocasiones, la película muestra que la corrupción es endémica del sistema y está arraigada en última instancia en una élite, compuesta por ciudadanos respetables y delincuentes que son adictos al imperio.

 

Francis Ford Coppola originalmente quería entregar el trabajo de dirigir “The Godfather II” a Scorsese. En muchos sentidos, The Irishman es la secuela del Padrino que Scorsese nunca llegó a hacer. Scorsese ocasionalmente incluso alude musicalmente a la frase de violín de la banda sonora de “El Padrino”.

 

Contrarrevolución mafiosa

 

Una característica común a destacar es que tanto en “El padrino II” como en “El irlandés”, la revolución cubana es una frustración para los gángsters que ayuda a aclarar la naturaleza fundamentalmente contrarrevolucionaria de la mafia. En un ensayo de 1979, el crítico Fredric Jameson observó que “The Godfather II” rastreó la fusión de la mafia con el capitalismo corporativo, y observó: “El momento culminante de este desarrollo histórico se alcanza (en la película, pero también en la historia real) cuando los negocios estadounidenses, y con ellos el imperialismo estadounidense, encuentran ese obstáculo supremo y definitivo para su dinamismo interno y su expansión estructuralmente necesaria que es la Revolución Cubana”.

 

La violencia contrarrevolucionaria es un hilo conductor de las películas de “El Padrino”. En “El Padrino”, Don Barzini dice que está feliz de pagarle a Don Corleone por sus servicios porque, “después de todo, no somos comunistas”. Cuando el joven Michael Corleone está en Sicilia en 1947, ve una marcha de mayo de los comunistas italianos en camino hacia Portella della Ginestra. Esto es una alusión a un incidente de la vida real en el que los comunistas fueron masacrados allí por la mafia. (Esta escena fue cortada en la versión estrenada en cine de la película, pero luego se incluyó en una versión extendida de TV). Una década después, Corleone está impresionado por el heroísmo de los radicales cubanos, cuya revolución pone fin a la dominación de la mafia.

 

En “The Irishman”, Bufalino está ansioso por ayudar al gobierno estadounidense a “deshacerse de ese jodido pinche de Castro”. Cuando Hoffa intenta recuperar el control de los Camioneros, un ladrón se queja: “Quiero decir, ¿quién cree que es? ¿Castro?” La sola mención del revolucionario cubano rompe la calma sobrenatural de Bufalino, haciendo que su rostro se nuble.

 

En las películas de “El padrino” y en “El irlandés”, la mafia no solo es criminal sino también contrarrevolucionaria, a menudo en alianza con fuerzas políticas reaccionarias. Esto va mucho más allá de Cuba. En la década de 1950, Sheeran le hace un favor a Hoffa al romper un sindicato de taxis que tiene miembros lesbianas. El intento del gángster Joe Gallo de trabajar con delincuentes negros revuelve a los otros mafiosos. Al banquete en honor a Sheeran asiste Frank Rizzo, un alcalde de Filadelfia cuyo racismo y populismo de derecha anticiparon el de Donald Trump.

 

Tal vez para asegurarse de que no haya Roger Stones en la audiencia que tome a sus personajes como figuras a emular, Scorsese critica a los irlandeses el terrible precio de esta forma de vida corrupta. El famoso compromiso de la mafia con los valores familiares se muestra vacío. Las hijas de Sheeran lo odian y temen porque viven a la sombra de su violencia.

 

“The Irishman” ha sido criticada por dar solo un puñado de líneas a la más furiosa de las hijas del gángster, Peggy Sheeran (espléndidamente interpretada por Anna Paquin con su rabia apagada). Pero esta es una elección muy deliberada.

 

Hay un espectro de expresividad vocal en la película. Por un lado, está Hoffa, un orador público y un hablador desencajado en lo privado que deja que estallen sus sentimientos. Sobre Hoffa, Bufalino dice: “Le gusta hablar por hablar, ¿no?” De hecho, es precisamente porque Hoffa es demasiado bullicioso que tiene que ser silenciado (un destino también compartido por Gallo, cuya fanfarronería era demasiado pública). En el extremo medio del espectro están los tipos regulares de la mafia como Bufalino y Sheeran. Hablan en voz baja, elípticamente pero con intención. Dos de los gángsters son incluso apodados “Susurros” (“Whispers”). Y en el otro extremo del espectro están las mujeres, que viven en un silencio casi monástico.

 

Los dos extremos del espectro se reflejan entre sí: las charlas son silenciadas por el asesinato; las mujeres experimentan una muerte en vida por un forzado silencio. El Irlandés es una película poderosa, una historia desgarradora de la condenación personal de un hombre, pero también una acusación radical de cómo la corrupción infesta a todos los niveles de la sociedad.

 


* Traducción Pablo Makovsky

 

** En el Urban Dictionary leemos (Bit.ly/2riRzrr) sobre “Ir a los colchones” (“Go to the mattresses”): «Prepararse para una batalla o adoptar una postura bélica.

«En tiempos de guerra o asedio, las familias italianas abandonarían sus hogares y alquilarían apartamentos en zonas más seguras. Para protegerse, contratarían soldados para dormir en el piso por turnos.

«El significado de la frase gira en torno a la asociación en la memoria popular italiana de colchones con seguridad en tiempos de guerra. La frase no era muy conocida fuera de los Estados Unidos e Italia antes de las películas de El Padrino. Fue utilizado allí, y más tarde en la serie de televisión The Sopranos, con el significado “prepararse para la batalla”.»

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Miércoles 30 de Septiembre de 2020
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