Política
27-11-2019
“A la derecha no le conviene debatir sobre el campo”

El dirigente agrario Pedro Peretti sostiene que el próximo gobierno debería aplicar una política para “desbloquear” a los pequeños y medianos productores y diferenciarlos de los más poderosos. “Hay un sector que está amenazando y que es claramente destituyente”, dice. Y aunque estima que por el momento es minoritario, obliga a la nueva administración a cuidar hasta el léxico para anunciar medidas. En esta entrevista explica por qué entiende que el progresismo cedió terreno en la discusión de fondo sobre el campo.

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 Sebastián Stampella | Cruz del Sur


Desde que pegó el portazo en la conducción de Federación Agraria Argentina (FAA) por oponerse a al viraje neoliberal que adoptó la entidad tras el conflicto por la resolución 125, Pedro Peretti se convirtió en uno de los pocos referentes del sector decididos a poner en discusión al campo argentino; a sacarlo de la zona de confort en la que se encuentra desde principios del siglo XX y a asumirlo como eje de un debate que es, ante todo, ideológico.

 

Oriundo de Máximo Paz, donde sigue trabajando como chacarero, Peretti tiene en sus espaldas un largo recorrido en entidades que nuclean a pequeños y medianos productores. Autor de libros como Chacareros, Soja y Gobernabilidad (2013), El asesinato del Capitán Laurent (2016), ¿Quién mató a Francisco Netri? (2017) y –en coautoría con Mempo Giardinelli– La Argentina agropecuaria (2019), la semana pasada presentó en la facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Buenos Aires Lawfare, el libro que escribió junto a Rafael Bielsa y que intenta exponer cómo operó y cómo sigue funcionando en nuestro país y en la región el ataque judicial y mediático contra líderes o gobiernos populares en base al hostigamiento, la difamación y la instalación de la posverdad.

 

“Para que actúe el lawfare es necesario que se falsifique la historia. Por eso quisimos poner en contexto histórico el origen de este fenómeno para analizar y comprender su poder en el presente”, explica Peretti, y señala el asesinato del abogado y líder del Grito de Alcorta Francisco Netri  en 1873 como un antecedente de esa estrategia por parte de la oligarquía terrateniente.

 

“Mi aporte en el libro viene del estudio y el análisis que vengo realizando desde hace bastante tiempo sobre el tema de la historia agraria de este país, fundamentalmente del Grito de Alcorta. En conversaciones con Rafael fuimos intercambiando información, recopliando datos, y así fuimos armamos el libro entre los dos. Mis lecturas sobre la necesidad de que el país tenga una historia medianamente crítica de lo que pasó en el campo argentino en el siglo XX porque en mucho de eso está la clave de lo que nos está pasando hoy”, dice en esta entrevista con Cruz del Sur.

 

—¿Qué tan postergado creés que está un verdadero debate político sobre el campo en la Argentina en términos de concentración de tierras, por ejemplo? Pareciera que la única discusión habilitada es sobre cuestiones netamente económicas vinculadas a las cargas impositivas o, a lo sumo, ambientales.

 

—El campo nunca fue tomado por las agendas progresistas. Una parte puede ser por desidia, pero también es por un gran disciplinamiento por parte de los medios hegemónicos que siempre operó. A toda persona que intente cuestionar al campo, al latifundio, le saltan a la yugular. Un ejemplo de esto es lo que le pasó hace poco a (el dirigente social) Juan Grabois cuando deslizó la idea de una reforma agraria. Esto es histórico en este país. El lawfare se activa en forma automática cuando se cuestiona al poder del campo. Tenía una tremenda campaña difamatoria y acusatoria en contra y los llevaba a desistir de las luchas. Por eso decimos que el gran triunfo de la oligarquía terrateniente argentina es que no se discuta ni el problema agropecuario ni la cuestión del latifundio. Son cuestiones que el campo nacional y popular fue dejando relegado y que debemos retomar. El campo nunca es parte de las tribulaciones electorales de los partidos políticos de Argentina. La derecha no lo discute porque no le conviene, porque está muy cómoda con esta situación, y la izquierda porque cae en la trampa que le tendieron los grandes medios hegemónicos, de que de eso no hay que hablar y que se si se lo hace se lo disciplinaba. Entonces, lo único que se discute es lo impositivo o cuestiones técnicas como la siembra directa, los agroquímicos, pero sin ir nunca a lo profundo. Por otra parte hay una gran deuda de la universidad, porque viene formando un tipo de profesionales al servicio del modelo de agriculturización permanente de la pampa húmeda y de concentración de tierras. Ese modelo de negocios ha cooptado a la universidad y lo que produce son profesionales útiles a ese sistema y sin ningún tipo de compromiso con la soberanía y la seguridad alimentaria del país. Ahí hay un punto a trabajar desde la universidad pública. 

 

—Teniendo en cuenta lo que está pasando en Bolivia y en varios países de la región, ¿te parece descabellado pensar que un hipotético conflicto del gobierno de Alberto Fernández con el campo puede abonar el terreno para una contraofensiva de los sectores más reaccionarios?   

 

—Hay un sector que está amenazando y que es claramente destituyente. Pero creo que es un sector muy minoritario dentro del campo argentino, muy concentrado, muy vinculado con la producción de soja, con una forma de hacer agricultura que tiene poco que ver con el tradicional productor agropecuario de la pampa húmeda argentina que representó la Federación Agraria Argentina. Ese es un sector que tiene componentes racistas, y yo espero que sea verdaderamente minoritario como intuyo. Sería una tragedia para el país si esos sectores logran nuclear tras de sí a la mayoría de los productores y de la población. Aquí está lo importante de que el campo nacional y popular haga una autocrítica por haber regalado todo el territorio, por no haber participado del debate ideológico de la agricultura argentina. Por eso creo que es urgente darlo. El conflicto por la 125 la voz mandante en el principio era la Federación Agraria, que le daba legitimidad, credibilidad y ponía en discurso al reclamo de pequeño chacarero. Después se sumaron amplias capas de sectores y tuvo la masividad que tuvo. Y después ese sector fue cooptado por la derecha liberal agraria argentina. Eso, más la traición de los dirigentes de Federación Agraria, que en vez de defender las posiciones históricas de la entidad se pasaron de bando, hizo que esos sellos quedaran en manos de la derecha. Pero después del 2008 no pudieron movilizar nunca más nada en forma importante.

 

—¿Pensás que este contexto regional condicionará mucho al próximo gobierno al momento de implementar y hasta de comunicar algunas medidas para el campo?

 

—Cautela va a tener que tener sin dudas. Y creo que va a ser necesaria una política para desbloquear a los pequeños y medianos productores de ese sector. Por eso hay que segmentar retenciones, hay que diferenciar y no tratar a todos los productores por igual. Es momento de que, muchas de estas cosas que veníamos advirtiendo, ahora se ejecuten en forma correcta y con inteligencia para no generar rispideces que puedan ser perjudiciales. Yo creo que en eso el gobierno no va a fallar y va a hacer un buen trabajo en ese sentido. Sí hay que ser cuidadosos con el léxico, porque se pueden detonar polémicas que dividen y muchas veces distorsionan. Hay que usar otro lenguaje. Pero sin dudas que hay que, entre otras cosas, hay discutir el tema del suelo en la Argentina.

 

—La multinacional Syngenta primereó en la agenda contra el hambre y propuso destinar el 1 por ciento de la producción a esa causa. ¿Qué lectura hacés de ese tipo de actitudes?

 

—Yo creo que ante la problemática del hambre todos pueden aportar y bienvenido sea. En principio, la Mesa contra el Hambre es una buena decisión política la de Alberto Fernández porque el hambre es urgente, no espera, y me pareció atinado que lo ponga en el número uno de la agenda. Es inconcebible que los argentinos estemos padeciendo esta situación por no tener plata para comprar alimentos. Me pareció oportuno y el campo tiene mucho por hacer ahí. Puede proveer tanto desde el punto de vista tanto de los alimentos como de la logística como de la logística para que los compatriotas la pasen mejor. Pero la mejor colaboración que puede hacer Syngenta y todas esas grandes trasnacionales es dejar de acopiar directamente en el interior, dejar de promover la agriculturización permanente de la pampa húmeda, el uso indiscriminado de agroquímicos y ese tipo de cosas y permitan que en la Argentina vuelva la chacra mixta y que no se concentren tanto la tierra y la renta. Eso sería una contribución mucho más importante que el 1 por ciento que proponen, que no es nada.

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