Mundo
27-11-2019
Un fantasma recorre el mundo
¿Qué es lo que une las protestas mundiales, de Chile a Irán, de Hong Kong a Cataluña? El más renombrado de los economistas de la desigualdad las analiza y observa la falta de definición ideológica y política.
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Branko Milanovic*

“Un fantasma recorre el mundo. ¿El fantasma de qué?”. Mientras Marx y otros pensadores y analistas sabían más o menos con exactitud en 1848 lo que recorría Europa, en nuestras revoluciones de 2019 no tenemos idea. Algunas personas como Yascha Mounk y Thomas Friedman, los veteranos de los sueños de la década de 1990, esperan ver allí las revoluciones nacionalistas (que entonces les parecían democráticas) que derribaron el comunismo. Pero tan heterogéneas son las revueltas de hoy como los regímenes que enfrentan, así que no está claro qué podrían estar derribando. Otros ven la primavera árabe –aunque con suerte con un mejor resultado final–, que levanta de nuevo la cabeza.

Las nuevas revueltas mundiales tienen poco en común con cualquiera de las fechas anteriores, ya sea 1848 o 1968, con las que intentamos exprimirlas ingeniosamente. Son la primera revolución de la era de la globalización. Dado que las revueltas se extienden en un espacio tan amplio y afectan a diferentes países y continentes, no pueden tener, a diferencia de las revoluciones más limitadas geográficamente de 1968, mucho en común entre sí. En primer lugar, creo que comparten la capacidad de organizarse a través de las redes sociales y, en segundo lugar, sus demandas políticas tal vez pueden resumirse como la aversión a los políticos que los gobiernan: desean ser escuchados e incluidos en el proceso político.

Las revueltas por la exclusión unen a los chalecos amarillos (en Francia) y a los manifestantes argelinos. La revuelta contra la corrupción de las élites políticas une a los manifestantes libaneses y colombianos. La revuelta contra los precios más altos, promulgada con desprecio por los pobres, une a los manifestantes iraníes y chilenos. El deseo de independencia une las manifestaciones catalanas y de Hong Kong. El odio a los regímenes que disparan contra los manifestantes une los movimientos de masas bolivianos y venezolanos.

Los intentos de encontrar una coincidencia ideológica entre estas revueltas muestran claramente sus límites. Yascha Mounk ve en el régimen boliviano el derrocamiento de un deseo de democracia. Pero en realidad fue un golpe militar a la antigua, muy probablemente preparado con meses de anticipación, lo que llevó al poder a una élite oligárquica racista. Entonces la izquierda, privada de sus derechos tendrá que comenzar de nuevo ahora su lucha por la democracia. Pero en Venezuela y Nicaragua, es todo lo contrario: la derecha está tratando de derrocar a los ex revolucionarios de izquierda que han decidido que nunca abandonarán el poder y asfixiar a todos los demás.

Ilusión democrática

Los manifestantes en Hong Kong son llamados “democráticos” por los principales medios de comunicación. Pero son en realidad separatistas que usan la democracia como un eslogan más conveniente porque las demandas de democracia, que probablemente no se extiendan al resto de China, solo pueden realizarse en un Hong Kong independiente. Por lo tanto, son similares a los manifestantes catalanes que creen también que la democracia real implica el derecho a la libre determinación. Ambos plantean una pregunta a la cual –al menos desde 1918, cuando Woodrow Wilson y Lenin intentaron proponer sus soluciones– el mundo no ha dado respuesta: ¿quién tiene derecho a la autodeterminación? ¿Es un derecho democrático fundamental o no? ¿Se puede ejercer si otros miembros de un estado determinado están en contra? Simplemente no podemos responderlo hoy en estos dos casos, ya que no podemos decir nada significativo sobre la independencia kurda o palestina, o sobre Kosovo y Abjasia. Por lo tanto, el mundo está lleno de conflictos “congelados” que estallan de vez en cuando y representan muchos puntos que potencialmente podrían conducir a guerras mucho más grandes.

Luego, consideremos las manifestaciones chilenas e iraníes. Ambos fueron provocados por cambios económicos aparentemente modestos: aumento en el precio de la gasolina (que por cierto también fue el origen del movimiento de chalecos amarillos) y aumento en la tarifa del metro. Ambos regímenes reaccionaron con violencia inusual: aparentemente más de 100 personas fueron asesinadas en Irán y más de 20 en Chile. Pero estos dos regímenes son muy diferentes: uno es una democracia neoliberal con sus raíces constitucionales en una dictadura de extrema derecha; otra es una teocracia cuasi democrática con sus raíces en un movimiento revolucionario contra una dictadura de derecha. Sin embargo, en ambos, la gente no se ha levantado solo debido a la suba de precios; parecen estar impulsados por algo más fundamental: el desprecio de los regímenes por los derechos de los ciudadanos, la total ignorancia de esos regímenes de vastos grupos de personas (los pobres en Chile, los jóvenes desempleados en Irán).

La represión más violenta fue en Irak. Pero el mundo se ha acostumbrado tanto a la violencia y los asesinatos en Iraq desde que el “cambio de régimen democrático” llegó allí en 2003 que la nueva ronda de violencia masiva atrae muy poca atención. Muchos de los que apoyaron la invasión de Irak, argumentando que llevaría la segunda democracia (después de Israel) del Medio Oriente, dicen muy poco acerca de estas protestas: son tan difíciles de encajar en cualquiera de sus planes. Si lo apoyaran, estarían acusando indirectamente al “régimen democrático” que ayudaron a establecer en 2003. Entonces no dicen nada.

Nueva generación revolucionaria

Las revoluciones de 2019, creo, presagian una nueva generación de revoluciones globalistas. No forman parte del mismo patrón ideológico fácilmente reconocible. Responden a causas locales, pero tienen un elemento global en la capacidad de comunicarse entre sí (los manifestantes catalanes imitaron el bloqueo de la infraestructura pública iniciado por los manifestantes de Hong Kong). Quizás lo más importante es que se animan mutuamente: si los chilenos pueden ponerse de pie, ¿por qué no los colombianos? Si hay un solo pegamento ideológico para ellos, creo que es el deseo de que se escuche la voz de unos. En el momento de los cambios políticos tectónicos, cuando los políticos y las viejas ideologías han perdido gran parte de su credibilidad, algo que no perdió su credibilidad es el deseo y el derecho a ser escuchados y contados. En cierto sentido, es una protesta democrática, pero dado que las democracias bipartidistas estándar han perdido gran parte de su brillo después de 2008, las revueltas tienen problemas para definirse en un sentido ideológico y político.

Deberíamos esperar más de estas revueltas de globalización tan diversas, a menudo incipientes, hasta que fuerzas políticas más estructuradas aparezcan en la escena y se muestren capaces de canalizar las quejas y utilizarlas para llegar al poder.

* Publicado en su blog: Glineq.blogspot.com. Branko Milanović (1953) es un economista serbio-estadounidense especialista en desigualdad económica, economía de la pobreza, economía del desarrollo, economías en transición, economía internacional e instituciones financieras internacionales. El último de sus ocho libros publicados se editó este año: “Capitalism, Alone: The Future of the System That Rules the World” en Harvard University Press.
Traducción: Pablo Makovsky

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