Deporte
20-11-2019
Tiempo de balances y revanchas

Argentina jugó su último par de amistosos del 2019 y se reconstruye para las Eliminatorias del próximo año. En el camino, habrá otra Copa América. El torneo que lo consolidó en el cargo en Brasil, ahora será su desafió en Argentina y Colombia. Del menosprecio a la aceptación, Lionel Scaloni logró revertir en parte la imagen negativa que traía.

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Lionel Scaloni transita su momento de mayor serenidad al frente de la selección Argentina de fútbol. El hombre que llegó a su puesto, casi por decantación, planeando en las turbulencias que dejaba el Mundial de Rusia, hoy se prepara para su mayor desafío luego de superar las pruebas que el reciente fin de semana le imprimieran los amistosos con victoria ante Brasil y empate frente a Uruguay.

 

Este equipo, que mostró los dientes contra Brasil y se levantó dos veces contra Uruguay, tiene algunos rasgos que consiguió en su estadía copera allá por julio de este año. Además del recambio de nombres –algo que resulta visible–, el seleccionado se diferencia respecto de las versiones anteriores, específicamente de la del Mundial de Rusia, porque ha ganado en agresividad. Y ese rasgo se vincula visiblemente con el aspecto anímico. Hubo otros equipos más anodinos y parsimoniosos, pero este es más pendenciero y directo. Voraz para recuperar la pelota y ambicioso para atacar. Por supuesto que comete errores y que los seguirá cometiendo como todo equipo en formación.

 

Pero Scaloni se reinventó y su equipo con él. La Copa América del 2019, a la que llegó todavía con recelosos rumores, en vez de resultar su cadalso fue su escudo protector: “Ultimátum a Scaloni: si fracasa en cuartos, Argentina ya tiene a su reemplazo”, decían algunos titulares y mencionaban a Heinze. Pero el DT, en construcción de su propia carrera, moldeado por el oleaje, encontró una estructura sobre la que apoyarse y empezó a montar una idea.

 

Si bien el debut copero con derrota 0-2 ante Colombia hacían presagiar una corta estadía del hombre oriundo de Pujato, el paso de la competencia lo fue consolidando. Antes que eso, tuvo que salir Messi al rescate, como tantas veces –aunque haya sido de penal–. Pero de no haber sido por su gol ante Paraguay para rescatar un empate en la segunda fecha del grupo, hoy Scaloni estaría en otro lugar. Luego, la victoria ante Qatar, previsible pero necesaria, metieron al equipo en cuartos de final. Allí llegó otra victoria para calmar los ánimos. Era Venezuela pero los antecedentes recientes indicaban señales de alarma. En marzo, la Vinotinto había hecho historia al ganar 3-1 en Madrid y en la propia nariz de Scaloni. Pero en Brasil, los goles de Lautaro Martínez y Lo Celso disiparon las dudas.

 

Hasta antes de la Copa, nadie ponía a Argentina entre los candidatos. La coyuntura así lo marcaba: un técnico inexperto, un plantel renovado casi en su totalidad, apuestas, pruebas y la expectativa del público por debajo de la habitual. Solo la presencia de Messi encendía alguna cosa. Pero el equipo estaba en semifinales y delante suyo estaba Brasil. Y en 90 minutos podía pasar cualquier cosa. Y si pasaba, el título estaba al alcance de la mano porque al otro día Perú le ganaría a Chile.

 

Pero no sucedió. Argentina jugó bien pero perdió. Fue 2-0 para Brasil y aunque esta vez el partido por el tercer puesto no fue un compromiso más, la sensación es que ese equipo empezó a forjarse en esa derrota. El equipo de Scaloni estuvo a la altura, dos tiros en los palos, las no revisiones del VAR ante presuntos penales a Otamendi y Agüero y un Messi en estado de gracia pudieron haber cambiado la historia. No ocurrió.

 

Pero sí empezó a cambiar la historia de Messi con alguna parte de la opinión pública Argentina, la que le reclamaba compromiso ante los árbitros, voz de mando en el vestuario y carácter en algunos juegos. Sus declaraciones contra la Conmebol fueron una bomba y su presencia otra impronta en el campo, ya no solo su influencia se verificaba en términos futbolísticos sino también en el aspecto referencial. Éste Messi más hablador, más contestatario también dentro del campo, como en la pelea verbal con Cavani, vino mostrarnos a un líder más dueño del equipo. Así también se lo vio en el partido por el tercer puesto de la última Copa América, cuando se fue injustamente expulsado por el encontronazo con Gary Medel.

 

Fue esa victoria ante Chile la ratificación de Scaloni. El equipo mostró los dientes, desde afuera se sintió el empuje, el contagio. Parece mentira que un partido por el tercer puesto definiera la continuidad de un DT, pero si se lo toma como el corolario de un crecimiento puede tomárselo así.


“Si estoy capacitado o no, no sé. Lo que si te digo es que soy otro entrenador. Desde el primer partido, contra Guatemala, al último contra Brasil hay una gran diferencia”, dijo al finalizar ese torneo.

 

Luego, en el resto del 2019 que se acabó con el duelo ante Uruguay, Scaloni tuvo seis pruebas más. El saldo volvió a ser positivo, no perdió: 0-0 vs Chile, 4-0 vs México, 2-2 vs Alemania, 6-1 vs Ecuador, 1-0 vs Brasil y 2-2 vs Uruguay. Pero además encontró una base. Consolidó a Paredes y a De Paul en el medio, aún le faltan los otros dos del medio, o al menos uno, si quiere jugar con tres arriba, allí aportaron Ocampos, Lo Celso, Acuña, Pereyra; acertó con Lautaro Martínez como su faro de ataque, potenciado por un Agüero que volvió con todo. Y hasta halló a Alario como sustituto con otras características si le hace falta. Claro que hay zonas grises. Todavía falta trabajo.


“La oportunidad que me dieron no mucha gente la puede llegar a tener. Empecé en lo más alto y otros que quisieron estar acá no pueden tener esa oportunidad. Yo la tuve y estoy eternamente agradecido”, recordaba.

 

Llegó sin consenso, fue mirado con recelo y hasta con desprecio, fue menospreciado y caricaturizado. Hoy, Lionel Scaloni goza de mejor crítica, dio vuelta aquellos comentarios que lo desacreditaban. Aunque ahora empieza lo más duro, los puntos que valen, los de la eliminatoria. Y desde el primer partido del 2020 tendrá en la cabeza lo que los últimos nueve técnico de la selección (exceptuando a Basile que lo consiguió en su primera gestión) no lograron; ser campeón de América.

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Domingo 08 de Diciembre de 2019
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