Cultura
16-10-2019
“Estuvimos cuatro años hablando pavadas”
El historiador y escritor Felipe Pigna, se refirió, en el marco de la presentación de un nuevo programa de TV, a algunas de las mentiras que se propagan sin rigor histórico: “Hay que terminar con esa falacia de los 70 años de peronismo”.
Aumentar tamaño del texto Reducir tamaño del texto Tamaño del texto normal
Ezequiel Palacio*

Felipe Pigna (Mercedes, Buenos Aires, 1959) está empezando con Karina Mazzoco un programa en Canal 9 que aprovecha el archivo del canal: “Vamos a hablar de personajes del espectáculo argentino tipo Gilda, Sandro. Yo hablo del contexto histórico que les tocó vivir y Karina de la vida artística. Es muy lindo porque hay mucho material inédito que nunca se vio. Va a ir los sábados a las 22:00”.

—Para los chicos de secundaria es difícil que entre la historia. Siempre hay que considerar cómo el docente la plantea, pero desde este lugar ¿podés tirar un poco de agua sobre qué es la historia?

—La historia es algo hermoso. Uno puede hacer la historia de cualquier cosa. Todo está atravesado por la historia. Y de alguna manera, es una materia que, más allá de que sirva o no sirva, te permite la posibilidad de comparar el presente con el pasado. Entender que el presente es resultado del pasado. Y que estamos donde estamos por todo lo que nos pasó antes. Que puede servir terapéuticamente para no repetir errores. Para avalar lo que está bien hecho y continuar haciéndolo. Para ver prospectivamente el futuro y el presente, para saber qué podemos a hacer a partir de todo lo hecho, porque si no es como una persona que padece amnesia: se levanta y tiene que empezar de vuelta, no le sirve su experiencia previa.
Yo siempre pongo este ejemplo, si vos tenés que levantarte cada mañana sin tener idea dónde está el baño o qué tenés hacer, estamos en un problema y sería muy difícil vivir. Y aunque a veces la gente no lo admita, su vida cotidiana está muy construida por su historia. Y que no es la historia de San Martín, pero si es la historia de sus abuelos, de sus padres, de sus hijos y su propia vida. Su experiencia y las cosas que le pasaron. Eso, si lo llevas al mundo o a un país es la historia.
Creo que una de las grandes falencias de la enseñanza de la historia en nuestro país ha sido el “ombliguismo” y creernos que somos únicos, que somos especiales. Que lo que pasa acá no pasa en otro lugar del mundo. Que la grieta es un fenómeno argentino. Muchas pavadas que tienen que ver con un “país de la mirada” digo yo. Un país donde siempre fue muy importante cómo nos ven; porque éramos un país de inmigrantes, sin desconocer los casi 20 mil años de pasado indígena, pero nos fue constituyendo muy fuertemente como sociedad la impronta inmigratoria. Y el inmigrante vivía contando cómo le iba acá. Todos los que lo estaban esperando del otro lado: familia, amigos, tenían que saber cómo le iba acá y hay muchos casos de gente que mentía en sus cartas. Todo el tiempo estuvimos interpelados por la mirada ajena y somos un país que nos creemos muy europeos y eso nos pone pendientes a qué dicen en Europa, qué dicen en el mundo y la verdad es que no dicen nada.

—¿Nos creemos europeos o somos un poco europeos?

—Nos creemos. Hay algunas personas interesantes, sin coincidir con ellos por supuesto, pero Victoria Ocampo decía “Argentina es una sucursal de Europa”. Tiene su razón y su lógica pero el tema está en lo que implica ser la sucursal de Europa. Somos una sucursal porque una gran cantidad de argentinos era y son hijos de europeos. Desde este lugar es cierto, ahora de ahí a reproducir la política europea, la economía europea, la forma de pensar lo peor de Europa como el racismo, todas esas cosas no hay por qué.

—Pareciera que en la historia de nuestro país tenemos grandes baches de amnesia.

—Me parece que son amnesias buscadas. Si no, nos la pasamos disculpando al pueblo (esa entelequia), la gente no sabía, la gente no se enteró, y yo creo que a esta altura es bastante fácil enterarse.Por supuesto que los niveles de responsabilidad tienen que ver con los niveles de bienestar y de instrucción. Me parece que hay por lo menos en los sectores medios conscientes y en los sectores altos, una responsabilidad muy grande de lo que nos pasó, de a quién votaron, a quién avalaron, de cómo avalaron la dictadura. La dictadura tuvo un aval muy importante, que se puede medir en momentos como la represión donde hubo mucha colaboración, el momento del mundial, el momento de la campaña “los argentinos somos derechos y humanos”, el momento de Malvinas, o sea, tuvo que ocurrir una tragedia como Malvinas, para que una parte importante del pueblo empezara a ver quiénes eran estos tipos.
Pero yo no creo eso de que la gente no sabía lo que pasaba durante la dictadura, porque si no sabía, la verdad es que estos tipos fueron unos magos para hacer valer el terror. Porque el terror funciona cuando vos sabes que hay terror. Por supuesto que no voy a decir que el argentino o argentina común sabia de la tortura en la ESMA, de los detalles de qué hacían o cómo hacían. De los vuelos de la muerte. Pero sabía perfectamente que había un Estado terrorista, que si hablabas desparecías. Que si publicabas desaparecías, ¿entonces, no sabían lo que pasaba?

—¿Es necesario reescribir la historia?

—La historia se reescribe permanentemente y se reescribe de maneras muy interesantes porque se va revisando, se va ampliando y modificando. Hay mucha ignorancia de qué es la historia y cómo se escribe. Hay preguntas que no se entienden, sobre todo de periodistas que preguntan sin formación como por ejemplo: “¿Va a quedar en la historia fulano?”, bueno todo el mundo queda en la historia, el tema está en cómo queda. Pero quedar en la historia quedamos todos.
Digamos lo que tenemos que decir, en vez de estar tan pendientes de lo que dicen los demás. Es como este periodismo de la respuesta “¿escuchó lo que dijo Pichetto?” y la verdad que no tiene sentido contestarle a esa gente. Armar un relato periodístico a partir de barbaridades. Con todo lo que tenemos para hablar.
Hace unos días me paró un señor en la calle y me dijo algo que me pareció extraordinariamente sabio: “yo estoy esperando que venga diciembre por lo que ya sabemos, pero fundamentalmente para volver a hablar de cosas importantes”. Estuvimos 4 años hablando pelotudeces. Porque nos obligaban a replicar, a responder lo que dijo Bullrich, lo que dijo Pichetto. Todas cosas de un nivel muy bajo.

—¿Por qué gana o siempre está volviendo la derecha?

—Es muy difícil contestar esa pregunta pero hay algunos indicios. Yo creo que se han cometido errores de apreciación, de construcción de alianzas que llevaron a que los doce años que tuvieron mucho de virtuosos también tuvieran mucho de errores. Como no entender quiénes son aliados con los que no te podés pelear, como por ejemplo el movimiento obrero. Veo una fractura del movimiento progresista con el movimiento obrero. Sobre todo si vas a empezar disputas con sectores muy poderosos. Ese fue un error muy grave y que debilitó mucho. Sí sirvió mucho para abrir grietas, frentes, discusiones, innecesarias para mí. Por otro lado, ellos elaboraron un discurso que tenía su atractivo fundado en el engaño “Vamos a mantener lo que está bien y vamos a cambiar lo que está mal”. Eso al votante indeciso quizás lo pudo haber cautivado. Indeciso y poco informado, quiero decir, porque este hombre había gobernado durante ocho años la Capital. No era un completo desconocido ni era un outsider de la política, que también eso es un error de interpretación. Entonces, también estuvo la subestimación, cierta soberbia. La subestimación es muy típica de cierto pensamiento progresista. Errores que no hay que cometer nunca más, porque le das una ventaja importante a un discurso muy bien elaborado con técnicas internacionales como por ejemplo Cambridge Analytic.
En qué punto está el odio y cómo hacer para exacerbarlo. Y este es un trabajo muy fácil porque el odio, lamentablemente es un sentimiento humano muy fácil de adquirir, es irracional, fascista, no es racional. No podés argumentar frente al odio. El tipo que odia no le importa nada. Estas cosas para mí explican un poco la pregunta.

—Mucha gente ignora este concepto de que la pobreza es un negocio.

—Por supuesto que es un negocio. Y fue un negocio para la política, lamentablemente de todos los partidos durante mucho tiempo y probablemente lo siga siendo. Una forma de darle dignidad a la gente es el trabajo. Que vos recibas dinero, pero por trabajar, por un salario digno.

—¿Podés identificar cuántas veces el Estado cometió el error de romper el pacto con el movimiento obrero, perjudicando la política nacional?

—Hubo pocos Estados que pactaron con el movimiento obrero, porque obviamente esto de los 70 años de peronismo es un verso total. El peronismo existe hace más de 70 años pero el peronismo no fue gobierno en esos 70 años y aún durante gobiernos que se decían peronistas, hubo políticas completamente contrarias. Ellos hablan de un modelo socioeconómico cuando dicen 70 años de peronismo. Los 10 años de Menem, la política económica fue completamente neoliberal. De hecho el primer ministro de economía fue un hombre de Bunge y Born y después vino Cavallo, entonces no podés sumarlo como parte de eso. Después tenés un montón de años de liberalismo: la Libertadora, Frondizi un año de desarrollismo y después vino directamente Alsogaray, todavía con Guido. Hay una pausa con el modelo económico de Illia, que es más industrialista, pero después vino Onganía que son 8 años. Más tarde te viene el gobierno peronista del 73, pero de los cuales son solamente dos años donde hay un modelo con Perón vivo, más inclusivo y más de la base peronista pero enseguida vino Rodrigo, que aplica políticas del Fondo Monetario y después toda la dictadura. Después tenés a Alfonsín. Pero Alfonsín tiene un año de Grinspun y después viene Juan Vital Sourrouille, con una política mucho más cercana al modelo neoliberal y tiempo más adelante tenés los 10 años de Menem.

—Un breve resumen de la historia de la derecha argentina.

—Pero claro, entonces ¿de qué estamos hablando cuando decimos 70 años de peronismo? Ahí tenés lo que te decía antes: te obligan a hablar de eso. Como ya es un hecho cierto hablamos de algo que es mentira. ¿Cómo vamos a hablar de una mentira? Con mucha generosidad de esos 70 años de peronismo podemos hablar de 15 años, más o menos. Porque incluso el último año de Perón, el 55 es un año donde Perón hace cosas que no tienen nada que ver con el modelo peronista clásico, por ejemplo los contratos de petróleo con empresas norteamericanas a las que le da una libertad muy antiperonista. Por eso hay tanto despelote en el 55 con las propias figuras del peronismo como Scalabrini o Jaureche, que se van, o sea que ahí tendrías que descontar ese año, el 55. Y tenés que descontarlo entero, porque después en septiembre viene la Libertadora que lo primero que hacen es ingresar al Fondo Monetario. Hay que terminar con esa falacia de los 70 años de peronismo.

* Fuente: AgenciaPacoUrondo.com.ar


Dejanos tu comentario...

Martes 12 de Noviembre de 2019
Comunicar sin contenido
La gente flotante
Citas
Libros en alpargatas
Sasturain
Charlie Egg
Mujica
Sietecase
Erotismo del poder femenino
Scher
Salud Pública
Todo caso policial
El año de la división
Hockey con futuro
Tessa
Bricco
Acquarone
podo
ricciardino
Jugar contra el prejuicio
Economía parasitaria
Por qué se lame el perro
Eros y civilización
Maten al rugbier
Villanos y empresarios
foto