Mundo
16-10-2019
Argentina, Bolivia y Uruguay: de regreso a octubre

Las elecciones de estas dos semanas son decisivas para conformar un nuevo giro que devuelva al Cono Sur al crecimiento. A la vez, establecerían un nuevo eje regional y permitirían enfrentar con mejores herramientas las políticas del FMI.

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Amir Richani y Abás Tanus Mafud*


Con menos de una semana de diferencia Bolivia (20 de octubre), Argentina y Uruguay (27 de octubre), eligen nuevas gestiones de gobierno. Pese a la importancia del hecho democrático en sí, las elecciones han cobrado relevancia por los modelos en pugna y los efectos que podrían desencadenar en el juego de alianzas latinoamericanas, especialmente, en un momento en que la región está bajo las nebulosas ideológicas de las derechas y las izquierdas.

 

Estas elecciones enfrentan una serie de dilemas y dicotomías inertes a nuestra historia como latinoamericanos. Por un lado, se evalúan gestiones que en términos de indicadores económicos pueden ser consideradas exitosas, tales como los casos de Evo Morales en Bolivia y el Frente Amplio en Uruguay, junto al cansancio natural que representan más de una década al frente de los ejecutivos nacionales. A su vez, en el caso boliviano se dirime la arriesgada decisión del Presidente de competir por un cuarto mandato, a pesar del rechazo de la población a habilitar su candidatura mediante un referendo en 2016. Mientras que Argentina se encuentra encerrada dentro de su complejo entramado: crisis económica, triunfo electoral abrumador de la oposición en las primarias y un Presidente que busca su reelección activando políticas económicas que había rechazado.

 

Bajo este panorama, los profundos vínculos entre los tres Estados y varios de los candidatos en cuestión, se han transformado en herramientas claves para el futuro de la región. Por ejemplo, un eventual triunfo de Alberto Fernández significaría una alineación de Argentina con Uruguay y México respecto a la situación de Venezuela. Sin embargo, este armado podría cambiar si el líder opositor del Partido Nacional, Luis Lacalle Pou, se hace con la presidencia en Uruguay y el expresidente Carlos Mesa pone fin a 13 años del Movimiento al Socialismo en Bolivia. Por ende, octubre puede ratificar las alianzas presentes o abrir la puerta a una “nueva-vieja etapa conocida”.

 

Economía, gestión y alianzas

 

La economía siempre ha desempeñado un papel central en el devenir de las gestiones latinoamericanas, por ende, los comicios de octubre de 2019 no quedan exentos de su interferencia. Bolivia y Uruguay se han caracterizado por obtener resultados en la materia calificados como “positivos” por parte de varios organismos internacionales, como el Banco Mundial. El “milagro económico boliviano”, con 10 años de crecimiento promedio anual de 4.9% –por encima de la mayoría de los países sudamericanos– implicó que los principales líderes opositores, Mesa y Oscar Ortiz, no sustentaran sus críticas al oficialismo en esta materia, sino que se enfocaran en la decisión de no acatar la voluntad popular del referendo.

 

En las antípodas del crecimiento se encuentra la República Argentina donde la crisis económica ha traído nocivos efectos sobre las arcas nacionales, los sectores productivos y la población en general, fruto de una combinación de contracción del PBI del -2.9%, inflación estimada del 55% y aumento del desempleo del 10.6%, en el segundo trimestre de 2019. A partir de ello, la candidatura de Mauricio Macri para la reelección se vio debilitada, experimentando un golpe “casi definitivo” en las elecciones primarias de agosto de 2019 cuando fue superado por el binomio Alberto Fernández-Cristina Fernández de Kirchner.

 

La urgencia económica argentina se ha transformado en un debate diario entre los diferentes actores de la sociedad civil, candidatos presidenciales y el “actor estrella” el Fondo Monetario Internacional. En este sentido, el preocupante nivel de deuda (334 800 millones de dólares), está siendo abordado por el equipo de Fernández, quien ha declarado que el modelo utilizado por Uruguay para salir de la crisis en 2003, podría ser una alternativa viable para el país. Estas declaraciones demuestran el interés del candidato peronista por acercarse al Frente Amplio en Uruguay a quien valora como un posible aliado en diferentes temas regionales. De hecho, el Partido Justicialista le ha solicitado que establezca un eje regional Buenos Aires-Montevideo-Ciudad de México.

 

Pese a esta especie de reconocimiento a las gestiones de Tabaré Vázquez y José Mujica, el partido gobernante uruguayo se enfrenta a un gran desafío: el auge del Partido Nacional y el predominio de las minorías de derecha. Respecto a este último punto, las elecciones internas del 3 julio de 2019 demostraron una inclinación del electorado hacia la oposición que combinados, los dos partidos de oposición, obtuvieron por encima del 60% de los votos. Sin embargo, este hecho no implica una traslación directa frente a cualquier escenario de segunda vuelta (se celebraron en los comicios de 2009 y 2014), debido a las grandes diferencias que existen entre cada grupo político. Por ende, el escenario se ha tornado competitivo e incierto.

 

Finalmente, Morales en Bolivia experimenta una situación similar, afrontando un camino cuesta arriba a menos de 2 semanas de las elecciones, motivado por el desgaste natural de más de una década de gestión al frente del ejecutivo, los incendios forestales en la Amazonía boliviana y la decisión de competir por la reelección en un marco de legitimidad puesto en duda por la población en 2016. Pese a mantenerse en primer lugar dentro de los principales sondeos de opinión pública con un 7% de los votos por encima de su contrincante Mesa, el Presidente aún no contaría con los apoyos necesarios para evitar la segunda vuelta. Por ende, un eventual escenario de incertidumbre se avecina. A partir de ello, un triunfo de Mesa implicaría la pérdida de un aliado clave para Nicolás Maduro en Venezuela y cambios en la política marítima con Chile.

 

Nuevo giro o statu quo

 

Las crisis simultáneas que afectan a Ecuador, Perú y Venezuela, refuerzan la importancia de las elecciones en Bolivia, Uruguay y Argentina, poniendo en juego un posible nuevo giro ideológico o la consolidación del statu quo. En este sentido, los triunfos de Fernández y Daniel Martínez (Frente Amplio), representarían una nueva etapa en las relaciones bilaterales y un posible campo de cooperación que podría contrarrestar al formado por los presidentes Jair Bolsonaro (Brasil) y Mario Abdo Benítez (Paraguay). Por otra parte, los resultados en Argentina repercutirán en la posición del Fondo Monetario Internacional en la región, especialmente en un momento de aumento de la percepción negativa sobre el organismo, alimentada por la crisis política del gobierno de Lenin Moreno en Ecuador.

 

Respecto a las alianzas multilaterales, el Grupo de Lima podría verse debilitado frente a los cambios de regímenes, no solamente Fernández analiza el abandono del mismo, sino que el candidato opositor en Bolivia, Mesa, ha cuestionado las decisiones implementadas dentro del foro, pese a sus críticas a Maduro. A su vez, Bolsonaro se vería obligado a orientarse hacia un pragmatismo en política exterior, imitando los modelos de Sebastián Piñera en Chile o Martín Vizcarra en Perú.

 

Bajo este panorama, no existe un escenario único para la región luego de las elecciones, debido a que un posible triunfo de candidatos opositores en Bolivia o Uruguay, implicaría otra película diferente, por ejemplo, el final de la alianza Morales-Maduro o la pérdida de respaldo uruguayo a una solución negociada en términos alternativos al promovido por Argentina, Brasil, Chile, Colombia y Estados Unidos para la situación en Venezuela. Mientras que la reelección de Macri terminaría de consolidar la alianza con Brasilia y Santiago.

 

Finalmente, octubre se transformará en un mes clave para entender hacia dónde se mueve Sudamérica en los próximos años. Las sociedades de Argentina, Bolivia y Uruguay se dirimen entre frustraciones y éxitos económicos, y continuidad o cambio. Como consecuencia de ello, nuevos aires se avecinan en la región.

 

 

* Amir Richani es licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Americana de Beirut. Es analista geopolítico enfocado en Latinoamérica para ClipperData. En Twitter: @amir_richani. Abás Tanus Mafud es licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Nacional de San Juan y magíster en Política y Economía Internacional por la Universidad de San Andrés, Argentina. Es asesor de Asuntos Públicos para Burson Cohn & Wolfe Argentina y profesor de Política Trasnacional en la Universidad Católica de La Plata. Fuente: RevistaFAL.com, Bit.ly/2MI9JJO.

 

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