Sociedad
02-10-2019
“Mirá lo que me hiciste hacer”
Se fue a vivir a casa de ella. El hombre pasó de la violencia verbal a la física. La golpeó, intentó ahorcarla y generó un incendio que inutilizó el departamento. Ella se quedó en la calle y él cumple prisión domiciliaria.

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Carina Ortiz | Cruz del Sur

 

La convivencia arrancó un mes y medio antes de que ella se diera cuenta de que le faltaba la tarjeta de débito. Desde que Miguel Ángel C. se había ido a vivir a su departamento la relación iba de mal en peor. Ella intentó sacarlo de la casa en varias oportunidades, pero no hubo caso.

 

Pelearon un día entero hasta que él le dijo que le devolvería la tarjeta. Cuando estaban solos en el departamento, la golpeó e intentó asfixiarla. Ella terminó hospitalizada. Después de unas horas le dieron el alta y la policía la acompañó a su casa. Él se atrincheró y terminó generando un incendio en el departamento, que quedó inhabitable. Lo detuvieron tras el ingreso a la propiedad. Este viernes fue imputado por los delitos de lesiones leves calificadas por el vínculo, incendio intencional y amenazas coactivas. En cuanto a la medida cautelar, el juez Carlos Leiva hizo lugar al pedido de la defensa y dispuso un arresto domiciliario con tobillera electrónica y fijó una prohibición de acercamiento.

 

La noche del 25 de septiembre la pareja llegó al departamento que compartían en el barrio de Arroyito. Discutieron porque ella, A., se dio cuenta de que le faltaba una tarjeta de débito. Todo empeoró cuando entraron a la casa. La víctima denunció que el hombre se puso agresivo y cuando pudo salió del edificio para llamar a la policía. Pero el móvil tardó demasiado y decidió esperar dentro de su propiedad. Su pareja, lejos de calmarse, la amenazaba, contó. Le decía frases como “Te voy a matar”, “De acá no salimos vivos ni vos ni yo”, o “Te mato y después me mato yo”, dijo.

 

La llevó de prepo hasta el living y agarró un bisturí. Puso el instrumento quirúrgico en su cuello y le agarró la mano a A. diciéndole que lo mate o lo corte, contó. Era ella o él. Intentó asfixiarla y en ese momento se le nubló la vista, dijo. Lo mordió y él la arrastró de los pelos hasta el dormitorio dónde intentó tirarla por la ventana. Siguió golpeándola hasta hacerla sangrar, cuenta la imputación.

 

En un momento, cuando la víctima pudo tomar un poco de distancia, su agresor comenzó a decirle “Mirá como te dejé”, “Mirá lo que me hiciste hacerte”, contó. Finalmente, lo convenció para que la dejara salir. A. tomó un taxi hasta el HECA dónde le diagnosticaron traumatismo de cráneo y facial por golpiza y debieron suturarle un corte en la ceja.

 

En el hospital

 

Mientras estaba en el hospital A. comenzó a recibir mensajes de su pareja. Le decía que si no le contestaba el teléfono en dos minutos le iba a prender fuego la casa, relató. Cuando A. salió del hospital le pidió a la policía que la acompañara hasta su casa por temor. Los uniformados llegaron hasta la puerta de su departamento pero no pudieron entrar. Miguel Ángel C. había cerrado la puerta y gritaba que no saldría sin la orden de un juez. Cerca de las 7 de la mañana le mandó una foto a A. dónde se veía que había fuego en el sillón del living.

 

Cuando llegaron los bomberos, debieron forzar la puerta. Los ambientes más afectados fueron el living dónde se quemó un sillón y una mesa. También se cayó la mampostería del techo y parte de las paredes. El fuego además afectó las cortinas del comedor y dejó todas las paredes y techos negros de hollín. Según el informe este incendio generó un peligro de propagación a otras propiedades y puso en riesgo a otras personas.

 

Del interior del departamento sacaron a Miguel Ángel C. con heridas cortantes en los brazos y las piernas, que resultaron superficiales.

 

Este viernes, dos días después del hecho, el hombre fue imputado por la fiscal Juliana González por los delitos de lesiones leves calificadas por el vínculo, amenazas coactivas e incendio intencional

 

Cumpleaños

 

A. contó en una entrevista en fiscalía que se conocían desde hacía más de una década. Su hermano y Miguel Ángel C. eran amigos. A principios de agosto fue su cumpleaños y no tenía con quien pasarlo. Fue a la casa de A. y ya no pudo sacarlo de su hogar. Se instaló en su departamento porque no tenía casa, peleaban todos los días. Lo echaba pero no había forma, contó.

 

La perseguía, estaba paranoico. Cuando se iba a hacer mandados la seguía, le hacía reclamos, la insultaba, gritaba, contó. El día previo al ataque A. se levanto con la idea de hacer un trámite en el banco para el que necesitaba la tarjeta de débito, pero no la encontró. Estaba segura del lugar dónde la había dejado. Sabía que Miguel Ángel C. la había agarrado y le decía que no. Estuvieron todo el día discutiendo incluso vía mensajes de texto. Al otro día, cerca de las 20.30 Miguel Ángel C. le dijo que estaba llegando al departamento para devolverle la tarjeta.

 

Lo esperó en la vereda pero no quiso dársela, contó. Discutieron y le dijo que quería entrar a sacar sus cosas. Pero una vez adentro se abrió un vino y otra vez discutieron. Se acercó una vecina y A. pudo salir y llamar a al policía. Esperó 45 minutos el móvil policial y A. decidió subir, sacar sus cosas e irse. Pero no le dio las llaves. Después de asfixiarla, pegarle y amenazarla con un bisturí, la vio ensangrentada y la dejó. Ella le pidió por una hora que le permitiera ir al hospital hasta que finalmente accedió, contó la mujer en fiscalía.

 

A. se quedó sin casa, su departamento está inhabitable y se tuvo que ir a vivir a la casa de sus padres. El juez Carlos Leiva que prescindió la audiencia ordenó un arresto domiciliario con tobillera electrónica hasta el 15 de noviembre y fijo una prohibición de acercamiento por cualquier medio o por otra persona a la víctima.

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