Sociedad
25-09-2019
Tiros al federal Valdés
Lo que la ministra Bullrich presentó como un ataque de carácter mafioso finalmente, y por otras razones de las que quiso dar a entender la funcionaria, se confirmó de ese tenor: para la Fiscalía lo balearon conocidos en medio de lo que pudo ser una transacción por drogas. Y se montó un plan de encubrimiento desbaratado por la suboficial que acompañaba al comisario, la que ahora está en un plan de protección de testigos

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Alberto Carpintero

“Enredo, confusión, maraña”; así define el diccionario de la Real Academia Española el término embrollo, que parece describir el oscuro ataque contra el comisario de la Policía Federal (PFA) Mariano Valdés, quien estaba acompañado por su subordinada Roxana González, en la autopista Aramburu el pasado 9 de septiembre. “Embuste (mentira)”; es la segunda acepción, que la ministra de Seguridad de la Nación le atribuyó a Valdés cuando quedó claro que la versión del jefe de la delegación de la ciudad de Santa Fe de la fuerza no reflejaba “la verdad”; también es una de las acusaciones formales que la Fiscalía le hizo este martes en Villa Constitución al policía: falsedad ideológica. “Situación embarazosa, conflicto del cual no se sabe cómo salir” es la tercera acepción y puede aplicarse no sólo a los acusados -con Valdés está imputado como encubridor su subordinado inmediato Higinio Bellaggio- sino también a la conducción política de la PFA. Embrollo, en la jerga criminal, es una transacción ilegal, sobre todo referida a las drogas, que termina mal. Es en definitiva la hipótesis de los fiscales sobre el motivo por el cual Valdés detuvo su auto a la vera de la ruta, bajó a hablar con tres hombres que marchaban en una camioneta y que estacionaron detrás, y terminó baleado tras una discusión. La sospecha principal es que Valdés llevaba un bolso con elementos para intercambiar con los recién llegados, con quienes se reunió unos minutos antes detrás de un asador ubicado en la estación de servicios de Ramallo y lejos de la vista de su subordinada, a pocos kilómetros del lugar donde ocurrió el tiroteo, cerca del ingreso a Villa Constitución. El bolso fue retirado por la suboficial González del centro de salud de Arroyo Seco donde atendieron al herido, a instancias de Valdés, y entregado a Bellaggio una hora después de la baladera. Y terminó secuestrado vacío el último viernes en Santa Fe, cuando jefe y subjefe fueron detenidos. El titular de los fiscales provinciales, Jorge Baclini, describió como un “producto” lo que se sospecha contenía el bolso. Bellaggio dijo en la audiencia de este martes que el bolso tenía un par de paquetes de yerba y ropa de su superior. Para el fiscal Matías Edery, es difícil que pueda saberse qué contenía el bolso, pero cifró su expectativa en determinarlo en pericias que pudieran hacerse sobre algún rastro en su interior.

Incumplimiento de deberes, encubrimiento agravado, retardo de justicia, sustracción o inutilización de objetos de material probatorio, falsedad ideológica y falso testimonio le achacaron los fiscales (además de Edery la acusación corrió por cuenta de sus pares Eugenia Lascianladare y Natalia Benvenutto) a Valdés, y a Bellaggio sustracción o inutilización de objetos, incumplimiento y omisión de deberes y el encubrimiento. O sea todos delitos posteriores al ataque, que se investiga en la misma causa pero por separado. La jueza Marisol Usandizaga aceptó la imputación y los dejó presos por 90 días, detención que se cumplirá en la Unidad 5 de Rosario.

Central en la investigación es el testimonio de González, a quien los imputados se refirieron en términos sexistas en la escuchas y, en el caso de Bellaggio, también en la audiencia, en cumplimiento de la estrategia desplegada por voceros federales desde el primer día: intentar asentar la versión de que había un vínculo más allá de la relación profesional entre jefe y subordinada cuando la hipótesis alentada por el propio Valdés, la del robo, se derrumbaba desde el minuto cero, con los dichos de Bullrich sobre el supuesto carácter mafioso de la balacera, y mucho más cuando las pericias comenzaron a derrumbar la mecánica alegada por Valdés (y por González a instancias de su jefe) y ambos fueron calificados de mentirosos y separados de la fuerza.

Protección de testigos

Pero en el medio algo cambió. González fue intimidada de diversas formas por sus superiores, que primero la obligaron a mentir, en su primera declaración brindada en Fighiera, y después concurrieron a su casa de la localidad de San Antonio de Padua en tres patrullas y una ambulancia para llevársela a un examen psiquiátrico, mientras ella estaba con su abuela de 90 años y un chico de 14. Ahora, luego de declarar en territorio santafesino traída por la fuerza pública provincial, ingresó a un programa de protección de testigos nacional.
Valdés insistió en la audiencia en la hipótesis de robo, que estacionó a cambiar la yerba del mate, que a la par paró una camioneta doble cabina y le dispararon. Bellaggio, que su jefe lo llamó, que vino desde Santa Fe a auxiliarlo, y que el bolso que se llevó tenía ropa y yerba, lo que no fue hallado. Antes de la audiencia, este último dijo a los medios que le habían armado la causa, que en su momento el fiscal federal Guillermo Lega intentó llevar para ese fuero, pero el juez federal Carlos Vera Barros, una vez que Bullrich acusara a Valdés de mentiroso, optó por no hacer lugar. Este intento de Lega fue duramente cuestionado por el titular de la Policía Judicial de Santa Fe, Marcelo Saín, quien lo apuntó por querer “robar” la investigación por oscuras razones.

En definitiva, para la pesquisa Valdés pasó a buscar a González por San Antonio de Padua para venir a la ciudad de Santa Fe, donde ambos trabajaban, en la tarde del lunes. Pararon en la estación de servicios de Ramallo, sobre la autopista, donde Valdés desapareció de la vista de su subordinada y también de las cámaras de seguridad, según se pudo ver en la audiencia la filmación. Allí la suboficial lo llamó incluso por teléfono porque no sabía dónde se había metido. En la audiencia dijo que había ido a hacer sus necesidades fisiológicas.

Autodisparo

Lo que también puede verse en la filmación es que desde un sector oscuro detrás del asador sale una camioneta: según la hipótesis fiscal, son los mismos hombres que minutos después pararon detrás del auto de Valdés; éste bajó, comenzó a hablar con tres de ellos mientras el cuarto quedaba al volante, discutió y lo atacaron a tiros. Al meterse en el auto huyendo, cree la Fiscalía, mientras intentaba contestar el fuego, se pegó un tiro en la ingle con su propia pistola: el plomo traspasó el piso del auto y quedó incrustado en la banquina.

Después fueron hasta la estación de servicios de Fighiera. Valdés habló con Bellaggio y le pidió que viniera. En el Samco de Arroyo Seco un médico le dio el bolso con la ropa ensangrentada y otra indumentaria de Valdés a González. Ella tenía la orden de dárselo a Bellaggio y lo hizo una hora después del tiroteo, apenas el federal llegó desde Santa Fe. El bolso fue secuestrado el último viernes dentro de una camioneta Mitsubishi de Valdés en Santa Fe, donde el uniformado fue detenido y a donde había sido destinado en mayo pasado, tras un escandalete que derivó en seis federales presos por connivencia con un narco. Pero el bolso estaba vacío. Tal vez un peritaje puede determinar qué contenía. Y si es la prueba concluyente del embrollo.

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