Sociedad
04-09-2019
Una nota salvó su vida y la de su hija
Su pareja las tenía encerradas en una pensión. La madre logró salir gracias a un pedido de auxilio a través de un papel escrito. La fiscalía acusó al agresor en el juicio y un tribunal unipersonal lo condenó a tres años de prisión.
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Carina Ortiz

Cristina pidió ayuda a través de una nota. La pasó por un agujero que había en la pared de la habitación de la pensión dónde su pareja la dejó encerrada con su pequeña hija. En la esquela pedía ayuda. La persona que la recibió llamó a la policía y la víctima fue rescatada junto a su niña, ambas estaban golpeadas. Se inició una investigación penal. El hombre fue detenido y en agosto de este año fue sometido a un juicio oral y público dónde terminó condenado a 3 años de prisión efectiva por golpear y privar de la libertad a su familia. Ya contaba con una condena previa por hechos similares de violencia contra su ex pareja.

No era la primera vez que Espinosa tenía estas prácticas. Había tenido una pareja anterior en la localidad de San Justo dónde quedaron registrados hechos de violencia por los que fue condenado. La fiscal Luciana Vallarella pidió una sanción por el delito de lesiones leves agravadas por la relación preexistente y cometidos en un contexto de violencia de género y privación ilegítima de la libertad de Cristina y su hija.

Historia de Cristina

Cristina contó que el acusado tuvo una relación anterior del que nacieron tres hijos y cuando lo conoció acababa de salir de la cárcel tras la condena que le habían impuesto por los hechos de violencia que ejerció contra su primera pareja.

Se lo presentó un amigo y mantuvieron una relación por unos tres años. Lo describió como un hombre bueno y atento, pero esas actitudes duraron poco. A las dos semanas de noviazgo se fueron a vivir juntos pero enseguida empezaron los conflictos. Se volvió violento y celoso. Cuando iba a la escuela se enojaba y le decía que se iba a ver con otro hombre. Cristina contó que la hizo dejar el cursado pero apareció otra excusa. Le decía que provocaba a su primo. Llegaron los golpes y los malos hábitos, entre ellos el consumo de drogas. Finalmente se enteró que estaba embarazada, contó.

Al principio optó por no denunciarlo pero después del nacimiento de la niña, que tiene un poco más de un año y medio, decidió hacer una primera denuncia tras una golpiza que sufrió en abril del año pasado. Cuando se animó hacía dos días que su pareja la había golpeado y las lesiones fueron corroboradas por un médico forense.

Cristina contó que ella debía levantarse primero y ese sábado se quedó un rato más en la cama y él se enojó. Espinoza le dijo que estaba cansada porque la noche anterior había estado con sus primos y la golpeo. Tras la denuncia se fue a la casa de su madre, tenía miedo, no quería andar sola. Hubo una restricción de acercamiento pero un día se lo cruzó en el centro y el acusado le quiso sacar la nena. Ella logró irse pero volvió a cruzarlo. Esa vez Espinosa cambió la actitud y la convenció para mudarse a Rosario. Cristina no lo pensó, buscó pañales en la casa de su madre y se fue con él. Llegaron a la ciudad a dedo, sin documentos.

Pararon en la casa de un familiar del acusado y Espinosa consiguió un trabajo. Cuando se iba ella quedaba en la casa, no salía ni hablaba con nadie, salvo con una hermana de él. Pronto los golpes volvieron, Espinosa le decía que se lo merecía porque no se portaba bien, le decía que no tenía derecho a decirle nada, contó Cristina. Estuvieron unas dos semanas viviendo allí pero tuvieron que irse después de un episodio violento que el hombre protagonizo con su hermana, dijo.

Se fueron a vivir a un lavadero, después a la casa de otro familiar de él hasta que finalmente tuvieron unos pesos para alquilar una pensión. El 28 de agosto Cristina había salido a buscar una garrafa, tardo. No conseguía. Cuando volvió su pareja entró por detrás de ella. Le pegó una piña en la cabeza y le sacó de los brazos a la nena. La dejó contra la pared y empezó a pegarle. Abrió la puerta de la habitación, tiró la nena en la cama y le dijo que entrara. Ella no quería. La metió de los pelos, la tiró al piso y siguió golpeándola. Le dio una patada en el ojo. La nena empezó a llorar y le tapó la boca, dijo Cristina. Le pego dos piñas en la cara a la pequeña y siguió con ella. Cuando terminó cerró la puerta con un candado y se fue, relató la víctima en juicio.

Cuando pudo reaccionar hizo una nota en un ticket el supermercado, estaba preocupada por la nena “Hola, me llamo Cristina, estoy golpeada y encerrada con la nena. Gastón vuelve a las 23. Si escucha ruido que me pega llame a la policía. Gracias”, contó que decía la esquela. La hizo un bollito y la pasó por un agujero a la habitación de al lado.

El vecino se acercó a su puerta, le preguntó si estaba bien, ella temía que su hija estuviera muerta. El señor no quería meterse en problemas y le dijo que hablaría con el dueño de la pensión, finalmente llegó la policía y la sacaron del lugar. A Espinosa lo detuvieron en el lavadero.

La mamá de Cristina contó que tras la detención de su yerno convenció a su hija para volver a San Justo pero mientras el hombre estaba en domiciliaria volvió a contactar a su hija. La convenció una vez más y volvió con él. Mónica temió por su nieta y denunció la situación. Intervino la Dirección de Niñez que aplicó una medida excepcional y separó a la niña de su madre por el riesgo que corría junto a su padre. Cristina fue llevada a un hogar dónde estuvo unos cinco meses. Finalmente entendió que era una víctima, volvió a su localidad y pidió la revinculación con su hija a quien visita mensualmente. Contó en juicio que le gustaría que su hija vuelva con ella.

Mónica dijo que venía escuchando que su yerno la maltrataba, había comentarios y la veía sumisa, triste con miedo. Luego se quedó embarazada y su nieta nació de siete meses de gestación por un golpe que recibió. Tenía la bolsa fisurada. Cristina le dijo que se había caído pero ella no le creyó. En esa oportunidad le abrió las puertas de su casa pero a las dos semanas volvió con Espinoza. Dijo que este hombre siempre fue violento con su hija, que la chica le mandaba mensajes con celulares prestados que conseguía a escondidas.

Cristina no lograba entender que era una víctima de violencia de género y que en esa situación también estaba en riesgo su pequeña hija. Una trabajadora social que intervino en el caso dijo que debieron pedir la medida excepcional cuando Cristina volvió a Rosario en noviembre de 2018 a vivir con el agresor lo que generó un potencial riesgo aunque explico que la chica siempre estuvo predispuesta a cuidar a su hija pero hubo momentos en los que se vio entrampada en la violencia. Actualmente ve a la niña una vez al mes y el cambio que ha tenido es rotundo, aseguró. Dijo que a Cristina se le explicó la situación y ella pidió ayuda y tratamiento. Se aplicaron políticas de género, hoy está con su madre y volvió a ser ella, dijo Mónica. Su meta es recuperar a su hija.

La fiscal Luciana Vallarella llevó a Placido Gastón Espinosa, de 31 años a juicio. Tras el debate Espinosa fue condenado por el juez Ismael Manfrín a 3 años de prisión y ya no tiene contacto con Cristina que logró rehacer su vida.


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