Cultura
28-08-2019
Borges: gorilismo ilustrado
En el 120 aniversario del nacimiento de Jorge Luis Borges, reproducimos un reportaje publicado en la revista Siete Días en 1973 y con las elecciones consumadas que dieron como vencedor a Héctor Cámpora, quien prometía la vuelta de Perón. “¿Cree que me harán algo?”, se preguntaba por entonces el escritor argentino, y pedía por el voto calificado.
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Las elecciones del 11 de marzo de 1973 dieron ganador a Héctor J. Cámpora, quien había prometido la vuelta de Juan Domingo Perón de España, luego de 17 años de proscripción. En esos días dos periodistas de la revista Siete Días, Jorge Lafforgue y Andrés Oppenheimer decidieron entrevistar a Jorge Luis Borges, acaso entonces el más notorio de los antiperonistas.


En “Cartografía personal”, de donde está tomada este fragmento de esa entrevista, Lafforgue –también con una larga carrera como editor–, quien trató con frecuencia a Borges (de cuyo nacimiento se cumplieron 120 años el 24 de agosto pasado), recuerda que al final de esa conversación terminó acompañando al escritor hasta su casa en calle Maipú 942 y que un Borges con mano trémula tomó el brazo del entrevistador y preguntó: “¿Creen que me harán algo?”


El reportaje que se reproduce aquí, por las respuestas provocadoras de Borges, por la ligereza que le dieron los periodistas, fue muy famosa y citada.


Al presentar el texto, casi treinta años más tarde, Lafforgue especula cuál era el ánimo de Borges al conceder aquellas palabras y escribe: “Aquél día conjeturé que Borges muy probablemente se haya dicho: no vale la pena defraudar a estos dos jóvenes que pretenden hurgar en mi incomodidad, y tal vez reírse un poco a costillas mías; daré vuelta la taba. El tono zumbón, las reiteradas exageraciones, los irritativos dislates, ese humor sin claudicaciones, ¿no configuran acaso una chanza fenomenal? La carcajada de un tímido, pero nada tonto”.


La entrevista comienza con los temores de que el nuevo gobierno peronista lo echase de la Biblioteca Nacional, donde había sido nombrado director por las autoridades de la Revolución Libertadora de 1955.


“Antes –dice Borges– Perón no tenía nada que vengar. Cuando asumió el poder, en 1945, tuvo todo en sus manos como para realizar un excelente gobierno y no tenía por qué perseguir a nadie. Sin embargo, lo hizo. ¡Imagínese ahora, con diecisiete años de rencor!

 

—Pero en esa época no planteaba, como hoy, un programa de pacificación nacional...

 

—¿Pacificación nacional? La verdad, no se nota. Si usted oye las manifestaciones, se dará cuenta de que no se trata de gente contenta. Se trata de gente muy enojada.

 

—En todo caso, ¿ese enojo no podría tener alguna justificación?

 

—No, para mí no tiene ninguna razón.

 

—¿No exagera usted un poco?

 

—La mayoría de esos muchachos no han conocido aquello. Son partidarios de todo lo que hizo Perón. Y bueno, vamos a ver. ¿De qué ha vivido Perón durante los últimos diecisiete años en España? ¿Dando lecciones de castellano? Creo que no. Aun suponiendo que haya vivido muy modestamente, cómo se ha ganado la vida? Nadie lo sabe. O mejor dicho, todos lo sabemos demasiado bien. Y todo lo demás, los robos, los crímenes y las persecuciones son hechos indudables.

 

—¿A qué atribuye, entonces, el hecho de que más de seis millones de argentinos lo hayan votado?

 

—La mayoría de la gente es tonta. A mi me repugna la idea de que una persona permita que le digan “Perón, Perón, qué grande sos!” Ese tipo está loco o es un imbécil. Si a mí alguien me dijera: “¡Fulano de tal, que grande sos!”, yo le respondería: “Bueno, vea, amigo, cambiemos el tema...

 

—Sus críticas apuntan a la persona de Perón, pero nunca hacen hincapié en la doctrina justicialista.

 

—Es que no existe ideología justicialista alguna.

 

—¿Acaso no asoció usted alguna vez el peronismo al fascismo?

 

—Alguna similitud existe. Mire, yo detesto a los comunistas, pero por lo menos tienen una teoría. Los peronistas, en cambio, son esnobs.

 

—Una indiscreción: ¿por qué votó en las elecciones del 11 de marzo?

 

—Mire, yo tenía tan poco interés en votar... Y, cuando se lo comenté a mi madre, ella me dijo que tenía muchas ganas de sufragar, pero que su enfermedad se lo impedía. Entonces le pedí la boleta y –con la promesa de no abrir el sobre– deposité el voto en la urna.

 

—¿Sabe entonces por quién votó?

 

—Mi madre me dijo luego que por la Nueva Fuerza (fundado por Álvaro Alsogaray, el partido no superó el 2% de los votos en las elecciones generales de 1973, en las que presentó la fórmula Julio Chamizo-Raúl Ondarts para la presidencia).

 

—¿Le satisfizo la elección?

 

—Bueno, no me arrepiento; pero pienso que fue un voto perdido. Yo hubiera votado por los radicales, no por Balbín sino para hacer fuerza contra el peronismo.

 

—En otra época, sin embargo, usted mostró más afecto hacia el radicalismo. Por ejemplo, es sabido que en 1928 promovió un comité de apoyo al presidente Yrigoyen.

 

—Es cierto, y creo que fue un gran error. Más que nada lo hice basándome en el hecho de que mi abuelo fue muy amigo de Leandro Alem. Fue un comité genealógico, como ustedes ven. Además, tenía una idea romántica de Yrigoyen.

 

—De los gobiernos de la última década, ¿cuál es el que más se aproximó a sus expectativas?

 

—Ninguno, todos se dedican al turismo y a viajar rodeados de grandes séquitos. He tenido oportunidades de hablar con el presidente Arturo Illia, es verdad, y me pareció un caballero.

 

—Pero los siete años de gobierno militar, ¿no le parece que fueron destructivos?

 

—Yo pienso que el país está en decadencia desde la Ley Sáenz Peña.

 

—¿Cómo?

 

—Claro, es absurdo que todo el mundo pueda votar e intervenir en el gobierno.

 

—¿Qué tipo de Estado desearía?

 

—Un Estado mínimo, que no se notara. Viví en Suiza cinco años y allí, por ejemplo, nadie sabe cómo se llama el presidente. Yo propondría que los políticos no fueran personajes públicos.

 

—La abolición del Estado que usted propone tiene mucho que ver con el anarquismo.

 

—Sí, exacto, con el anarquismo de Spencer, por ejemplo. Pe ro no sé si somos lo bastante civilizados como para llegar a eso. Bien les decía recién: no me gustan las personas que se promocionan a través de la política. Son despreciables.

 

—¿Piensa seriamente que tal Estado es factible?

 

—Por supuesto. Eso sí, es cuestión de esperar doscientos o trescientos años.

 

—¿Y mientras tanto?

 

—Mientras tanto, jodernos.


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Miércoles 18 de Septiembre de 2019
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