Mundo
21-08-2019
El blindaje mediático en Brasil
Por qué medios anglo y progresistas como TheGuardian y el New York Times ningunean las gigantescas movilizaciones de estudiantes y docentes contra el plan privatizador de Jair Bolsonaro.
Aumentar tamaño del texto Reducir tamaño del texto Tamaño del texto normal

Brian Mier | Fair.org*


Cientos de miles de brasileños salieron a las calles de 211 ciudades el 13 de agosto para protestar contra los recortes de austeridad del presidente brasileño de extrema derecha Jair Bolsonaro y sus planes de privatización del sistema universitario público. Fue la tercera de una serie de huelgas nacionales educativas, denominada “los tsunamis de la educación”, organizados por sindicatos nacionales de estudiantes junto con gremios docentes afiliados a la Central Única de Trabajadores (CUT), la segunda mayor confederación sindical del continente americano.

 

Organizado desde la base por maestros, estudiantes de secundaria y universitarios, a través de miles de asambleas democráticas en todo el país, la comunicación entre activistas en los diferentes pueblos y ciudades aseguró que las protestas callejeras del 13 de agosto se escalonaran durante todo el día para lograr el máximo impacto. Comenzando en ciudades más pequeñas durante la hora pico de la mañana, con protestas de miles de personas, aumentaron de tamaño a medida que avanzaba el día, con multitudes de 30 a 50 mil personas en las ciudades más grandes como Recife, que culminaron durante la hora más álgida de la tarde en las tres ciudades más grandes de Brasil, con una multitud estimada en 100 mil personas, que cerraron la Avenida Paulista en el corazón del distrito financiero de San Pablo.

 

Allí, en lugar de los habituales bocinazos de los autos, grupos de adolescentes bailaron y cantaron cosas como: “Quiero educación, quiero ser inteligente, para estúpido ya tenemos a nuestro presidente”. Miles de personas mayores salieron en solidaridad con los maestros y los estudiantes, en una atmósfera de esperanza contra el proyecto subfascista de Bolsonaro y su intento de purgar el sistema educativo de pensamiento crítico a través de un resurgimiento de la vieja figura nazi del “marxismo cultural”.

 

En resumen, parecía el tipo de evento perfecto para que periódicos como TheGuardian y el New York Times se sintieran a gusto de compartir con sus lectores liberales. Al fin y al cabo, después de los Estados Unidos, Brasil es la nación más poblada, más grande en el área y más rica del continente. Asimismo, ambos periódicos han tenido posiciones editoriales en contra de Bolsonaro y critican regularmente sus abusos contra el medio ambiente y contra los derechos humanos. También, ambos periódicos han publicado numerosos artículos celebrando el espíritu de los jóvenes manifestantes en Hong Kong y Venezuela en los últimos meses sazonados con citas inspiradoras y fotografías cercanas desde el llano.

 

Lamentablemente, este no fue el caso. TheGuardian, que publicó dos artículos sobre protestas más pequeñas a favor de Bolsonaro en mayo, con fotos de los manifestantes disparados desde abajo para que parecieran heroicas, ni siquiera lo mencionó. El New York Times publicó un suelto de 129 palabras de la AP que redujo el número de ciudades donde tuvieron lugar las protestas, y dice que eran más pequeñas que las protestas del tsunami de la educación en mayo (objetivamente correctas, pero contextualmente engañosas, ya que todavía eran enormes).

 

El tema de la falta de reportes y el ninguneo de las protestas de la llamada “izquierda organizada” de Brasil –los sindicatos y los movimientos sociales populares que conforman la base de apoyo tradicional del Partido de los Trabajadores– es un problema histórico. Una de las principales causas de esto es que las organizaciones responsables de generar números oficiales de multitudes en Brasil son sus fuerzas estatales de seguridad, históricamente neofascistas.

 

La policía militar de Brasil, que dirige milicias del crimen organizado y escuadrones de la muerte, vende armas a las pandillas de narcotraficantes y comete torturas y ejecuciones sumarias a razón de cinco por día solo en Río de Janeiro, es responsable de proporcionar números de multitudes.

 

Los medios de comunicación tradicionales de Brasil, como Globo TV, que fue creado por la dictadura militar de 1965-1985 como un medio de control social y son casi tan conservadores, siguen su ejemplo. Esto explica por qué, por ejemplo, las protestas de tamaño similar a favor y en contra de la destitución ilegal de la presidenta Dilma Rousseff en marzo de 2015, podrían reportarse en los medios, respectivamente, como 1 millón y 9 mil.

 

Todos en la comunidad corresponsal extranjera saben que la policía militar brasileña no es un juez imparcial a la hora de medir el tamaño de una multitud. Sin embargo, cuando los periódicos en inglés de estados Unidos o Gran Bretaña informan sobre protestas progresistas en Brasil, tienden seguirles el juego.

 

Durante el período previo a las elecciones presidenciales de 2018, cientos de miles de mujeres salieron a las calles de ciudades de todo el mundo en las protestas #EleNão contra Bolsonaro. En la ciudad de San Pablo, se estima que unos 150 mil llegaron a Largo da Batata, y se produjeron protestas en otras 30 ciudades de todo el estado, que alberga alrededor del 20% de la población total de Brasil. La Policía Militar del Estado de San Pablo decidió simplemente no divulgar los números de las multitudes. Otros estados siguieron su ejemplo, y no agregaron cifras de ninguna de ellas en la estimación total.

 

Los corresponsales extranjeros sabían esto: se explicaba claramente en todos los periódicos brasileños. Sin embargo, el New York Times habló de “multitudes de decenas de miles” y The Guardian lo llamó “miles“. Estos números artificialmente desinflados dieron la falsa impresión de que la resistencia de las mujeres a Bolsonaro resultaba más débil de lo que realmente era.


El ninguneo de las protestas de la izquierda es un problema tan persistente en los medios de comunicación brasileños que durante los últimos cinco años, colectivos activistas, medios como Midia Ninja y JornalistasLivres (Periodistas libres), que tienen millones de seguidores en las redes sociales, han enviado voluntarios a todas las principales protestas alrededor del país para filmar y fotografiar tamaños de multitudes. Los sindicatos ahora hacen lo mismo, y todos comparten la información en línea.

 

Cuando, por ejemplo, la Confederación Nacional de Trabajadores de la Educación anunció, como lo hizo el 14 de agosto, que las protestas tuvieron lugar en 211 ciudades, cualquiera podía acceder fácilmente a su sitio y ver fotos y videos de cada ciudad que respaldaban su reclamo. Entonces, ¿por qué los periodistas gringos nunca cuestionan los números oficiales? Aún más importante, ¿por qué decidirían no informar sobre eventos como el Tsunami de Educación del 13 de agosto? ¿Es solo un informe descuidado?

 

La remuneración de los periodistas independientes ha disminuido significativamente en los últimos diez años, y muchos corresponsales no tienen un conocimiento completo del portugués. ¿Podría ser simplemente que son demasiado inexpertos para cuestionar lo que se informa en los medios comerciales comprometidos ideológicamente de Brasil? ¿Podría su salario ser tan bajo que simplemente parafraseen artículos de periódicos brasileños?

 

El problema es más grande que los defectos individuales con corresponsales extranjeros. Al igual que Trump y el primer ministro británico, Boris Johnson, Jair Bolsonaro representa lo que George Monbiot definió como un “payaso asesino” (Guardian, 26/07/19). Según Monbiot, los payasos como Bolsonaro proporcionan distracción y desviación para las élites. “Mientras que los cleptócratas nos abandonan –dice– se nos insta a mirar a otro lado”.

 

Mientras que los medios comerciales nos distraen con historias de horror sobre Jair Bolsonaro, el payaso asesino, sus anunciantes corporativos están haciendo miles de millones por la desregulación de los pesticidas y la privatización de los fondos de minería, petróleo y pensiones en Brasil. Cabe preguntarse si estos periódicos realmente quieren que Bolsonaro deje el cargo. ¿Podrían desear que se quede porque priorizan incentivar el número de clics sobre el comportamiento payaso de Bolsonaro en lugar de mostrar solidaridad con las personas que luchan contra su gobierno?

 

Independientemente de los motivos, una cosa es segura: minimizar e ignorar la resistencia organizada respalda el proyecto subfascista de Bolsonaro para Brasil y las corporaciones estadounidenses que se benefician de él.

 

* El original en: Bit.ly/2ZhcppP

Traducción: Pablo Makovsky | CdS

Dejanos tu comentario...

Martes 14 de Julio de 2020
La pandemia en Brasil
Pandemia y ciudad
La abanderada del odio
Renta básica, un experimento
Internacionalizar la crisis
Evitar una catástrofe financiera global
El mundo según Bill Gates
El mundo acelerado
Coronavirus: lo que aún no se sabe
Lo que el pentágono sabía
Capitalismo pandémico
El peligro de una segunda ola
Un nuevo orden mundial
Mujica
Jugar contra el prejuicio
Economía parasitaria
Por qué se lame el perro
Eros y civilización
Maten al rugbier
foto