Sociedad
03-07-2019
El hermano mayor

El Tuerto Ramos se entregó a la policía y fue acusado como organizador de la banda mixta cuando su hermano Alvarado se convirtió en prófugo como instigador de un crimen. Cumplió condena por el mismo rol pero en una organización narco que contrabandeaba marihuana desde el Paraguay en avionetas.

 

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Alberto Carpintero | Cruz del Sur

 

Flamante ex convicto tras haber cumplido 12 años de cárcel como organizador de una banda narco que contrabandeaba marihuana desde Paraguay hacia distintas ciudades de la Argentina e incluso, según la hipótesis de la pesquisa, a Chile, Gustavo “Tuerto” Ramos vuelve a encarnar esa figura jurídica, ahora en la Justicia provincial: tras entregarse ante la Tropa de Operaciones Especiales, el hermano mayor de Esteban Alvarado fue formalmente acusado de ocupar ese rol clave en la asociación ilícita con apoyo policial que comenzó a desbaratarse tras el crimen del prestamista Lucio Maldonado y con el arresto, en febrero último, de Alvarado en Córdoba, bajo sospecha de instigar este crimen, de comandar la banda mixta con un cuantioso patrimonio movido por nueve empresas y de orquestar tres intimidaciones públicas a blancos judiciales destinadas a desviar la pesquisa hacia la banda de Los Monos y un ex allegado que se convirtió en testigo de identidad reservada.

 

Según los fiscales Matías Edery y Luis Schiappa Pietra, del material probatorio obtenido desde mediados de noviembre pasado sobre la banda de Alvarado se desprende que, apenas este hombre que cumplía los últimos meses de una condena a seis años y medio como jefe de una banda de ladrones de autos en el Gran Buenos Aires se convirtió a fines de ese mes en prófugo, Ramos, tres años mayor, quedó encargado de las operaciones de la asociación ilícita, compuesta por un grupo dedicado a las acciones violentas y la inteligencia, otro integrado por policías destinado a la contrainteligencia y a garantizar impunidad, y un tercero compuesto por cinco sociedades y cuatro empresas unipersonales que, bajo una fachada legal, se presume que lavaba dinero e, incluso, comercializaba marihuana.

 

Ramos habló durante la imputación: dijo que la única razón por la que está sentado en el banquillo es por su vínculo familiar con Alvarado. Su defensa pidió que cumpliera la prisión preventiva por dos años que le dictó la Justicia en el penal de la Jefatura de San Lorenzo. Pero Edery se opuso: “Hay evidencia que muestra la existencia de contactos de Alvarado con miembros de la fuerza de seguridad en San Lorenzo”, lo que hace presumir que se sumarán más uniformados a los cuatro ya imputados.

 

La evidencia de Fiscalía está dada por mensajes de Whatsapp a través de los cuales Alvarado le daba directivas a Ramos, como vender un vehículo, la manera de facturar una operación o el pago a clientes. También mensajes vía Telegram, en que le decía que había que cerrar una de las empresas -todas están vinculadas con transporte, venta de vehículos y logística- y vender los camiones. Asimismo, diálogos entre algunos de los (hasta ahora quince) integrantes de la asociación ilícita en los que queda claro que Alvarado había decidido al profugarse que el Tuerto, también propietario de una firma de transporte, quedara al mando.

 

La causa narco


Ramos había caído preso a principios de 2007 con otros tres hombres en la ruta 9, cerca del peaje de la localidad santafesina de Correa, en el marco de un procedimiento federal con epicentro en Córdoba, que dejó como saldo la incautación de 116 kilos de marihuana, tras el secuestro de una avioneta incendiada en la localidad mediterránea de Quilino, dos años antes.

 

Los otros detenidos fueron identificados como padre e hijo domiciliados en el barrio Ludueña de Rosario, Alfredo y Daniel Diecidue (el primero falleció antes de que el caso llegara a sentencia), y Claudio Marchetti, un piloto de la localidad cordobesa de Colonia Caroya. La droga (se presume que en total eran 500 kilos) había arribado, el 13 de marzo, a un campo de la localidad cordobesa de Noetinger y fue luego trasladada a Landeta, en el departamento santafesino de San Martín.

 

El jefe de la banda era Mario Baldo, un productor agropecuario que a la vez era piloto de avión y también de rally, y tenía un desarmadero en Jesús María, quien recibió 12 años de cárcel, al igual que los rosarinos Ramos y Diecidue padre, también como cabezas de la organización que contrabandeaba marihuana desde el Paraguay, mientras que Marchetti recibió diez años y al productor rural Raúl Baratti le dieron dos años en suspenso, por encubrimiento, porque en su campo de Landeta hallaron bidones con combustible y un embudo diseñado especialmente para abastecer aviones en marcha.

 

El caso también derivó en la condena de un piloto de la Patrulla Aérea de la Policía cordobesa, el subcomisario Martín Sarmiento, penado con dos años y medio de cárcel por tráfico de influencias: le pasó información a Baldo sobre la investigación. En el juicio, desarrollado en 2009, Ramos admitió que siempre había contrabandeado cigarrillos, pero jamás marihuana. El tribunal consideró que era el encargado de vender y distribuir la droga. En una escucha, Marchetti le dice a Ramos: “Hacé desaparecer los repuestos”, lo que fue interpretado como una referencia a la droga, que al ser incautada fue identificada, también, como de la variedad “Pinito Puro 100%”.

 

Un mes antes de ser detenido en el peaje de Correa Ramos había sido detenido en el desarmadero de Alvarado, ubicado en Chaparro al 1100 (en la zona de Mendoza al 7700). Una investigación de la comisaría 2ª sobre el robo de una cupé Ford Taunus en el centro derivó en el hallazgo de tres autos que, según la acusación, estaban listos para que les cambiaran el número de chasis, lo que en la jerga del hampa se conoce como poncho. Ambos fueron acusados de encubrimiento agravado de robo automotor. Por entonces, Ramos tenía antecedentes por lesiones y robo calificado.

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