Sociedad
12-06-2019
Un capo narco con aporte policial
Alvarado está convicto por robo de autos y preso por instigar el crimen de un prestamista. En los últimos días sumó imputación por liderar una asociación ilícita que integraban cuatro policías de máxima confianza de la Fiscalía.

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Alberto Carpintero | Cruz del Sur

Esteban Alvarado tiene 43 años y décadas de experiencia en el mundo del hampa, en el que se inició con el contrabando de cigarrillos desde el Paraguay, aseguran allegados. Se especializó en el robo de autos y por eso fue condenado en Buenos Aires y Santa Fe. Amplió su operatoria al mundo narco, aunque hasta el momento no hay investigación formal de la Justicia federal sobre su persona. Semejante actividad le deparó un ingreso incesante de divisas que le generó un cuantioso patrimonio volcado en bienes inmuebles y en al menos cinco empresas dedicadas al transporte, la logística y la comercialización de autos a nombre de testaferros.


La leyenda lo ubica ordenando ataques y homicidios pero recién con el crimen del prestamista Lucio Maldonado, un hombre también vinculado con la compraventa de vehículos, en noviembre pasado, pasó a estar formalmente acusado. Está preso desde el 1° de febrero, cuando lo arrestaron en Córdoba: entonces arrojó su teléfono Iphone al lago del embalse Río Tercero pero un policía logró rescatarlo. Los mensajes de Telegram, recuperados en los Estados Unidos, lograron desentrañar una compleja operación de contrainteligencia que Alvarado desplegó con la intención de desvincularse del crimen de Maldonado y a la vez culpar a Los Monos.


Para ello determinó una nueva serie de balaceras sobre edificios judiciales, y la vivienda de una empleada de la Fiscalía que lo investigaba, con un aporte invalorable: dice la Fiscalía que compró la voluntad de cuatro policías de máxima confianza de la Unidad de Gravedad Institucional del Ministerio Público de la Acusación para plantar evidencia y desviar la pesquisa, quienes desde la semana pasada están presos y sospechados de formar parte de una asociación ilícita liderada por Alvarado e integrada por al menos otros seis civiles, también detenidos. Aunque los fiscales ya aclararon que hay más personas involucradas, entre ellas otros uniformados.


Los fiscales Matías Edery y Luis Schiappa Pietra imputaron a Alvarado y a los policías Martín y Marcelo Rey, Pablo Báncora y Jorgelina “Pepo” Chaves por conformar una asociación ilícita. También al civil Marcelo “Fino” Ocampo. A ellos la jueza María Melania Carrara les dictó prisión preventiva sin plazo. A estos acusados se sumarán otros cinco civiles detenidos este lunes: Jorge Benegas (histórico hombre de Alvarado sindicado como su testaferro), Carlos Argüelles y Adrián Fernandez (ambos encargados de talleres mecánicos) y Leandro Suárez (encargado de una concesionaria). El quinto apresado tiene el mismo apellido que Fino, aunque no trascendió su nombre de pila y si es pariente del hombre ya imputado como mano derecha de Alvarado y encargado de la inteligencia en las balaceras.


Según Edery, Alvarado decidió “disfrazarse de mono y rociar a balas la ciudad” luego de que le allanaran la casaquinta del paraje Los Muchachos, en Piñero, y dictaran su captura por el crimen de Maldonado, secuestrado frente a su vivienda de barrio Tablada y cuyo cuerpo apareció frente al barrio Las Flores, a pocos metros del Casino, con tres tiros y un cartel: “Con la mafia no se jode”.
“Este plan debía contar con el apoyo de muchas personas, de personal policial, del cual acá hay sólo una parte, de profesionales, de una organización. Todo debió costar mucho dinero”, describió Edery este lunes al finalizar la acusación.


Alvarado eligió hablar, aunque no contestar preguntas: “Yo con el caso Maldonado aparezco en el allanamiento del día que caen a la casaquinta, siendo que el hermano de Lucio dio distintos nombres, tres o cuatro nombres, para que sigan las pruebas y nunca siguieron a nadie. Esperaron que llegue el día que apuntaron al campo y fueron, pidieron mi captura y me pusieron como investigado, siendo que yo con Maldonado nunca tuve ningún problema. Yo no pertenezco a ninguna asociación ilícita, ni como jefe ni organizador ni nada por el estilo. No conozco a ninguna de las personas, sólo a Ocampo, después a las otras personas –por los otros imputados– no las conozco”.


Como “El padrino”


Según la Fiscalía, Alvarado ordenó el crimen de Maldonado porque le había advertido que no comprara un terreno que a él le interesaba frente al río Paraná y el prestamista no le hizo caso. Una vez que la lupa se posó sobre él, ordenó tres ataques armados simulando la operatoria que Los Monos, banda con la que está enfrentado, llevaron adelante entre mayo y septiembre del año pasado. En diciembre, desconocidos atacaron a tiros los Tribunales y el Centro de Justicia Penal. En enero, dejaron una caja con la cabeza de un perro muerto (el fiscal Edery recordó la escena mafiosa de la película “El Padrino” donde tiran una cabeza de caballo sobre una cama) frente a la casa de una empleada de Fiscalía que lo investigaba y días más tarde atacaron a tiros la vivienda.


Según la acusación fiscal, en la que colaboraron la Tropa de Operaciones Especiales y Asuntos Internos, Alvarado plantó evidencia a través de los policías para implicar a Leandro “Chulo” Olivera, un hombre de la banda de Los Monos que luego cayó preso por la primera saga de balaceras y a otro, que había sido su allegado, convertido en testigo de identidad reservada, a quien quería perjudicar.


Martín Rey era el jefe de la brigada operativa de la Policía de Investigaciones y en tal función incluso encabezó conferencias de prensa. Para la Fiscalía, plantó evidencia para incriminar a terceros desviando la investigación sobre el verdadero Volkswagen Up que tuvo participación en el ataque a tiros de Rioja al 500. También lo acusan de intentar incriminar a un hermano de Maldonado en el pedido de un allanamiento para una vivienda de la localidad de Pueblo Esther. Y de plantar celulares, junto con su hermano Marcelo, con el mismo fin, en otro operativo.


Pablo Báncora envió un mensaje de whatsapp al celular de su colega Jorgelina Chaves, a quien le informaba datos de Olivera para vincularlo con la segunda saga de balaceras. Ambos policías insistieron en varias oportunidades para que los fiscales intervinieran ese teléfono. Al primero le imputan haber advertido a hombres de Alvarado sobre allanamientos y de haber avalado la versión trucha que implicaba al hermano de Maldonado.

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