Política
08-05-2019
La grieta vuelve a repartir votos

El politólogo Diego Añaños analiza en esta entrevista el mapa electoral que dejaron las PASO, lo que se juega en las generales de junio y el escenario de polarización que madura a nivel nacional. “Avanzamos hacia unas elecciones como las de 2015, en las que se profundiza la polarización”, dice.

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Pablo Makovsky | Cruz del Sur

 

Las últimas primarias –consideradas por los analistas una encuesta definitiva sobre el panorama eleccionario– dejó más dudas que certezas. Sobre estas cuestiones respondió Diego Añaños, politólogo dedicado a la Economía, docente en la Facultad de Ciencia Política de la UNR. “Avanzamos hacia unas elecciones como las de 2015, en las que se profundiza la polarización”, dice.

 

—La pregunta puede parecer obvia, pero intenta identificar los números con situaciones concretas. Cuando se dice que la actividad industrial cayó interanual más del 13% e intermensual un 4,3%, ¿qué significa en términos de empleo, de consumo, de personas afectadas? El cierre de Electrolux es un ejemplo?

 

—Cuando se dice que cayó el nivel de actividad significa que la cantidad de transacciones que se llevan adelante en cada actividad están retrocediendo. Lo visualizamos en el corto plazo en la cantidad de operaciones y en el mediano y largo plazo en la magnitud del empleo, en las empresas que cierran, Electrolux es un ejemplo, el cierre de la planta de Arcor que se está anunciando y tantas otras tienen que ver fundamentalmente con que lo que está faltando es mercado. Hay menos mercado a nivel global –porque las economías están en retracción y se están cerrando– y tenemos menos mercado interno porque está cayendo el nivel adquisitivo de los trabajadores o hay trabajadores que se están quedando sin trabajo. El único incentivo de las empresas para crecer es tener una demanda efectiva creciente, si esa demanda no crece ¿cuál sería el incentivo? El cierre, y el caso de Electrolux es un ejemplo.

 

—Durante el gobierno de Lifschitz la provincia mantuvo el volumen de la obra pública y otras medidas para impulsar la actividad económica, ¿qué creés que faltó a nivel provincial en ese sentido?

 

—No hay tantas cosas que pueda hacer la provincia cuando el marco global no funciona. Puede hacer pequeñas cosas como por ejemplo sostener la obra pública, pero el grado de incidencia que tiene eso sobre el total de la economía es mínimo. Por lo cual es poco probable que una provincia pueda sostener de otro modo que no sea mediante la obra pública, o aumentando la cantidad de empleo público hacer algo que vaya en contra de lo que ocurre a nivel país.

 

—Tras 30 años, el socialismo no va a gobernar la ciudad, ¿creés que es una señal que puede influir de algún modo en la carrera a la Casa Gris? ¿Cómo analizás esa situación?

 

—En realidad está por verse cómo va a ser el impacto real, cómo va a redireccionar su voto dentro de la interna buena parte del socialismo. Es algo que estamos aprendiendo en el camino porque nunca ocurrió. Está claro que si bien (Miguel) Lifschitz y (Antonio) Bonfatti hicieron una gran elección, estuvieron muy lejos de los 700 mil votos que sacó alguna vez la lista de los diputados provinciales con Bonfatti, quiero decir: evidentemente alguna merma en la cantidad de votantes ha tenido el socialismo y es probable que eso haya permitido también que creciera el peronismo. Está por verse. Ha ocurrido ya en otras oportunidades que la interna peronista se ha llevado la mayor parte de los votos y luego, en las generales, venció el Frente Progresista. Probablemente el cambio que ha habido en Rosario genere algún cambio de comportamiento en alguna parte del electorado socialista en particular.

 

—Las elecciones en Santa Fe fueron bastante particulares, ¿cómo interpretás los resultados de estas PASO? Con casi un 28% de ausencia en las mesas de votación y ya sin internas, ¿cómo pensás que van a distribuirse en junio los votos?

 

—Los resultados de las PASO en Santa Fe marcan algunas cuestiones que eran más o menos previsibles. La primera, que no es para nada sorpresiva, tiene que ver con el fuerte deterioro que viene sufriendo en general Cambiemos en todo el país –esto se hizo muy notable en Rosario– y el deterioro que por otro lado viene sufriendo el Frente Progresista y que probablemente tenga que ver con el paso del tiempo. Simplemente con la percepción de que hace mucho tiempo que está gobernando en la ciudad como en la provincia. Es todo un enigma qué es lo que puede llegar a pasar con esos 250 mil votos, según dicen algunos, que se van a agregar en las generales. Imposible dilucidarlo ahora.

 

—Claro que ninguna crisis se repite en los mismos términos, si tuvieras que caracterizar la crisis actual, ¿la compararías con la de 2001 o la de 1989?

 

—Si bien todas son crisis, y son crisis fruto de un conjunto de determinadas políticas asociadas a lo que conocemos como neoliberalismo o Consenso de Washington, cada una tiene sus particularidades. La crisis del 89 tiene obviamente un componente altísimo vinculado a las políticas de la dictadura y al deterioro que viene sufriendo la economía argentina, hay que pensar que entre el año 80 y el 91 la economía argentina no crece, ahí hay parte de la explicación y tiene que ver con la herencia derivada de la dictadura más un conjunto de malas decisiones tomadas luego del primer intento alfonsinista, con Bernardo Grinspun. La crisis del 2001-2002 tiene características diversas pero recordemos, a diferencia de esta crisis, que se venía cocinando también en el largo plazo, llegamos a la crisis de 2001 luego de 17 trimestres en fila de recesión. Nosotros estamos viendo una aceleración de esos tiempos. En mucho menos tiempo la situación se está deteriorando de una manera mucho más notable que lo que pasó en las crisis anteriores. Ahora, si bien las condiciones objetivas para que exista una crisis –los datos duros de la realidad– nos dicen que estamos a las puertas de una crisis terminal, también es cierto que no hay condiciones subjetivas, no hay percepción a nivel popular, o no hay comprensión de la gravedad de la situación por la que atraviesa Argentina en estos momentos y eso le da características distintas.

 

—¿Cómo ves la alianza con Lavagna?

 

—No tenemos seguridad de que Lavagna vaya a ser candidato todavía. Lavagna anda dando vueltas, hizo algunas ofertas, se presenta como un candidato. La mayor parte de los analistas tiene la idea de que lo de Lavagna tiene mucho más que ver con una operación fogoneada desde el macrsimo para generar una opción que pesque en la misma pecera de votos que pesca el kirchnerismo. Ya el hecho de pensar que Lavagna es una persona cercana a los 80 años, tener que encarar una campaña, cuatro años de gobierno –desde una perspectiva física antes que intelectual–, se me hace difícil visualizar la candidatura.

 

—¿Cómo interpretás que jugó y cómo jugará la grieta en los comicios de junio?

 

—Lo de la grieta merece un capítulo aparte, en uno de los programas que hacemos con Coco López (Radio Universidad) le dedicamos un par de horas a hablar del tema. Porque parece que la grieta empezó en 2013 y en realidad es parte de la historia argentina. Siempre existieron grietas, desde la Primera Junta, pasando por los conservadores y radicales, peronistas y antiperonistas; ha habido tantas grietas que plantear que comenzó en 2003 me parece restringir o sesgar el análisis. El efecto: se ha profundizado y da toda la idea de que avanzamos hacia unas elecciones parecidas a las de 2015, en el sentido de que se profundiza la polarización.

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Miércoles 16 de Octubre de 2019
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