Cultura
03-08-2016
"El chamamé es mi fuerza de gravedad"
A una semana de volver a Rosario para presentar en Teatro el Círculo su nuevo disco "Otras Músicas", el Chango Spasiuk dialogó con Cruz del Sur sobre ese trabajo que revela otra faceta suya; la de compositor de músicas para películas y que, de postre, contiene una versión propia de un tema del Flaco Spinetta.
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Sebastián Stampella | Cruz del Sur

 

Al otro lado del teléfono el Chango Spasiuk suena calmo, con una predisposición a la charla distendida muy poco común entre los artistas que llegan a una ciudad para hacer la prensa de un show. Aunque en cuestión de minutos tenía que entrar al estudio de televisión donde lo iban a entrevistar en vivo, en ningún momento se mostró preocupado por apurar la entrevista. Así, cada respuesta llegó con la misma cadencia que le imprime a “Pequeños Universos”, el genial programa que conduce en el canal Encuentro.


El viernes 12 este misionero oriundo de Apóstoles que abrió el chamamé al mundo y expandió los límites del género presentará en El Circulo su último disco. Se trata de “Otras músicas”, un trabajo en el que revela otra faceta suya; la de compositor de músicas para películas y que, de postre, contiene una versión propia de un tema del Flaco Spinetta.


—¿Cómo llevás a los escenarios un disco como Otras músicas?


—Un disco es una herramienta de comunicación. Es una manera de mostrar lo que uno está haciendo, y yo a partir de eso salgo de manera artesanal a visitar lugares para tocarlo en vivo. El ochenta por ciento del repertorio de ese disco lo voy a hacer en vivo, aunque eso no significa dejar de tocar las otras músicas mías. Un proyecto no anula los otros. Pero la punta de lanza es este proyecto, un disco donde además del acordeón hay mucho protagonismo del piano y que cuenta con los sonidos del contrabajo, guitarra, violín, percusión, y la hermosa voz de la cantante Lorena Astudillo. Estas otras músicas amplían el espectro y hacen que ese abanico de texturas sonoras sea más rico.


—Este disco tiene la particularidad de que reúne distintas músicas que compusiste para películas.


—Sí, son músicas que hice para películas, documentales y series de distintos directores a lo largo de 10 años. De tanto escucharlas y disfrutarlas me pregunté por qué no compartirlas con la gente y volcarlas en un disco para demostrar que entre proyecto y proyecto también hago esto. Gran parte de esta música nunca la toqué en vivo porque recién lo estamos poniendo a punto. Después de un concierto en Córdoba y Neuquén vamos a llegar aceitados a Rosario. El compilado que armé reúne 16 canciones: 14 son mías y 2 son bonus track. Uno de ellos es la versión que hice del tema de Luis Alberto Spinetta, “Seguir viviendo sin tu amor”.


—En Tarefero de mis pagos o Polcas de mi tierra pintaste tu aldea con la música y la tradición del norte del litoral. ¿El público que te sigue es receptivo a trabajos de otra naturaleza como los que estás presentando ahora?.


—Lo que pasa es que a estas Otras músicas no las estoy llevando a tocar a un festival de domas. Uno tiene que tener la coherencia de entender que hay proyectos que no van con determinados tipos de conciertos. En rasgos generales la gente que escucha mi música es muy considerada y muy respetuosa, justamente, de esta amplitud y diversidad de la que está hecha mi propuesta. Disfrutan y agradecen que yo comparta este lado, que en vez de guardarlas las abra. No es el mejor ni el peor disco mío, como tampoco se trata de hacer una cosa para dejar de hacer otra.


—¿Notás cierta obsesión por parte de la industria o de la crítica por dudar si poner tus discos en las bateas de folclore o en las de la llamada world music? ¿Hay mucho de prejuicio en eso?


—Yo soy un músico del chamamé que nació de esa tradición, lo cual es algo que no me genera ningún conflicto. Hay proyectos en los cuales no estoy tocando el chamamé en su manera tradicional pero indudablemente es mi tradición y mi lenguaje. Desde ahí que yo trato de llevar adelante diferentes trabajos, aunque no necesariamente esté tocando esos ritmos. Yo crecí en esa tradición, defiendo ese lenguaje y soy un enamorado de todo eso. Nunca he estado en conflicto con el género sino que he tratado siempre de encontrar mi propia voz y de buscar la belleza. Uno gira en el circuito de la world music pero haciendo chamamé. Porque no hay un circuito de chamamé en el mundo sino un ámbito en el que circulan muchas músicas. Si me abren las puertas y me dan un espacio para expresarme, yo voy y toco. Después depende de mí explicar, dentro de ese contexto, cuál es la tradición de donde vengo. Fue muy bello para mí ir a recibir el premio que me dio la BBC, y el disco por el cual me premiaron es “Tarefero de mis pagos”. Lo que importa es eso, que dentro de ese contexto lleve mi tradición. Uno tiene que aprender a correrse de los clichés y los estereotipos que tanto han marcado a los músicos de chamamé. Cuando era más chico me preguntaban por qué siendo joven tocaba el acordeón o por qué hacía chamamé. ¿Por qué no preguntarse y hacer grandes reflexiones filosóficas desde un lenguaje como el del chamamé en vez de asociarlo solamente con el baile? Es casi una lectura infantil limitarlo a eso; es una música en la cual converge el jesuita tocando música barroca en la selva con los guaraníes, con un pueblo tan sutil y en donde aparece la añoranza y la melancolía del inmigrante. ¿Cómo esa música no va a tener algo de filosófico, como no va a ser trascendental? ¿Cómo la vamos a limitar a que se toque a las cuatro de la mañana en un festival? Entonces uno, corriéndose de esos clichés, busca su sonido. En el camino, si miro para atrás, veo que he hecho conciertos horribles, discos horribles. Me dan como cierta ternura hoy en día. Pero entiendo que había que pasar por ahí para estar hoy aquí. A Benjamin Franklin le preguntaron cómo se sentía por haber llegado a la lamparita después de fracasar como cien veces. Y él respondió que no había fallado cien veces sino que se trataba de un experimento de cien pasos. Es así, uno aprende en el camino y muchas veces se trata de romper para volver a construir.


—Al tema que te pidieron para incluir en un disco de versiones folclóricas de Spinetta te lo rebotaron por considerarlo, justamente, poco folclórico. ¿Qué interpretación hacés de eso?


 —Yo creo que ellos esperaban otra cosa de mí. Por eso la otra vez en una entrevista dije que seguramente querían que llame al conjunto Ivotí para que metan un sapucay en el medio de la versión. Por más que me esfuerce, mi versión no va a sonar rockera, así como por más que un rockero se esfuerce su versión no va a salir folclore. No importa, aunque ese tema quedó marginado del proyecto fuera del proyecto para el que iba a ser incluido lo guardé y lo incluí en este disco mío. Es un buen homenaje a una persona tan hermosa y generosa como Spinetta.


—¿Van a seguir saliendo nuevos capítulos de Pequeños Universos, tu ciclo de documentales en Canal Encuentro?


 —A partir de septiembre van a salir cinco capítulos que hice y que estaban postergados desde el año pasado. A duras penas y con todos los esfuerzos pudimos terminarlos. Son capítulos muy bellos. Son dos viajes a Bolivia, dos a Chile, y uno a Apóstoles (Misiones), donde nací. En los más de setenta viajes que hicimos nunca había hecho “Pequeño Universo” en Apóstoles. Va a ser un programa muy simbólico y hermoso.


—¿Volvés seguido a Apóstoles? ¿Es un lugar con el que necesitás mantener contacto?


—No voy mucho, y menos desde que mis padres no viven. Estoy en contacto con mis hermanos pero no viajo seguido. Si tuviese esa nostalgia de sufrir no podría ni caminar, entonces trato de valorar mucho lo que tengo ahora y lo que le da significado a lo que hago hoy. No hablo sólo en cuanto a lo que hago con mi trabajo sino sobre el lugar en donde me puso la vida. Si no fuera así, viviría fragmentado: estaría acá queriendo estar allá, y viceversa. Yo estoy acá y lo agradezco. Lo importante va conmigo; mi relación con todo lo vivido allí hasta mis 20 años es algo que no me lo quita nadie. Me gusta ir en verano porque disfruto de ese calor de allá, donde está todo fuera de foco, y dormir una siesta y levantarme como abrumado. Eso me encanta y es lo que más extraño. Trato de no perder conexión con eso.


—¿Y hacia dónde te gustaría llevar tu música, qué géneros te interesaría explorar?


—Más que otros géneros, experimentaría otras estéticas, que es muy diferente. Por ejemplo, podría tocar mi música con herramientas electrónicas, y eso no significaría tocar otra música. Me gustaría intentarlo. Soy un gran defensor de la música de cámara, soy un enamorado de ese sonido, de lo acústico. Pero eso no me impide meterme con el sonido electrónico. Aunque lo haga, difícilmente salga del sonido que he encontrado últimamente. Creo que encontré un sonido camarístico y acústico como el que hoy tengo en mis formaciones, con violín, percusión, al que supongo que volveré todo el tiempo. Creo que la fuerza de gravedad de mi música está ahí y desde ahí posiblemente me mueva hacia muchos lugares para volver de nuevo a ese punto. Esa fuerza de gravedad es la tradición del chamamé.

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