Política
01-08-2019
El kirchnerismo también giró a la derecha

Eduardo Mulhall, candidato por el Nuevo MAS dice que Alberto Fernández y Mauricio Macri "no son lo mismo", pero advierte: "Van a confrontar con los trabajadores”.

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Pablo Makovsky


Eduardo Mulhall –nacido en octubre de 1955 en Mar del Plata– reside en Córdoba desde 1992, a donde llegó en 1992 después de ser despedido tras la lucha que se dio en San Nicolás, Buenos Aires, por la privatización de Somisa. Allí fue delegado y militante del Movimiento al Socialismo (MAS), partido del que uno de los fundadores en 1983, así como estuvo en el nacimiento de su antecesor, el Partido Socialista de los Trabajadores, en 1973.


Hoy es candidato a vicepresidente por el Nuevo MAS –cuya fórmula encabeza la única candidata mujer de estas elecciones, Manuela Castañeira. Dice que no son lo mismo la fórmula Alberto Fernández-Cristina Fernández de Kirchner y Mauricio Macri-Miguel Pichetto, pero que la de la expresidenta sólo tiene de programático impulsar el fin del gobierno de Macri. Como a principios de los 90, cuando su mismo partido –luego dividido y hoy en gran parte dentro del Frfente de Izquierda de los Trabajadores (FIT)– proponía “Trabajador vota a trabajador”, Mulhall, metalúrgico, delegado y protagonista de muchísimas luchas gremiales, reivindica el rol de los trabajadores y sus movilizaciones en los últimos años. Las conquistas logradas durante el kirchnerismo, señala, no fueron cosas que dio el gobierno, sino producto de esas movilizaciones donde pusieron el cuerpo, mujeres, hombres, jóvenes que eran quienes más sufrieron todos los ajustes y los cambios de modelo de un estado de bienestar que comenzó a desarticular con eficacia el menemismo.


Hoy es docente de materias técnicas en varios institutos cordobeses. Por esa provincia se presentó como candidato a gobernador en las elecciones de 2015 y obtuvo el 1,8 por ciento de los votos.


—¿En el actual panorama electoral, cómo afecta a los partidos más chicos la polarización de esta campaña?


—Para nosotros no hay esa tan mentada polarización. Polarización es cuando entre las dos expresiones políticas mayoritarias se llevan más del 80% del electorado y hoy eso no existe. Son elecciones Paso donde el efecto definición electoral no existe y lo otro es que las principales fuerzas políticas, tanto Macri, que expresa una posición más neoliberal total –es amigo del FMI, de Trump, el sector más de derecha– y por otro lado tenés a Fernández-Fernández, que si bien tiene un punto de diferenciación que es que si los votan a ellos se termina el gobierno de Macri, tampoco tiene propuestas muy claras, reales, plantea que van a cumplir con las deudas, no logra proponer una alternativa al desastre económico que deja este gobierno. Entonces este fenómeno está dejando tanto a los extremos por derecha y por izquierda a toda una franja de gente que se empieza a plantear salidas más de fondo. Está por un lado el fenómeno de (Luis) Espert pero también a la izquierda hay todo un sector de la población que empieza a ver en el FIT o el Nuevo MAS la posibilidad de una propuesta contra el sistema, de ruptura contra el FMI, la única candidata mujer, la pelea por el aborto. En ese sentido creemos que todavía tenemos las posibilidades de pelear por una franja importante del electorado por una salida por izquierda.


—Este aspecto según el cual no hay una gran diferencia entre el kirchnerismo y sus sucedáneos y Cambiemos impulsó las mayores críticas a la izquierda en la última elección.


—El Nuevo MAS nunca dijo que son lo mismo. Son si se quiere expresiones distintas. El macrismo es la forma más brutal del capitalismo, que busca la reforma previsional, la laboral. Si el gobierno de Macri no pudo avanzar más fue porque los trabajadores le pegaron un cachetazo el 14 y 16 de diciembre de 2017 cuando quiso hacer la reforma jubilatoria. Y el movimiento de mujeres se ha plantado para quedarse. Por otro lado tenés al kirchnerismo, que es distinto, un capitalismo con más participación del estado en la política global, pero ahora con la entrada de Alberto Fernández y de Sergio Massa ha elegido su fórmula más conservadora para poder sostener la elección. El propio kirchnerismo ha girado a la derecha. En ese sentido, acá el 11 de diciembre la crisis continúa, porque los cumplimiento con el FMI, el tratado de libre comercio con la Unión Europea lleva a ajustes brutales. Creemos que tanto el macrismo como el kirchnerismo, con planes distintos –uno recesivo como el que lleva adelante Macri– o con devaluación –como el que plantea Fernández– y congelamiento salarial, son para asustarse. Por eso tenemos propuestas, como la reincorporación de todos los despedidos bajo el macrismo, aumento salarial, de jubilaciones, pleno empleo a partir de un plan de obras públicas e impuestos donde hay dinero, porque hay crisis pero el sector financiero está lleno de plata, como los grandes pooles de siembra.


—Ahora, vos estuviste en la pelea que se dio cuando se privatizó Somisa, en San Nicolás, en 1991 y en tantas otras luchas de resistencia al ajuste nacido de crisis económicas que se repiten. ¿Cómo es que una y otra vez atravesamos estas situaciones que parecen repetirse?


—En realidad hubo etapas del proceso para profundizar el modelo neoliberal, la explotación más descarnada del capitalismo. Nosotros vivimos la que encaró Carlos Menem que fue reformular el estado nacional para quitarle su grado de bienestar, es decir, que garantizara salud, educación y tener el dominio de los enclaves económicos más importantes que necesita un estado para funcionar: servicios de transporte, de comunicación, la industria petroquímica, el petróleo, la siderurgia; bueno, esta fue una de las primeras etapas neoliberales profundas que llevó adelante un gobierno peronista. También hay que decirlo. Y pudo llevarle adelante por la complicidad que tuvo con la burocracia sindical, que al final justificó el proceso de privatización. Después, a partir de esa gran derrota que sufrieron los trabajadores, hubo una transferencia de empresas nacionales y privadas a los grandes capitales internacionales, como el caso de Amalita Fortabat, Alpargatas, una transferencia de dominio de capitales internacionales sobre capitales argentinos. Y todos los perjudicados fuimos los trabajadores, con miles de despidos. Luego vino otro proceso: la flexibilización laboral. En 1997 yo trabajé en Fiat, cuando la empresa estaba dirigida aún por dirigentes argentinos, toma el dominio Fiat y lleva adelante el primer convenio flexibilizado a la industria automotriz y nos bajaron el salario al 60%, por eso se tomó la fábrica seis semanas, hubo una lucha. Y con el “argentinazo” de 2001 los trabajadores se ponen nuevamente al frente y surgió un movimiento que llevó a recuperar conquistas. Y hubo un proceso mundial que acompañó a Argentina que fue la rebelión en Venezuela, el lulismo en Brasil, Evo Morales. Y ahora los gobiernos de la región tratan de asestar un nuevo ataque a los trabajadores con una reforma laboral y previsional aún mucho más brutal para tener trabajadores en forma de esclavos como nunca antes hubo y que la garantiza este gobierno. Y los dirigentes sindicales dejaron hasta el día de hoy gobernar a Macri.


—¿Coincidís en que un triunfo de Macri en estas elecciones es una derrota para todo el cono sur?


—Es contradictorio. El triunfo de Macri fortalece las tendencias internacionales, porque es el aliado de Trump, de Bolsonaro. Pero si ganara Fernández-Fernández, a través de la burocracia sindical, también garantiza a los grandes sectores empresarios la aplicación de la reforma laboral. El punto fuerte programático de Fernández-Fernández es que se vaya Macri, pero hoy día no tienen ninguna propuesta clara de que vaya a enfrentar al FMI, que vaya a restituir el trabajo de todos los desocupados y despedidos bajo el macrismo, no plantea un aumento salarial inmediato de acuerdo a las pérdidas que hubo y, en ese sentido, no vemos que tenga por el momento propuestas claras que garanticen las conquistas de los trabajadores. No son lo mismo pero tampoco tienen un programa de no confrontación con los trabajadores.


—¿Creés que el kirchnerismo se preocupó más de formar consumidores que ciudadanos?


—No. Creo que el kirchnerismo fue un proceso político que surge cuando los trabajadores estaban en un profundo ascenso contra el capital: los piquetes, las luchas, las huelgas. Ahopra parece que el gobierno (kirchnerista) “dio”, pero en realidad fueron las grandes luchas de los trabajadores, las mujeres y los jóvenes que permitió que se dieran conquistas al conjunto de la población.

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