Rosario
24-07-2019
Guerra por el control de la noche
De Pichincha a zona sur: tras dos recientes ataques fatales vinculados con lugares nocturnos, los investigadores presumen que hay una disputa entre Los Monos y Esteban Alvarado por la comercialización de droga y el cobro de extorsión en boliches y bares
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Alberto Carpintero

“Con la mafia no se jode. Atte: Esteban Alvarado”. Los carteles con esta inscripción aparecieron el verano pasado tras las nuevas balaceras contra el Centro de Justicia Penal y Tribunales. Un cartel similar, pero sin la firma, fue hallado entre la ropa del prestamista Lucio Maldonado, ejecutado en noviembre último y su cuerpo descartado frente al barrio Las Flores, bastión histórico de Los Monos. A la vez, esta última banda ya había dejado carteles similares el año pasado en la primera saga de atentados contra el poder judicial, por los que está encausado como instigador Ariel “Guille” Cantero. La hipótesis es que en medio de un renovado conflicto entre las principales organizaciones narco de la ciudad Alvarado mató a Maldonado y de inmediato inició una estrategia para culpar a sus enemigos, Los Monos, incluso firmando las agresiones armadas de este año contra los edificios judiciales. Pero en los últimos meses, sostienen los investigadores, ambos grupos comenzaron una disputa por rubros que incluyen la comercialización de droga y el cobro de extorsión en los locales nocturnos, saga que en la última semana sumó dos ataques que dejaron tres muertos.

En la madrugada del último domingo, Gustavo Candia, un hombre de 35 años familiar de la madre de los hijos de un hermano de Guille, Claudio “Pájaro” Cantero, fue acribillado a tiros mientras estaba en la puerta del Karaoke Bar Pool 8 de Arijón y Balcarce, en barrio Las Delicias.

Los tiros, que se presume salieron de una ametralladora, también mataron a Tiziana López, una chica de 15 años, y dejaron heridas a tres de sus amigas, con quienes había llegado al lugar un rato antes y se disponían a retirarse, según relataron sus familiares, quienes negaron que hubiese algún vínculo entre Candia y las muchachas.

El hombre luego acribillado, según esta versión, les dijo que era dueño del lugar cuando las abordó para que no se fueran y las invitó a tomar un trago. Fue en ese momento que dos hombres que bajaron de un auto blanco comenzaron a disparar, con el saldo conocido.

El auto de Candia fue trasladado a la comisaría 21a, a donde llegó luego Lorena Verdún, quien fuera esposa del líder de Los Monos Pájaro Cantero, a retirarlo. La sospecha de los investigadores es que Candia, quien sólo contaba con una causa en su prontuario por tenencia de arma de fuego, trabajaba para Los Monos.

Otro hombre al que vinculan con Los Monos fue ultimado en los últimos días: en la mañana del viernes pasado Carlos “Patito” Señuque, de 41 años y también relacionado con negocios nocturnos, fue asesinado cuando llegaba en auto a su departamento de Brown al 2800, en barrio Pichincha.

La pesquisa vinculó a Sañuque, originario del barrio Tío Rolo, con Los Monos a partir de dos datos: la presencia en el departamento de una camiseta firmada por el jugador del Atlético Madrid Ángel Correa, cuyo pase se sospechó en su momento pudo haber pertenecido al clan Cantero, y la existencia de un contrato de alquiler a nombre de un integrante del clan Maradona, conocido en la zona sudoeste por su relación con Ariel Cantero, alias Viejo, y padre del asesinado Pájaro.

Pero a la vez surgió otro indicio que relaciona el crimen de Sañuque con recientes ataques a locales comerciales de Pichincha, no sólo por la cercanía de las balaceras. En el departamento de Sañuque estaba una joven, Agustina T., quien había sido detenida en marzo pasado en la estación de servicio de España y Rioja junto con un hombre, Mario Pereyra, que acababa de recibir a través del correo ubicado enfrente una encomienda con trece kilos de marihuana. Agustina, que había sido liberada por la Justicia federal, ahora volvió a las rejas tras hallarse droga en la caja fuerte del departamento de Sañuque.

Pereyra fue administrador del boliche Nenina, ubicado en Riccheri casi Brown, hasta hace algunos meses, cuando el lugar cambió de nombre y pasó a ser gerenciado por Matías Herrera, un hombre procesado por integrar una banda narco junto con otro de los célebres enemigos de Los Monos, Facundo “Macaco” Muñoz, en su momento enjuiciado (y absuelto) por el homicidio del Pájaro Cantero.

El frente del boliche Alabama, ubicado a 50 metros donde sería asesinado Sañuque, fue rociado a tiros el 20 de abril pasado por desconocidos que abrieron fuego con una ametralladora mientras adentro se desarrollaba una fiesta privada. También le metieron un balazo a la fachada del bar Blacklist, de Riccheri y Güemes, mientras escapaban en auto. Un día más tarde fue baleado el frente del bar Jimmy, ubicado en la ochava sudeste de Brown y Riccheri, lo que un vocero de la investigación interpretó como un vuelto del ataque anterior.

El conflicto

Para los investigadores judiciales y policiales todos estos hechos son parte de un solo conflicto: Los Monos versus Alvarado por el control de la venta de droga en los locales nocturnos y otros negocios vinculados como el cobro de extorsión. Sobre esta modalidad, desde la pesquisa afirman que poco antes del brutal ataque del 16 de mayo pasado contra el frente del boliche Roma, de Pellegrini y Maipú, sus administradores habían sido amenazados para que pagaran un canon a Los Monos para poder funcionar. Como no lo hicieron, dos jóvenes que fueron detenidos la emprendieron a tiros e hirieron de gravedad a otro muchacho que estaba parado, junto con decenas de personas, afuera.

En la misma línea inscriben el ataque a tiros con el bar El Nuevo Tropezón de San Martín al 2600 el 15 de abril, un incidente a tiros frente a La Fluvial el 12 de mayo que dejó dos baleados y dos detenidos, y otros dos homicidios: el de Brian Leiva, asesinado al salir del boliche Sureño de Arijón y Moreno el 17 de junio, y Álvaro Norese, ultimado en el minimarket Aqua de avenida Rivadavia y Santiago, también en Pichincha, trece días más tarde.

En medio de este rebrote violento, otro hermano del Pájaro Cantero, Ramón “Monchi” Machuca, le dijo a Rosario 12 diez días atrás: “Esteban Alvarado es alguien que trabajó encubierto para la Policía de Judiciales en la época en la que me perseguían. Alvarado entregaba pruebas para darnos con todo a nosotros. Lo hacía porque a él les servia”.

Machuca, conocido como Monchi Cantero, purga 37 años por asociación ilícita y homicidios en la cárcel de Piñero, igual que Alvarado, a quien ahora vincula con aquellos uniformados que en 2013 llevaron adelante la causa en la Justicia provincial que acabó con gran parte de Los Monos desbaratados.

Fue tras ese traspié de la banda de La Granada y el asesinado de su socio Luis Medina, por el que está sospechado, que Alvarado recuperó el poder que tenía al momento de ser detenido, en agosto de 2012, como líder de una gavilla dedicada al robo y desguace de autos que le valió una condena.

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