Rosario
24-07-2019
La cicatriz delató al violador
Cayó preso el agresor de al menos ocho casos denunciados en Rosario. Las víctimas apuntaron contra un joven cadete de 24 años que las violó o intentó hacerlo en los comercios donde trabajan. Las asechaba y esperaba que estuvieran solas. Una de las mujeres le cortó el rostro con una tijera.
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Carina Ortiz

Una víctima que se animó a hacer público su caso, un modus operandi que se repitió en varios hechos, un identikit y una gran cicatriz que el agresor llevaba en su rostro fueron cruciales para dar con un hombre de 24 años que terminó tras las rejas luego de una rueda de reconocimiento positiva. El domingo un cadete de una pizzería fue llevado por la fiscal de la Unidad de Delitos contra la Integridad Sexual, Alejandra Raigal, a una audiencia imputativa dónde se lo señaló como el autor de ocho hechos, aunque no se descarta que ese número se incremente con el correr de las horas. Por disposición judicial el agresor quedó detenido preventivamente por el máximo legal, es decir hasta dos años. Antes, un joven había sido arrestado por la policía en base a un identikit que crearon las víctimas, pero terminó desvinculado tras la confirmación de que no se trataba del atacante sino de lo que en la jerga se llama “un perejil”.

En la historia de la ciudad son varios los casos de abusadores seriales que quedaron en la memoria social. Uno de los más conocidos fue el llamado violador del centro, allá por el año 1998. Se trataba de un joven que atacaba a estudiantes universitarias que vivían solas. María era un nombre que se reiteraba entre sus víctimas y las agresiones eran cometidas en su mayoría los días jueves. Las agresiones sexuales se repetían y la sociedad exigió respuestas. Un joven mucamo de un hospital público terminó detenido gracias a la denuncia de su ex suegro, su hija se llamaba María y le contó a un amigo policía sus dudas sobre este muchacho que terminó preso, procesado y condenado a siete años de cárcel.

A un paso de ser remitido a la cárcel de Coronda otro joven fue detenido en un frustrado intento de asalto. En la dependencia policial comenzó a contar que era el agresor sexual, los uniformados llamaron al fiscal y el detenido habló con lujo de detalles sobre los ataques que había cometido. Era un médico recién recibido identificado como Néstor Fica, lo condenaron a 20 años y 6 meses de prisión. El otro joven logró, después de 14 meses, recuperar la libertad y obtener una sentencia absolutoria.

Diez años después


En 2009 una seguidilla de casos de ataques sexuales a mujeres de la tercera edad que vivían solas le quitó el sueño a los investigadores. En junio de ese año una de ellas fue asesinada. María Antonia Catalano tenía 75 años, le abrió la puerta a su perro para que saliera al patio en su casa de barrio Belgrano y se topó con un hombre. Gritó y esos alaridos fueron escuchados por un vecino que llamó a la policía. Pero cuando llegaron la mujer ya estaba muerta. Lograron detener a un albañil, de 27 años entonces, después de correrlo por los techos. Luciano Hugo Andrés “Pele” Beltrán aceptó su responsabilidad unos seis meses después en un juicio abreviado por tres abusos sexuales y el crimen de la anciana Catalano.

El falso policía


Pasó otra década y un nuevo abusador serial apareció en la ciudad. Atacó durante dos años, entre el 2014 y 2016. Esta vez el blanco de la agresión fueron mujeres entre 14 y 25 años, en la zona oeste. Se hacía pasar por policía, interceptaba a sus víctimas en la calle. Les hacía creer que eran testigos o sospechosas de un delito. Las obligaba a subir a su auto y las ultrajaba en algún lugar desolado. Fueron 18 los casos que llegaron a juicio, dónde las víctimas lo reconocieron en rueda de personas e incluso en alguno de ellos se rescató material biológico que selló su suerte. El locutor Luis Marcelo Escobar fue condenado tras un juicio oral en marzo de este año a 48 años de cárcel.

La cicatriz


A principios de julio de este año una nueva seguidilla de casos tomó estado público. Una mujer de 41 años que trabaja en una veterinaria en barrio Agote fue víctima de un intento de violación y logró enfrentar a su agresor con unas tijeras. El atacante escapó tras robarla, pero la imagen de la motocicleta en la que llegó al comercio fue tomada por una cámara de seguridad. La víctima hizo la denuncia y se interiorizó de otros hechos similares, dónde mujeres solas en locales comerciales eran atacadas sexualmente.

La forma de actuar era similar. Un hombre joven llegaba en una moto que tenía una caja de repartidor para trasladar mercadería. Ingresaba al local con alguna excusa, preguntaba precios de mercadería u ofrecía servicios de seguridad o alarma y regresaba cuando la víctima estaba sola, generalmente al inicio de la jornada laboral o cuando estaba terminando. Las amenazaba con un arma, les robaba, las obligaba a ir a un lugar privado del local, las maniataba y las abusaba sexualmente o realizaba exhibiciones obscenas.

Los casos se repitieron y la descripción física del agresor coincidía. Especialmente una cicatriz que presentaba en la mejilla izquierda y le ocupaba gran parte de su rostro. Esta marca fue crucial para ubicarlo. También la toma de la patente por un familiar de una de las víctimas y el mejoramiento de la imagen que tomó una cámara de seguridad para confirmar la patente de la moto.

Mientras, circulaba públicamente un identikit que se creó en base a las descripciones de las víctimas, lo que derivó en la detención de un hombre de 33 años que fue sometido a ruedas de reconocimiento por parte de las víctimas y dio negativo, por lo que recuperó la libertad. En ese momento el defensor oficial Mariano Buffarini se quejó de la irresponsabilidad de los uniformados al detener a una persona sin ningún elemento y el perjuicio que esta situación le puede generar a cualquier ciudadano al ser acusado de un hecho grave y estigmatizante.

La fiscal Raigal encontró similitudes en ocho hechos denunciados que ocurrieron entre enero y junio de 2019. A principios de año entró a una librería en calle Buenos Aires al 3400 e intentó abusar de la empleada que se resistió a la violación. El atacante le mostró sus partes íntimas y escapó con la recaudación.

Pasado el mediodía del 15 de abril volvió a atacar, esta vez en un local de Rodríguez al 1200, el abuso sexual quedó en un intento gracias a la resistencia de la víctima pero se fugó con dinero que había en el lugar. A mediados de mayo sorprendió a una mujer bajando de su auto en pasaje Blanque y Mitre. La obligó a ingresar al habitáculo y a practicarle sexo oral mientras le mostraba un arma. Se fue con su billetera. Cinco días después volvió a atacar en una librería de Sarmiento al 4300. Entró al comercio, preguntó un precio y amenazó a la empleada. La llevó a los fondos del local dónde la maniató y la sometió sexualmente.

Cuatro días más tarde entró a un comercio en Uruguay al 1100, preguntó un precio y amenazó a la víctima. Esta vez se fue con el dinero de la caja y escapó no sin antes decirle que le muestre los pechos. A fin de junio robó en un comercio de Londres al 3300 dónde amedrentó a la víctima con un arma de fuego y al día siguiente entró a una veterinaria en San Nicolás al 300 dónde robó e intentó abusar sexualmente de la víctima que logró tomar unas tijeras y ponerlo en fuga. En último hecho tuvo lugar el 10 de julio en una juguetería de España al 3800 donde amagó con sacar un arma y se llevó la plata y dos muñecos del local.

La detención

La patente de la moto llevó a los investigadores hasta la titular registral. La mujer tenía dos hermanos, uno de ellos poseía una tarjeta azul para conducirla. La descripción de la motocicleta encajaba además con la que realizaron las víctimas y la fiscal pidió al juez de turno órdenes de allanamiento para dos domicilios de la zona sur. En ellos detuvieron a dos hermanos. Cuando llegaron a la comisaría uno de ellos, identificado como Pablo Nicolás B., de 24 años, reconoció ante los uniformados que era el agresor sexual. En la casa de este último, que compartía con su pareja, encontraron ropa similar a la usada por el atacante, la moto, la caja y un casco similar al descripto por las víctimas. También los juguetes robados en el último atraco.

El cadete fue sometido a una rueda de reconocimiento que dio positiva y este domingo se realizó una audiencia imputativa donde la fiscal Raigal le achacó los delitos de robo, exhibiciones obscenas, privación ilegítima de la libertad y abuso sexual consumado y en tentativa.
El hombre, que dijo ser cadete, prefirió no declarar aunque aceptó someterse a una extracción de sangre para realizar cotejos de ADN. Por orden judicial de la jueza María Trinidad Chiabrera, y a pedido de la fiscal, Pablo B. quedó preso preventivamente por el plazo de ley, es decir que puede estar detenido hasta dos años. Hay al menos otros dos hechos que están siendo investigados y podrían sumarse a la saga de ataques.


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Sábado 24 de Agosto de 2019
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