Economía
15-05-2019
No fue magia, fue devaluación
La actividad económica cae, la demanda interna se derrumba y la inflación vuela; pero no todos pierden. La facturación de medio centenar de firmas de gran tamaño duplica el crecimiento nominal del PBI. Tres de cada cuatro pesos que ganan son consecuencia de la devaluación. Algunas, incluso, ganan más de lo que venden.
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Gabriel Bencivengo | Socompa.info

Los grandes agregados económicos ocultan actores concretos. En este caso se trata de un selecto grupo de empresas que operan en sectores clave y que integran el núcleo duro del poder económico. El alcance de estas firmas es amplísimo. Algunas producen bienes finales, otros insumos difundidos. Casi todas actúan en condiciones monopólicas u oligopólicas. Sus nombres son conocidos: YPF, Pan American Energy, Siderar, Arcor, Pampa Energía, Mastellone, Telecom, Los Grobo, Cresur, Metrogas, Ledesma y Molinos son algunas de ellas. Todos cotizan en la Bola de Comercio de Buenos Aires.

Los economistas Claudio Lozano, Tomás Raffo y Sonia Balza pusieron la lupa sobre los balances presentados entre enero y setiembre de 2018 por cincuenta y dos firmas domésticas. Los resultados son asombrosos.

En el marco de una economía que se derrumbaba un 2,5 por ciento en términos reales y de un PBI que crecía un 35 por ciento en términos nominales, las ventas de esas firmas aumentaron en su conjunto casi un 77 por ciento a precios corrientes. En otras palabras: duplicaron el crecimiento nominal del PBI. No solo eso. El resultado bruto del conjunto, es decir antes del pago de impuestos, se disparó casi un 130 por ciento y un 90 por ciento después del pago del Impuesto a las Ganancias.

Visto de otra forma: las ventas de esas firmas pasó del 7,6 al 9,9 por ciento del PBI entre el tercer trimestre de 2017 y el mismo período de 2018.

El trabajo, publicado por el Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas de Unidad Popular (IPyPP.org.ar), se interroga por las causas. “¿Es el incremento consecuencia de un poder de mercado que les permitió mitigar los efectos nocivos de la devaluación?” La respuesta es no. El análisis constata que los costos y las ventas se movieron en línea con el Índice de Precios Mayoristas. La clave está en las oportunidades financieras derivadas de la devaluación.

Operaciones discontinuas

Los detalles se esconden en las Operaciones discontinuas, “el rubro de los balances que contiene las inversiones en divisas que las empresas deben reflejar en pesos”, explica el informe. El renglón aumentó un 924 por ciento en apenas doce meses. “La importancia del rubro se observa al constatar que en 2017 las operaciones discontinuas representaban el 57 por ciento de los resultados ordinarios y el 300 por ciento en 2018”, señala el trabajo. Comparado con el resultado neto final –es decir: el resultado líquido–, las operaciones discontinuas pasaron del 36,6 al 75 por ciento en el mismo período.

La conclusión es impactante: “De cada cuatro pesos de ganancias que obtuvieron estas empresas en 2018 –puntualizan Lozano, Raffo y Balza–, tres los obtuvieron por efecto de la devaluación”. Así de sencillo. La realidad señala que la abrupta revaluación del dólar favoreció a las grandes compañías con inversiones en divisas. Incorporado el efecto de las operaciones discontinuas, los resultados netos finales aumentaron un 393 por ciento. No solo eso.

Por la diferencia de cotización entre la concreción de una operación comercial y el momento de presentar el balance, las firmas no pagan Impuesto a las Ganancias. En otras palabras: la diferencia pasa a integrar el patrimonio de las empresas y/o de sus dueños.

El análisis de las cincuenta y dos firmas bajo estudio señala que las operaciones discontinuas se expandieron un 924 por ciento durante el año pasado. En diez de ellas, la expansión fue aún mayor. Si bien YPF y Pan American encabezan el ranking –con expansiones del 1.535 y 1.920 por ciento, respectivamente–, otras diez superan el promedio del panel. La metalmecánica Pescarmona, la más industrial de todas, arroja un crecimiento del 3.745 por ciento. La siguen Telecom Argentina (3.564%), Petroquímica Comodoro Rivadavia (2.125%), Benito Roggio (1.452%), Siderar (1.415%), Solvay Indupa (1.088%) y Pampa Energía (997%).

“Los resultados demuestran la funcionalidad que tiene la devaluación en la apropiación de ganancias fáciles para las empresas más importantes de la cúpula empresarial doméstica –advierte el informe. Se trata de un proceso de transferencia de ingresos de los más regresivos que puede hacerse en política económica”.

Ganan más de que lo venden


La elevada expansión de los beneficios obtenidos no solo sorprende porque superan las variables de las cuales dependen normalmente las firmas. En algunos casos, incluso, se da una situación “milagrosa”: siete de las empresas bajo estudio declararon resultados netos que sobrepasan los volúmenes de sus ventas. Sí, ganan más de lo que venden. En el podio de los “milagros” están Autopistas del Sol, Pan American, Pescarmona, Cresud, Central Puerto, Irsa y Consultatio.

El caso de Autopistas del Sol es emblemático Según su último balance, la empresa concesionaria de la Autopista Panamericana –que vendió el holding Sideco Americana de la familia Macri– registró ingresos por unos 2 mil 200 millones de pesos. Sin embargo, su resultado neto fue de 16 mil 600 millones. Siete veces y media lo que facturó por los peajes concesionados. “Es como si por cada 1 peso de peaje, la empresa hubiera conseguido adicionalmente 7,5 pesos de ganancia”, ejemplifica el trabajo. Todo un logro.

“Una verdadera magia empresarial si no fuera porque el resultado tiene un fundamento concreto que lo expone la propia empresa en su balance”, señalan Lozano, Raffo y Balza. La clave está en el Acuerdo Integral concretado entre Autopistas del Sol y el Estado Nacional en julio del año pasado. A cambio de que la empresa bajara una demanda en el Ciadi por 1.135 millones de dólares, Macri extendió la concesión hasta 2030 y les reconoció a sus compradores “inversiones realizadas y no amortizadas”.

El eufemismo esconde el reconocimiento de una supuesta deuda del Estado Nacional por casi 500 millones de dólares neto del pago de Ganancias y un interés del 8 por ciento sobre el saldo de la inversión no amortizada. Un total de 524 millones de dólares. “Para colmo –dice el informe–, lo que paga Autopistas del Sol de Ganancias cae estrepitosamente porque el acuerdo es neto del pago del impuesto”. El trabajo precisa que en 2017, Autopistas del Sol pagó el 35 por ciento antes del Impuesto a la Ganancias y solo el 12 por ciento en 2018. “Acá no hay nada de magia, solo el usufructo del poder del Estado en beneficio de una empresa vendida por Macri”, apunta el informe.

No todo es lo que parece

Aunque el monto pagado por las cincuenta y dos empresas analizadas en concepto de Ganancias entre los tres primeros trimestres de 2017 y el mismo período de 2018 se incrementó nominalmente un 221 por ciento y la tasa del impuesto pasó del 30 al 42 por ciento del resultado bruto, la importancia y el crecimiento “son solo apariencias”, advierte el trabajo. La razón, como se ha dicho, es que el gravamen no captura los beneficios obtenidos en el rubro Operaciones discontinuas, el que refleja el impacto del tipo de cambio sobre los ingresos dolarizados de las empresas.

“Al comparar lo que pagan de Ganancias con el total del resultado neto final que incorpora las operaciones discontinuadas, el impuesto se derrumba: pasa del 27 por ciento en 2017 a solo el 17,6 por ciento en 2018”, explica el documento. Se trata de un total de 12 empresas de las 52 analizadas. En ese caso el ránking lo lideran Cresur (2,8%) y Siderar (3,2%); seguidas por Benito Roggio (5,6%), New San (6,2%) y Pan American Energy (6,4%). YPF, la compañía más importante del panel, solo aporta el 27 por ciento de sus resultados finales.

El trabajo publicado por el IPyPP abunda en otros detalles no menos significativos. Por ejemplo: que 27 empresas del total analizado no pagaron el Impuesto a las Ganancias en al menos un período desde 2015. YPF, Pan American, Esso, Pescarmona, Los Grobo, Molinos Río de la Plata, Telecom, Camuzzi Gas Pampeana, Edenor y Edesur, entre otras.

“Estos y otros elementos permiten afirmar que el derrumbe económico y social que atraviesa el país no es consecuencia de una catástrofe natural, sino producto de las decisiones de política económica y, principalmente, de una devaluación que beneficia a un puñado de actores”, concluye el trabajo.

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