Deporte
08-05-2019
Nuevo capítulo del manual del autoboicot
Central se pierde en su laberinto, sus protagonistas generaron un conflicto donde no lo había. Germán Herrera le pidió a Diego Cocca que lo ponga en el último partido de su carrera y el DT se lo negó. La ruptura se hizo pública: “Me faltaron el respeto”, dijo el delantero. El club de Arroyito necesita salir del clima de autodestrucción porque los promedios ya son un rival lo suficientemente pesado.
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Alejandro Mangiaterra | Cruz del Sur

 

El presente de Rosario Central podría ser ejemplo de cualquier libro de autoayuda. Allí, podría explicarse detalladamente cuales son los caminos que no deben seguirse si se quiere conseguir tranquilidad en un proceso que busca salir de una crisis. La decisión ciertamente antidemagógica de Diego Cocca de dejar en el banco de suplentes a Germán Herrera en día de su despedida del fútbol profesional generó reacciones, en su gran mayoría, contrarias a las que un DT debería buscar de sus propios hinchas.

 

Es lógico pensar que no se puede jugar al ritmo de la hinchada pero este caso parece salirse de la norma. Germán Herrera es el jugador más representativo de este plantel, el título de Copa Argentina que logró Central hace apenas cuatro meses se debe en gran medida a aquel gol suyo ante Newell’s en la soledad de la cancha de Arsenal. El respeto y la valoración que los hinchas de Central tenían de Herrera, luego de su tacazo, se potenció infinitamente. Y su despliegue y altruismo no decayó después de eso, nunca se durmió en esos laureles y quedó patente el día de la eliminación del Canalla ante Sol de Mayo en la actual Copa Argentina. Su ingreso tardío potenció al equipo e hizo que los penales fueran una posibilidad de salvar al club de aquel papelón.

 

Por eso y porque nunca se quejó de ser suplente, aun siendo el mejor del equipo cada vez que ingresaba, Herrera se sintió en su derecho de pedirle a Diego Cocca que le diera la titularidad en el último partido de su carrera, en el estadio en que soñó despedirse y en el contexto de una competencia internacional. A pesar del momento del club resultaba una escena soñada por cualquier deportista.

 

“Ya le dije que va a jugar” fue la respuesta del entrenador a la prensa. Como si se tratara de un chico que pide golosinas y al que su padre pretende sacárselo de encima. No es lo habitual que un futbolista exija titularidad pero las circunstancias son especiales. A Central no le modifica nada ganar o perder este partido ante Libertad en la última fecha de la zona de grupos de la Libertadores. Ya está afuera de todo. No puede acceder ni siquiera al tercer lugar, lo que le hubiera permitido jugar la segunda fase de la Copa Sudamericana al menos.

 

“Somos profesionales y necesitamos poner el mejor equipo posible”, aclaró Cocca, confirmando implícitamente que no considera a Herrera a la altura de Riaño, algo que a la vista de los hechos no parece muy comprensible. Porque, además, Cocca entra en contradicción cuando en conferencia de prensa garantiza que Herrera va a jugar, que “podrá despedirse de la gente”, pero no lo pone. Cómo asegurar algo que la coyuntura puede modificar.

 

Lo peor del caso es que el futbolista se sintió destratado. Tal vez sea algo exagerado pero así se sintió y lo expresó públicamente: “La verdad, estoy muy triste. Siempre me manejé con gran respeto y profesionalismo. Enterarme que no voy a jugar el último partido de mi carrera me pegó fuerte. Siento que me faltaron el respeto”, dijo Herrera.

 

Y agregó: “En 16 años de carrera, ayer fue la primera vez que me acerqué a un entrenador para pedirle jugar un partido. La respuesta de Cocca fue que necesitaba que el equipo gane, que para él era un partido normal y la verdad que no me entra en la cabeza”.

 

Es más, el delantero describió sus sensaciones explicitando que estuvo a punto de retirarse sin jugar: “Ayer me fui con ganas de no volver hoy pero mi señora me dijo algo que tiene razón: por una postura personal no voy a quitarle a mi familia la chance de verme por última vez”, dijo Herrera.

 

Central suele meterse en estos laberintos cuando no hay necesidad, de generarse conflictos cuando no los hay. “Teniendo en cuenta las circunstancias, que Central no se juega nada, yo lo hubiera puesto a Herrera”, dijo Vitamina Sánchez en Radio 2. Algo que presumiblemente harían, por caso, Coudet, Bauza o Russo. La demagogia suele ser mala consejera, no se puede andar al ritmo de las peticiones externas. Para eso hay un conductor y se trabaja hasta en el más mínimo detalle. Sin embargo, todo el mundillo Canalla parece coincidir en que este caso es particular y valía la pena atenderlo.

 

Por ello, hasta podría contaminarse la relación que debe querer establecer Cocca con los hinchas de su equipo. El ex conductor del Racing campeón no tiene espalda para meterse en estos líos a pesar de su curriculum.


Sin embargo, estas situaciones no parecen ser exclusivas del actual entrenador. En estos últimos meses, desde la coronación en la Copa Argentina, Central se encargo de minarse el futuro. La salida de Bauza después de un pésimo torneo en la Superliga, el arribo de Paulo Ferrari, las declaraciones públicas de Di Leo, ayudante de Bauza, acusándolo de alcahuete y de serrucharles el piso; el despido de Paulo a los 20 días, las diferencias notables entre los integrantes de la comisión directa y la próxima pelea por no descender, provocan un creciente clima de incertidumbre y tensión en el club.

 

La capacidad autodestructiva suele ser una cualidad poco observada y aún menos apetecible. Central la tiene. Perderla será una de sus máximas necesidades porque de lo contrario sumará un adversario inesperado, ya no solo jugará contra los rivales, contra los números de los promedios sino que también jugará contra sí mismo.

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Miércoles 21 de Agosto de 2019
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