Mundo
11-04-2019
La crucifixión de Assange es la de la prensa libre
"El silencio sobre el tratamiento de Assange –durante sus últimos meses en la embajada de Ecuador en Londres– no es solo una traición a él, sino a la libertad de prensa en sí. Pagaremos caro por esta complicidad", advertía Chris Hedges cuando anticipó que el nuevo gobierno ecuatoriano entregaría al editor de WikiLeaks –de nacionalidad australiana– para satisfacer a la Casa Blanca. EEUU pide su extradición pero no tiene ni un solo cargo presentado en su contra.
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Julian Assange fue entregado. El presidente ecuatoriano Lenin Moreno, quien no dudó en perseguir judicialmente a su predecesor, Rafael Correa –que había dado asilo político a Assange en la embajada en Londres–, cumplió este jueves otro acto de ignominia a pedido de la Casa Blanca. Es también un acto canallesco contra el periodismo y del periodismo hegemónico, que ignoró a Assange luego de proveerse de sus materiales.

 

En noviembre de 2018, en Cruz del Sur, publicamos la traducción de un artículo de Chris Hedges –publicado en TruthDig– que ya preveía el desenlace que se conoció hoy y, además ponía en contexto lo que significa la entrega de Assange. Decía Hedges* que en la embajada de Ecuador en Londres, en los últimos siete meses, se le había cortado a Assange casi toda comunicación con el mundo exterior. “Su salud se deteriora. Se le niega atención médica. Su labor en pos de una reparación legal está paralizada por reglas de mordaza, incluidas órdenes ecuatorianas por las que no puede hacer públicas sus condiciones dentro de la embajada porque podría contribuir a la revocación de su ciudadanía”.

 

También señalaba Hedges que “el primer ministro de Australia, Scott Morrison, se negó a interceder en nombre de Assange, que es ciudadano australiano, a pesar de que el nuevo gobierno en Ecuador –dirigido por Lenín Moreno, quien considera a Assange un ‘problema heredado’ y un impedimento para mejorar las relaciones con Washington– está volviendo insoportable la vida del fundador de WikiLeaks en la embajada”. Y agregaba: “El ex presidente de Ecuador, Rafael Correa, cuyo gobierno otorgó asilo político al editor, describe las actuales condiciones de vida de Assange como ‘tortura’”.

 

La madre de Assange, Christine imploró en un video reciente: “Aquí están los hechos. Julian está detenido hace casi ocho años sin cargos. Es así. Sin cargos en su contra. Durante los últimos seis años, el gobierno de los EEUU rechazó su solicitud de acceso a necesidades básicas de salud, aire fresco, ejercicio, luz solar para adquirir vitamina D y acceso a la atención médica y dental adecuada. Como resultado, su salud se ha deteriorado gravemente. Sus médicos examinadores advirtieron que sus condiciones de detención son potencialmente mortales. Un asesinato lento y cruel está ocurriendo ante nuestros ojos en la embajada en Londres”.

 

“En 2016, después de investigar en profundidad, desde Naciones Unidas dictaminaron que los derechos legales y humanos de Julian han sido violados en múltiples ocasiones”, dijo la madre. “Estuvo detenido ilegalmente desde 2010. Ordenaron su liberación inmediata, un pasaje seguro y una compensación. El gobierno del Reino Unido se negó a cumplir con la decisión de Naciones Unidas. Mientras que el gobierno de Estados Unidos hizo de la detención de Julian una prioridad. Quieren esquivar la protección estadounidense de los periodistas bajo la Primera Enmienda al acusarlo de espionaje. Y no van a detenerse ante nada para conseguirlo”.

 

“La coerción estadounidense sobre el nuevo presidente ecuatoriano –decía la mujer– hizo que Julián resulte en un estricto y severo confinamiento solitario durante los últimos siete meses, privado de cualquier contacto con su familia y amigos. Sólo sus abogados podían verlo. Hace dos semanas, las cosas empeoraron sustancialmente. El ex presidente de Ecuador, Rafael Correa, quien legítimamente le dio asilo político a Julián frente a las amenazas de Estados Unidos contra su vida y su libertad, advirtió públicamente que cuando el vicepresidente estadounidense Mike Pence visitó recientemente Ecuador, se hizo un trato para entregar a Julián a los EEUU”.

 

Assange –advierte Hedges furioso– fue una vez celebrado y cortejado por algunas de las organizaciones de medios más grandes del mundo, incluyendo The New York Times y The Guardian, por la información que poseía. Pero una vez que estos medios de comunicación publicaron su tesoro, el material que documenta los crímenes de guerra de los Estados Unidos, en gran parte proporcionado por Chelsea Manning, fue apartado y demonizado. Un documento filtrado del Pentágono preparado por la División de Evaluación de Contrainteligencia Cibernética, fechado el 8 de marzo de 2008, expuso una campaña de propaganda oscura para desacreditar a WikiLeaks y Assange. El documento expone que la campaña de desprestigio debería tratar de destruir el “sentimiento de confianza”, que es el “centro de gravedad” de WikiLeaks, y ennegrecer la reputación de Assange. En gran parte ha funcionado. Assange es especialmente vilipendiado por publicar 70.000 correos electrónicos pirateados pertenecientes al Comité Nacional Demócrata (DNC) y altos funcionarios de ese partido estadounidense.

 

Los demócratas y el ex director del FBI, James Comey, dicen que los correos electrónicos fueron copiados de las cuentas de John Podesta, presidente de la campaña de la candidata demócrata Hillary Clinton, por parte de piratas informáticos del gobierno ruso. Comey dijo que los mensajes probablemente fueron entregados a WikiLeaks por un intermediario. Assange afirmó que los correos electrónicos no fueron proporcionados por “actores estatales”.

 

El Partido Demócrata, que busca culpar su derrota electoral a la “interferencia” rusa –en lugar de a la grotesca desigualdad de ingresos, la traición de la clase trabajadora, la pérdida de las libertades civiles, la desindustrialización y el golpe de Estado corporativo que el partido ayudó a orquestar–, ataca a Assange como un traidor, aunque no sea un ciudadano estadounidense. Tampoco es un espía. No está obligado por ninguna ley que conozca a guardar los secretos del gobierno de los Estados Unidos. No ha cometido un delito. Ahora, las historias en los periódicos que una vez publicaron material de WikiLeaks se centran en su comportamiento supuestamente descuidado –nunca evidente durante las visitas que le hice–, y cómo, en palabras de The Guardian, es “un invitado no deseado” en la embajada. La cuestión vital de los derechos de un editor y la prensa libre son ignorados a favor de asesinar con sarcasmo a un personaje.

 

A Assange se le concedió asilo en la embajada en 2012 para evitar la extradición a Suecia para responder preguntas sobre denuncias de delitos sexuales que finalmente se retiraron. Assange temía que una vez bajo la custodia sueca fuera extraditado a los Estados Unidos. Desde el gobierno británico dijeron que, aunque ya no lo buscan para interrogarlo en Suecia, Assange será arrestado y encarcelado por violar las condiciones de su fianza si abandona la embajada.

 

WikiLeaks y Assange hicieron más para exponer las oscuras maquinaciones y crímenes del Imperio Estadounidense que cualquier otra organización de noticias. Assange, además de exponer las atrocidades y crímenes cometidos por el ejército de los Estados Unidos en nuestras guerras interminables y revelar el funcionamiento interno de la campaña de Clinton, hizo públicas las herramientas de pirateo utilizadas por la CIA y la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), sus programas de vigilancia y sus interferencias en elecciones extranjeras, incluso en las elecciones francesas. Reveló la conspiración contra el líder del Partido Laborista británico Jeremy Corbyn por los miembros laboristas del Parlamento. Y WikiLeaks trabajó rápidamente para salvar a Edward Snowden, quien expuso la vigilancia generalizada del público estadounidense por parte del gobierno, de la extradición a los Estados Unidos al ayudarlo a huir de Hong Kong a Moscú. Las filtraciones de Snowden también revelaron, siniestramente, que Assange estaba en una “lista de blancos de caza humana” de los Estados Unidos.

 

Lo que le está pasando a Assange debería aterrorizar a la prensa. Y, sin embargo, su situación se encuentra con la indiferencia y el desprecio burlón. Una vez expulsado de la embajada, será juzgado en los Estados Unidos por lo que publicó. Esto sentará un nuevo y peligroso precedente legal que la administración de Trump y las administraciones futuras emplearán en contra de otros editores, incluidos aquellos que forman parte de la mafia que intenta linchar a Assange. El silencio sobre el tratamiento de Assange no es solo una traición a él, sino una traición a la libertad de prensa en sí. Pagaremos caro por esta complicidad.

 

Nos enteramos por los correos electrónicos publicados por WikiLeaks que la Fundación Clinton recibió millones de dólares de Arabia Saudita y Qatar, dos de los principales financiadores del Estado Islámico. Como secretaria de estado, Hillary Clinton devolvió a sus donantes la aprobación de 80 mil millones de dólares en venta de armas a Arabia Saudita, lo que le permitió a ese reino llevar a cabo una guerra devastadora en Yemen, lo que provocó una crisis humanitaria que incluye la escasez generalizada de alimentos y una epidemia de cólera, además de dejar cerca de 60.000 muertos. Supimos que a Clinton le pagaron 675.000 dólares por hablar en Goldman Sachs, una suma tan grande que solo se puede describir como un soborno. Nos enteramos de que Clinton le dijo a las elites financieras en sus lucrativas conversaciones que quería “comercio abierto y fronteras abiertas” y que creía que los ejecutivos de Wall Street estaban mejor posicionados para administrar la economía, una declaración que contradecía directamente sus promesas de campaña. Aprendimos que la campaña de Clinton trabajó para influir en las primarias republicanas para garantizar que Donald Trump fuera el candidato republicano. Aprendimos que Clinton obtuvo información anticipada sobre preguntas del debate de las primarias. Nos enteramos, porque 1.700 de los 33.000 correos electrónicos vinieron de Hillary Clinton, que fue ella la principal arquitecta de la guerra en Libia. Nos enteramos de que creía que el derrocamiento de Moammar Gadhafi acabaría con sus credenciales como candidata presidencial. La guerra que buscó dejó a Libia en el caos, vio el ascenso al poder de los yihadistas radicales en lo que ahora es un estado fallido, desencadenó un éxodo masivo de migrantes a Europa, se vieron las reservas de armas de Libia incautadas por milicias rebeldes y radicales islámicos en toda la región, lo que resultó en 40.000 muertos. ¿Debería esta información haber permanecido oculta al público estadounidense? Puede argumentarse que sí, pero entonces no podés llamarte periodista.

 

“Tenemos que volver ensordecedora nuestra protesta contra esta brutalidad”, dijo su madre. “Les pido a todos los periodistas que se pongan de pie porque él es su colega y ustedes son quienes siguen. Les pido a todos los políticos que dicen que entraron a la política para ayudar a la gente a levantarse ahora. Les pido a todos ustedes, activistas que apoyan los derechos humanos, los refugiados, el medio ambiente y están en contra de la guerra, que se levanten ahora porque WikiLeaks ha servido a las causas por las que se pronunciaron y Julián está ahora sufriendo a vuestro lado. Llamo a todos los ciudadanos que valoran la libertad, la democracia y los procesos legales justos a dejar de lado sus diferencias políticas y unirse, levantémonos ahora. La mayoría de nosotros no tenemos el coraje de informantes o periodistas como Julian Assange, quien hizo pública su información, para que podamos estar al tanto y advertidos sobre los abusos de poder”.

 

 

Chris Hedges, ganador de un premio Pulitzer, fue también uno de los autores más leídos cuando escribía en el New York Times. Es profesor de grado en el programa estatal para los prisioneros de New Jersey. Traducción del artíuclo original: P.M., Cruz del Sur.

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