Mundo
28-03-2019
La clase que va a liderar el cambio
Guy Standing, autor de “El precariado”, desarrolla su teoría sobre una nueva clase social que no entró en los manuales de la izquierda y es la que más sufre la economía neoliberal, entre ellos hay los que añoran un dudoso pasado y se inclinan a la derecha, inmigrantes y progresistas. Todos padecen ansiedad, anomia, ira y alienación.
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Jonah Raskin*

 

A los 71 años, Guy Standing, profesor en la Universidad de Londres, nunca recibió en Estados Unidos el reconocimiento que se merece como académico y escritor. En parte se debe a que no se ha sido muy expresivo en las redes sociales. Además, no se publicitaron lo suficiente en los EEUU sus libros ni sus agudas ideas sobre lo que él llama “el precariado”, que define como una nueva clase social global a la que ve como la clave política y económica de un futuro que beneficiaría a toda la humanidad. Los medios de comunicación prefirieron no difundir lo suficiente el trabajo de Standing, que fue relegado junto con el público.Algunos marxistas tradicionales incluso también se burlaron de sus palabras y conceptos.

 

El término “precariado” es tan nuevo y tan poco usado, al menos en los Estados Unidos, que cada vez que aparece en mi pantalla, la computadora lo subraya en rojo como diciéndome que no es una palabra real y que escribí mal eso. Aunque no lo hice.

 

De hecho, el libro de Standing con el que descolló, ThePrecariat, se publicó por primera vez en inglés en 2011, se tradujo a 23 idiomas en todo el mundo y disparó conversaciones sobre trabajo, salarios, alquileres e inseguridad económica mundial. Escuché por primera vez la palabra precariado y su prima, “precariedad” de dos hombres que viven y trabajan en el Área de la Bahía de San Francisco, donde mujeres, niños y hombres viven vidas que son cada vez más precarias económica, social y psicológicamente.




Keith Hennessy es bailarín; Stephen Clarke es maestro de escuela. Ambos usaron la palabra “precariado” el mismo día, aunque no al mismo tiempo. Los estaba entrevistando para una exposición sobre punk, protesta y performance en la década de 1980, cuando sus vidas eran mucho más precarias de lo que son ahora. Clarke pertenecía a una banda de rock. Hennessey actuó en las calles. Ambos descubrieron cómo sobrevivir en un tiempo y lugar estresantes, aunque siguen siendo miembros del precariado, que está creciendo a pasos agigantados en el área de la Bahía de San Francisco, donde la industria tecnológica y una nueva generación de millonarios, junto con la codicia corporativa y una clase avariciosa de propietarios HIZO QUE aumentenlos alquileres y obligó a las familias de la clase trabajadora a abandonar la ciudad.

 

Una vez que leí la palabra “precariado” de boca de Clarke y Hennessey, me metí en internet y encontré al profesor Guy Standing, autor de varios libros, entre los que se incluye Work After Globalization (“El trabajo después de la globalización”, 2009), ThePrecariat (2011, traducido al español como El precariado. Una nueva clase social en 2013 por Editorial Pasado y Presente) y Plunder the Commons (Saqueen al pueblo”), que publicó entrado este año. Le envié una serie de preguntas por correo electrónico. Me proveyó respuestas sinceras, completas y extensas, que he editado en interés de la compresión. Bienvenido al mundo del precariado, que ha comenzado a flexionar sus músculos y clamar por una reforma, o una revolución.

 

—¿Comenzó a prender el término “precariado”?

 

—Indudablemente sí. Todos los días recibo correos electrónicos de personas de todo el mundo que dicen que pertenecen al precariado. He hablado sobre el tema en 40 países diferentes. Acabo de regresar de la India, donde di dos conferencias sobre el precariado. En enero hablé ante una audiencia de 3.000 personas en La Haya, en los Países Bajos, y 6.000 personas en Leipzig, en Alemania. Di mi charla en Davos durante los últimos tres años. En junio estaré en Winnipeg, Canadá para seguir con la difusión.

 

—¿En qué lugares hay una comprensión profunda del concepto?

 

—En Escocia realmente lo consideran, también en Italia, España, Japón y Corea. En los EEUU, donde el precariado está creciendo, las voces izquierdistas aún están atascadas con el término “clase trabajadora”, que creo que oculta lo que está sucediendo. Los medios de comunicación de Estados Unidos permanecen mudos.

 

—¿Se refiere a revertir los términos marxistas tradicionales o completarlos y actualizarlos?

 

—Cuando ThePrecariat se publicó por primera vez, fui atacado de manera brutal por los marxistas del viejo estilo que me acusaban de “dividir a la clase trabajadora”.

 

Creo que los conceptos, que pueden ser adecuados para una era –Marx escribió en un momento en el que el capitalismo estaba en ascenso–, pueden dejar de ser adecuados para épocas posteriores. El viejo proletariado, dominado por hombres que trabajaban a tiempo completo en fábricas y minas es profundamente diferente del precariado emergente, conceptual y políticamente.

 

Pero tenga en cuenta que me he basado en conceptos marxianos para definir el precariado: relaciones distintivas de producción, distribución y relaciones con el estado. También agrego la conciencia, que hace del precariado de hoy la nueva clase peligrosa. La traducción italiana de ThePrecariat fue Precari: La NuovaClasse Explosiva, lo que me hizo enojar.

 

—¿Dónde y cuándo comenzó su estudio del precariado?

 

—En la década de los ochenta escribí y colaboré con una serie de monografías sobre el crecimiento de la flexibilidad del mercado laboral en ocho países europeos, incluidos Suecia y Finlandia, que luego fueron ponderados por socialdemócratas cercanos a Nirvana, y llegué a la conclusión de que sus modelos eran insostenibles. Estaba convencido de que las políticas económicas neoliberales que perseguían (Margaret) Thatcher y (Ronald) Reagan producirían fragmentación de clases y desigualdades más intensas.

 

Con fondos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) bajo el paraguas de las Naciones Unidas, reuní datos de 80 mil empresas y 68 mil trabajadores en 20 condados. Entrevisté personalmente a cientos de gerentes de fábrica, junto con miles de trabajadores. Junto con mis colegas elaboramos un informe completo de 500 páginas, “Seguridad económica para un mundo mejor” (2004), para la OIT. Representantes de los Estados Unidos en la junta directiva de la OIT lo atacaron de inmediato. El director de la OIT retiró el informe. Poco después renuncié y me puse a trabajar en el precariado.

 

—Usted escribe acerca de cuatro temas relacionados como ira, anomia, ansiedad y alienación, que atraviesan las líneas de las clases sociales y se comparten ampliamente en Estados Unidos y Francia: así se trate de Trump y sus partidarios aquí y los “gillets jaunes” (chalecos amarillos) allá. Los conceptos no son nuevos, ¿verdad?

 

—Es cierto, siempre ha habido ira, ansiedad, alienación y anomia. Lo que es distintivo ahora es que los miembros del precariado tienden a sufrir agudamente de los cuatro al mismo tiempo. La anomia proviene de una baja probabilidad de movilidad social ascendente. La alienación se deriva de tener que hacer muchas actividades que uno no quiere hacer, pero que es capaz de hacer. La ansiedad se deriva de la incertidumbre económica crónica, y la inseguridad, y la ira se deriva en gran parte de la sensación de que ningún partido político o candidato de las principales corrientes articula una agenda orientada al precariado.

 

—¿Es el precariado un grupo homogéneo?

 

—No, se divide en tres facciones: atavistas, que miran hacia atrás y quieren revivir un pasado perdido y que tienden a votar al neofascista y al populista; los nostálgicos son principalmente inmigrantes sin ciudadanía que sienten que no tienen un hogar en ningún lugar del mundo y mantienen la cabeza baja desde el punto de vista político, excepto en los raros días en que expresan su ira; y los progresistas que van a la universidad y se gradúan con deudas y sobreviven picoteando aquí y allá.

 

A medida que el número de progresistas crece, también crece su compromiso político. No son solo víctimas. Se han infiltrado en los partidos socialdemócratas moribundos y están creando nuevos partidos y movimientos propios. Muchos de ellos están haciendo campaña por una renta básica, una política que he defendido durante 30 años.

 

—¿De qué trata su libro The Corruption of Capitalism (“La corrupción del capitalismo”, 2017, hay edición en español)?

 

—Sostengo que estamos en una era de capitalismo rentista y no tenemos una economía de libre mercado. En la conclusión de ese libro escribo que solo una revuelta del precariado (que con suerte será pacífica) llevará a un nuevo sistema de distribución diferente. También digo que el antagonista primario del proletario tradicional era el jefe, el capitalista y que el antagonista primario del precariado es el estado mismo.

 

—Conocí y conozco personas que se encuentran en circunstancias económicas y sociales precarias. ¿Usted?

 

—Están en todas partes y todos se preguntan a dónde van, si es que van a alguna parte.

 

* Publicado en CounterPunchJonah Raskin es autor de For The Hell of It: The Life and Times of Abbie Hoffman y American Scream: Allen Ginsberg’s ‘Howl’ and the Making of the Beat Generation. Traducción Pablo Makovsky, Cruz del Sur.

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Miércoles 21 de Agosto de 2019
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