Sociedad
13-03-2019
La mujer como cuerpo político

El jueves pasado –un día antes del Día Internacional de la Mujer la politóloga Florencia Freijó visitó Rosario para dar una charla en la Facultad de Derecho sobre feminismo y política internacional. Antes, pasó por el programa Hoja de Ruta (Radio Sí 98.9), donde brindó una entrevista que dejó interesantes definiciones sobre la complejidad de este nuevo fenómeno social. “Los femicidios ocurren en el marco de una gran desigualdad de las mujeres”, dice.

 

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Coki Debernardi | Bárbara De Salvia *

 

Sus datos biográficos, según los expone en su perfil de Twitter (@Florfreijo), afirman: “De profesión Politóloga, de vocación comunicadora y madre, para sobrevivir asesora, para ser libre Feminista”. María Florencia Freijo, especializada en Geopolítica Latinoamericana y en Derecho internacional ambiental trabaja en barrios y con comunidades de pueblos originarios. El jueves pasado, un día antes del Día Internacional de la Mujer (8M) estuvo en Rosario para dar una charla en la Facultad de Derecho de la UNR sobre feminismo y política internacional. Antes mantuvo esta entrevista en Radio Sí, donde dialogó sobre la necesidad de un feminismo crítico del actual sistema. “En Argentina la propiedad privada está más protegida que las mujeres. Si robás, te pueden matar por la espalda. Si violás, salís al otro día”, posteó el día siguiente de esta conversación.

 

—¿Cómo influyó el movimiento feminista en el electorado femenino?

 

—Tenés hoy una clase joven que, cuando la estudiás desde la política electoral es una clase apática hasta los 35 años y ahora se extendió hasta los 42, se llama la brecha de apatía política, porque no saben a quién votar y deciden su voto los últimos tres días antes de las elecciones. Esa brecha, aunque hoy no estoy trabajando en política electoral, me gustaría volver a medirla porque estoy segura de que en las chicas jóvenes se ha modificado muchísimo el curso y la dirección del voto. Creo que hoy, hasta los 25 años muy probablemente haya un grueso de una nueva clase con una conciencia política dirigida por las mujeres, por las pibas, que creo que ha generado el movimiento de mujeres. El movimiento de mujeres no sólo genera cuestiones que tienen que ver con la demanda del género, no es sólo el aborto legal, seguro y gratuito, sino que creo que esas cosas han hecho refractarias otras cuestiones que necesitábamos en la sociedad y ahora, cuando haya que votar, los jóvenes se interesen por qué plataforma tiene este para ofrecer, quiénes son los diputados en el Legislativo, porque después tenés las consecuencias: que la ley (de interrupción voluntaria del embarazo) no haya salido. Entonces, mirando el lado positivo de que la ley no saliera, creo que eso sirvió.

 

—El feminismo, si bien tiene muchos años en Argentina, se visibilizó muy rápido y con el debate en torno al aborto se visibilizaron cosas maravillosas, voces que no tienen que ver necesariamente con la política, chicas ignotas para el gran público. Eso contribuyó a la apertura.

 

—Sí, como decís, había diversidad de voces: periodistas, académicas, chicas jóvenes, gente de los barrios, actrices, músicas, eso le daba una representatividad al colectivo social.

 

—¿Por qué creés que surge hoy con tanta fuerza el movimiento?

 

—Viste que se habla de las olas del feminismo en distintos momentos históricos. Son momentos en que las violencias y las desigualdades sociales las mujeres comienzan a vivirlas con más crudeza en su cuerpo, en su vida cotidiana. Por ejemplo, cuando empezó la ola de las sufragistas: no es que las mujeres querían el voto para hinchar los ovarios. Había un contexto: antes de la Primera Guerra mundial los maridos se iban a la guerra, había una cuestión en Europa, las reyertas del imperio Ruso y el Austro-húngaro, mucha tensión que hacía que las mujeres no sólo trabajaran 15 horas en la fábrica –porque trabajaban como los hombres aunque ganaban menos–, cuidaban a los hijos y tenían mucha falta de derechos que hoy tenemos. Cuando llega el feminismo radical, en los 70, que se toma a Simone de Bauvoire, tenés la primavera de Praga del 68, hasta el 75 el mundo estuvo convulsionado por las clases jóvenes, las tomas de la Comuna en París, un montón de situaciones que pasan en el mundo donde vuelven a surgir las mujeres.

 

—Virginia Benedetto, una fotógrafa de Rosario, fotografió el año pasado a mujeres de Kurdistán que llevan adelante una revolución armada.

 

—Están organizadas y tienen algo que se llama Genealogy, la ciencia de las mujeres del Kurdistán. No se organizan sólo en torno a las armas. Pero entre las razones por las que toman las armas está que ser asesinado por una mujer, para los líderes de Isis –aunque también luchan contra el régimen de Erdogan, que es democrático entre comillas–, es lo peor que le puede pasar a un hombre. Entonces hay una cuestión simbólica. Pero ellas tienen una fe totalmente pacifista y se juntan a estudiar el feminismo, las olas, estudian economía, matemática, geografía, generan una nueva ciencia de las mujeres porque dicen que el conocimiento se erigió en torno al saber de los hombres. Esto es interesante, porque cuando las mujeres, en el mundo, cuando tuvieron que organizarse política o militarmente nunca tuvieron una intención militarista. Rosa Luxemburgo no era militarista. Entonces, ¿por qué hay una nueva ola de feminismo? No es este feminismo blanco, libertario de las ciudades con las demandas reales que tenemos pero que también hay otras más profundas que tienen que ver con una crítica al sistema. No es casualidad que donde el mundo se derechiza con mayor fuerza –el régimen de Turquía con Erdogan, las mujeres de Polonia, donde se quería volver atrás con el aborto; México, donde desde 2007 hasta ahora hay 32 mil desaparecidos civiles; el vicepresidente de Trump es próvida y ya dijo que quiere volver atrás con el aborto en EEUU–, todo eso genera resistencia y hace que resurja el movimiento de mujeres con nuevas herramientas como las redes sociales. Esto es lo que pasa en el mundo, no que las mujeres se despertaron hace cinco años porque cobraban menos en su trabajo, no, las mujeres se dieron cuenta de que el mundo se está yendo al carajo, se pasa hambre, están encargadas del cuidado de los hijos y ven la pobreza, les matan a su familia o les roban su cultura, como a las mujeres kurdas, que son lo que queda de heterogeneidad religiosa en Medio Oriente. Todas organizadas generaron este nuevo movimiento, hacia dónde vamos no lo sé.

 

—Porque no es un movimiento de líderes el feminismo.

 

—Exacto. Hoy no hay una Rosa Luxemburgo, ni una Simone de Beauvoir, tenemos referentes teóricas pero no una líder. Creo que donde más líderes hay es en Latinoamérica dentro de lo que son los movimientos indigenistas o de la tierra peleando en su territorio. No sé hacia dónde vamos pero vamos hacia un buen lugar. No sé qué vamos a lograr pero esto era necesario.

 

—¿Es importante el trabajo comunitario, cercano?

 

—La organización de las mujeres en torno a lo comunitario, en los barrios, se ve muy claro en Latinoamérica. Luchan contra las drogas, contra el gatillo fácil, son mujeres que se organizan en torno a lo comunitario. Esas mujeres hoy sienten más red, hay como una perspectiva de género que está empezando a naturalizarse y es necesario. Antes eran las madres que se organizaban y se veía de manera romántica, las mujeres barriales, las manzaneras organizadas para que les den a las chicas las pastillas anticonceptivas, las madres organizadas en torno a la maternidad. Hoy no, son las mujeres como actor político. Ese cambio de paradigma me parece importante para analizar lo que está pasando.

 

—En la organización del último 8M el crecimiento fue exponencial, hubo 300 chicas por asamblea.

 

—Sí, y ahí es donde el movimiento feminista tiene que empezar a pensar hacia dónde quiere ir, porque no podemos perder eso, no se puede diluir. Pero tenemos desafíos, porque si tenemos un montón de chicas que no están organizadas, que van independientemente y llegan y se encuentran con peleas entre organizaciones, que siempre las hay, corrés el riesgo de cansar a esas personas, sobre todo en un mundo que es muy apático a nivel político.

 

—Y a pesar de todo hay una gran cantidad de femicidios.

 

—Sí, una de las preguntas que siempre me hacen es por qué están aumentando los femicidios, y nunca vamos a poder saber si aumentan por una cuestión clave que es que no tenemos números de antes. Tenemos números de hace tres años, en los que vemos que hay un número que se mantiene. Para mí los números dan datos reales y dejan de lado la opinión. Un dato importante es la comparativa de los homicidios a través de los años y la comparativa de cuando ocurre un femicidio mediático, allí se da un crecimiento de los femicidios durante ese mes. Eso es un dato mediático. Entonces hay que pensar cómo construimos la noticia. Cuando pasó el femicidio de Lucía, en Mar del Plata, a la semana en Mendoza y en Misiones ocurrieron otros dos con el mismo modus operandi. Lo que surgió en todos los medios es cómo habían maltratado el cuerpo de Lucía. Esto no es casualidad. Que hayamos terminado con 9 ó 10 femicidios en enero lleva a preguntarse si siempre fue así o es ahora. Para mí hay una responsabilidad en torno a cómo se comunican ciertas cosas, cómo se construye el morbo en lugar de construir un sentido alrededor de que los femicidios ocurren por situaciones de profunda desigualdad de las mujeres y el dato es que efectivamente el 70-80 por ciento de esos femicidios ocurrieron en el entorno de la víctima, no porque la víctima iba caminando y la agarró un tipo. Creo que eso es algo que debería comunicarse con más fuerza para estar más atento, para entender que la construcción ideal que tenemos de la familia no es ideal, que el 80 por ciento de los abusos a menores se dan también en el entorno de la víctima, pero siempre creemos que no nos va a pasar, miramos con idealización al otro, hacemos chistes sobre los celos del novio y naturalizamos relaciones tóxicas entre adolescentes, no hablamos de educación sexual integral (ESI), un montón de cosas que los medios, en lugar de desactivar y limpiar y llevar gente que informe no, te lleva “las dos campanas” y no hay dos campanas. Esa es la construcción de la posverdad de la que habla Darío Sztajnszrajber. Porque decir que la ESI va a enseñar a los niños a masturbarse es mentira y punto, no hay dos opiniones. No hay dos opiniones acerca de que una nena violada de 11 años no tiene que ser madre.

 

* La entrevista completa, como se escuchó en el programa Hoja de Ruta, en Radio Sí 98.9, en Bit.ly/2XCqScm.

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