Política
27-02-2019
“Hay una degradación de la conciencia ciudadana”
La docente y politóloga Alicia Acquarone analiza en esta entrevista con Cruz del Sur el cambio en la subjetividad del electorado argentino, ese que explica -en buena parte- el voto de las clases medias, de trabajadores y jubilados, a un gobierno que atenta contra su calidad de vida. También se refirió al armado electoral en la provincia y lamentó que los egos y la disputa por espacios en las listas frustraran la unidad de espacios progresistas.

 

Aumentar tamaño del texto Reducir tamaño del texto Tamaño del texto normal

Sebastián Stampella | Cruz del Sur

 

Los pormenores de las alianzas y las listas que inscribieron los frentes políticos que en abril protagonizarán el primer mojón electoral en la provincia siguen ocupando la agenda informativa de la radio rosarina. En La marca de la almohada (Radio Universidad, 103.3) Alicia Acquarone, licenciada en Ciencia Política y docente de la cátedra de Pensamiento Sociopolítico II de la Carrera de Comunicación Social, desmenuza y analiza con acotaciones mordaces las distintas opciones que los votantes encontrarán en el menú electoral.

 

En esta entrevista con Cruz del Sur Acquarone nos cuenta por qué ve en el armado de los frentes algo así como una nueva oportunidad desperdiciada y analiza los cambios en la subjetividad del electorado argentino, esos que explican (en parte) el voto a un gobierno que se empecina en complicarle la vida. “Las circunstancias que estamos viviendo, económicamente peor que en 2001, requiere pensar en políticas de Estado, en una unión ideológico-política que nos oriente a un despegue que en 30 años de democracia no hemos logrado”, dice. 

 

—¿Por qué decís que te decepcionó el cierre de listas para las elecciones provinciales?

 

—Es que a lo mejor una se ilusionó más de la cuenta con un conjunto de representantes progresistas que se reunieron y sacaron una foto en el Monumento a la bandera expresando la necesidad de un encuentro para la discusión de políticas de Estado, de un debate público serio y responsable. Comprobar que todo eso terminó en una disputa electoral para dirimir quién iba a conducir esa discusión fue decepcionante. Sólo quedó la foto. En los armados de los frentes se volvió a ratificar que lo único que prosperó en esa construcción fueron los egos individuales, la necesidad de ocupar un lugar importante y garantizado en las distintas listas. Ni siquiera en el Concejo se pudo ver esa confluencia. Y es lamentable porque seguir justificando lo injustificable ya sabemos cuál es el resultado. Un ejemplo de eso es lo que pasó en el Congreso: cuando en el 2015 ganó Mauricio Macri, quienes no lo votamos esperábamos un contrapeso en el Congreso con su mayoría opositora. Pero esa mayoría se partió en mil pedazos y le aprobó todos los proyectos. Entonces hay que entender que es mentira que da lo mismo apostar al caballo que parece que va a ganar la carrera, porque después vienen las consecuencias. Las circunstancias que estamos viviendo, económicamente peor que en 2001, requiere pensar en políticas de Estado, en una unión ideológico-política que nos oriente a un despegue que en 30 años de democracia no hemos logrado.

 

—¿Y a nivel nacional ves la misma dificultad para que referentes progresistas confluyan en un frente que dé pelea al macrismo?

 

—Por ahora hay que esperar a que aparezcan los candidatos. Pero si es verdad que este armado que se dio en la provincia de Santa Fe respondió a una directiva de los referentes nacionales, por qué deberíamos esperar que las alianzas nacionales no sean de la misma naturaleza. Si es así estamos en problemas.

 

—¿Creés que esa supuesta orden que Cristina Fernández bajó al kirchnerismo santafesino para encolumnarlo con Omar Perotti es una estrategia que se puede replicar en las presidenciales? Por estos días cobró fuerza la versión de un acercamiento –vía Eduardo Duhalde– con Roberto Lavagna.

 

—Yo creo que Lavagna es un candidato al que están preparando. Empezó como el candidato de la avenida del medio (que es cada vez más angosta) y, ante la caída de la imagen de Macri, ahora lo ven como un posible reemplazante. Pero nunca puede ser la cabeza del agrupamiento de lo que llamamos progresismo. Yo creo que en eso hay una jugada de Duhalde para disminuir la posibilidad de un frente importante que le haga una fuerte disputa a Macri. No veo que sea al revés. Lavagna sería el renunciamiento definitivo a una política diferente.

 

—Hay quienes lo ven como una opción posible para desandar las políticas económicas de Cambiemos y recomponer la producción y el consumo interno. ¿Pensás lo mismo?

 

—La política de Lavagna es la misma que la de Macri sólo que más ordenada, más prolija. Tal vez sea una mirada más liberal y menos conservadora, pero está en la misma línea neoliberal. La historia demuestra que este camino lleva al fracaso. Los avances que vivimos en la última década como los que se dieron en Ciencia y Tecnología fueron borrados en el primer año de gobierno de Macri y ahora nos damos cuenta de que se trató de un recreo. Hoy estamos peor, más atrasados. Tenemos que entender, en base a la historia política argentina, que es mentira que nos recuperamos y ganamos espacios. Y que esto será peor porque la distancia entre un desarrollo independiente y el imperialismo es cada vez más fuerte. Volver a repetir una política de desarrollo independiente solo en base al desarrollo del mercado interno es falso, ya no alcanza. Lo que fue positivo en el 45 ya hoy no existe más.

 

—¿Cómo interpretás el voto de la clase media trabajadora que ratificó en las legislativas de 2017 a un gobierno que desde el principio aplicó políticas que empeoraron sus condiciones de vida? ¿Hay claves para pensar en un nuevo acompañamiento?

 

—Yo creo que hay una degradación de la conciencia ciudadana que arranca con el golpe de Estado de 1976, que se recupera sólo con utopías en el 83 y que se vuelve a perder a partir de los años 90. Las modificaciones que se hicieron en Educación y que se continuaron después del menemismo en los gobiernos subsiguientes explican en buena parte ese comportamiento ciudadano. En ese período se perdió lo más importante para reflotar y mantener la democracia en un escenario capitalista: el compromiso colectivo. Al perderse eso, el ciudadano queda a expensas del mercado, que es terrible y favorecerá siempre al más favorecido. Eso sirve para comprender la irracionalidad del voto. Es decir, eso explica que un jubilado que cobra la mínima o una persona que tiene trabajo no formal termine votando a un proyecto que va contra sus propios intereses. Después hay razones que tienen que ver con la campaña en los medios y los errores propios del gobierno anterior. Y a eso podemos sumar los procesos de desgaste de cierto sindicalismo nacional que, lejos de ser un camino para que el trabajador entienda lo que le pasa y hacia dónde va, también aporta mucho a una pérdida de pertenencia. Pero lo substancial, lo que posiblemente también explique las elecciones que vienen, es la pérdida de lo colectivo. Pero la educación es un factor muy importante.

 

—¿Y cuáles son los factores que, a tu entender, influyeron para llegar a esta falta de conciencia colectiva?

 

—Norbert Lechner (politólogo alemán) dice que a partir del 90 en América Latina se perdieron los mapas cognitivos y los mapas ideológicos. Lo que se ha puesto en tela de juicio es el propio corazón que llevó adelante la modernidad: esta idea de que existe una totalidad y que yo puedo explicar el movimiento de la historia, que existe un sujeto colectivo, social, que lleva adelante esta lógica, que el tiempo no es de una sola dimensión sino que tiene pasado, presente y futuro. Y fundamentalmente, que la realidad es posible de ser modificada, es decir, la existencia de la utopía. Estos valores que fueron la columna vertebral de la modernidad fueron reemplazados por lo que hoy llamamos la posmodernidad. Así, la historia no se explica y la totalidad no existe, y por lo tanto no hay sujeto revolucionario. El tiempo se redujo al presente y entonces sólo importa la coyuntura, el aquí y el ahora. Se pierde la historia y con ella la posibilidad de sentirme parte de algo. Sin futuro no hay proyección: la salida es individual y de la utopía olvidémonos.

 

—Cómo docente universitaria ¿percibís un avance de esas características por parte de tus alumnos?

 

—Sí, mucho. Nosotros nos empezamos a dar cuenta de este cambio en 1992. En esa época en la facultad de Comunicación Social (en la cátedra de Teoría Política) veíamos una falta de respuesta, una ruptura, cuando dábamos un ejemplo o hacíamos referencia a algunas nociones. Entonces hicimos una encuesta entre 500 jóvenes de Rosario de 18 a 25 años y le plenteamos una serie de preguntas. Cuando les preguntábamos a qué temían nos respondían “a la soledad”. Cuando yo era joven la soledad no existía porque éramos siempre una banda, no nos podíamos ver aislados, no se nos ocurría eso. Y cuando les preguntábamos por sus referentes, a quiénes admiraban, respondían que a su mamá y su papá. Yo no digo que esté mal quererlos, pero si siendo joven tus modelos son ellos, algo anda mal. Ya en esa época observábamos ese fenómeno. Y hoy me encuentro con alumnos que pese a querer ser comunicadores sociales no leen diarios, no se informan o no les interesa las noticias. Incluso hay muchos que piensan que con el esfuerzo individual alcanza para ser un buen profesional. ¡Pero están estudiando ciencias sociales, no odontología! Esta cuestión de lo colectivo les cuesta un Perú entenderlo. Les es ajeno a su pensamiento y yo en broma les aclaro que con “colectivo” no me refiero al transporte público. La vida universitaria se ha transformado en un encuentro casual entre ellos. Es difícil explicarles la modernidad y la posmodernidad a los jóvenes. Es indudable que la escuela tiene que modificarse profundamente como institución y la docencia tiene que darle una vuelta de rosca a la formación.

Dejanos tu comentario...

Lunes 25 de Marzo de 2019
Erotismo del poder femenino
Hockey con futuro
Todo caso policial
Salud Pública
Charlie Egg
El año de la división
Bricco
Acquarone
Tessa
Libros en alpargatas
Citas
Scher
podo
Mujica
Sasturain
ricciardino
Sietecase
Jugar contra el prejuicio
Economía parasitaria
Por qué se lame el perro
Eros y civilización
Maten al rugbier
Expertos en recortes
Villanos y empresarios
foto