Sociedad
27-02-2019
Bajo el régimen del monstruo
Era su hija y la sometió sexualmente desde que era una niña, la dejó embarazada, la baleó y la dejó en silla de ruedas. Ella se armó de coraje y lo denunció. Lo condenaron a casi cuatro décadas de prisión.
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Carina Ortiz | Cruz del Sur

 

La semana pasada terminó uno de los juicios más conmovedores que se vieron en el Centro de Justicia Penal, una historia aberrante a la que fue sometida una joven por su propio padre. Desde que tenía 12 años el agresor comenzó a abusarla. Lo que se inició con manoseos se transformó en violación y a los 14 años la embarazó. La adolescente dio a luz a una niña pero ello no fue un límite para el agresor. Cuando tenía 17 años la baleó en el cuello dejándola parapléjica cuando la chica quiso salir con unas amigas. El agresor dijo que su hija había intentado suicidarse.

 

Tras su recuperación se la llevó al Chaco, junto a una hermana menor. Allí siguió con sus prácticas abusivas hasta que la víctima, en sillas de ruedas, logró salir de ese espanto con su pequeña y vino a Rosario dónde lo denunció. El agresor fue detenido y trasladado a la ciudad en 2016 y a principios de este mes fue enjuiciado. Un tribunal compuesto por tres jueces, por unanimidad, lo condenó a la pena de 39 años de prisión por abuso sexual con acceso carnal doblemente agravado, tentativa de homicidio y tenencia de arma de fuego.

 

La valentía y determinación de la víctima y el asesoramiento y ayuda del Centro de Asistencia Judicial (CAJ) junto al trabajo de la Fiscalía lograron una pena inusitada para un delito de esta características en el nuevo sistema procesal penal. La fiscal Alejandra Raigal contó al salir de la sala su satisfacción por lograr la pena solicitada y resaltó la unanimidad en la decisión que tomaron los jueces. Pero la cosa no termina allí. La hermana menor de la víctima también sufrió abusos cuando el agresor se las llevó a Chaco. De los testimonios que se brindaron durante el juicio surgió que el hombre también atacó a la otra hermana. Por ello se girarán las actuaciones del caso a la Justicia chaqueña para que este hombre sea investigado en el lugar que cometió las violaciones.

 

M. vivía a merced de su padre en Granadero Baogorria. Cuando tenía 12 años comenzó a abusarla y los sometimientos se extendieron hasta sus 18 años de edad. Cuando tenía 14 años dejó embarazada a la adolescente que hoy vive junto a su hija. Cuando la joven tenía 17 quiso salir con otras adolescentes, tener una actividad normal a su edad pero su padre se lo impidió de la peor manera. Le disparó en el cuello y la dejó parapléjica. En su defensa dijo que la chica intentó suicidarse. Luego de su internación y un tiempo de rehabilitación se la llevó al Chaco, dónde viven sus padres, junto a la niña y una hermana menor.

 

Con ayuda de un familiar M. logró volver a la provincia con la seguridad que debía denunciar a su agresor y llevarlo a juicio oral y público. Para ello se contactó con el Centro de Asistencia judicial y un equipo interdisciplinario a cargo de las abogadas Agustina Prestera y Virginia Llaudet, la psicóloga Eugenia De Loredo y la trabajadora social Andrea de Paul trabajaron en el caso para brindar contención a la víctima y representarla en el proceso penal.

 

La investigación quedó en manos de la fiscal Alejandra Raigal que activó todos sus recursos para avanzar en el caso. Incluso contó que antes de tener el resultado de ADN –que demostró la paternidad del agresor respecto a la hija de M.– activó la detención del acusado en el Chaco.


El agresor llegó a Rosario en 2016 y desde entonces estuvo preso. Su defensa insistió en la posibilidad de cerrar el caso con alguna medida alternativa, más específicamente un juicio abreviado, pero la víctima nunca aceptó, decisión que fue respetada por la Fiscalía y su querella a cargo del equipo de CAJ.

 

Fue así que el caso llegó a juicio oral y público a principios de febrero. Tras un debate que tuvo momentos desgarradores, Mario C. fue condenado a la pena de 39 años por la decisión unánime de los jueces María Trinidad Chiabrera, Facundo Becerra y Román Lanzón por los delitos de abuso sexual con acceso carnal agravado por cometerse contra una menor de 18 años y abusando de la situación de convivencia, tentativa de homicidio calificado y tenencia de arma de guerra.

 

Tras conocerse el veredicto M. salió de la sala acompañada de mujeres que empujaron su silla de ruedas. Con una sonrisa plena aseguró que se siente liberada y finalmente podrá empezar a vivir.

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