Política
23-01-2019
Más expectativas que candidatos
El analista político Gustavo Córdoba analiza en esta entrevista con Cruz del Sur el panorama electoral. Dice que, ante la falta de candidaturas firmes, lo único cierto es que más de un 60 por ciento de los encuestados manifiestan su deseo de que haya un cambio de gobierno nacional. “Acaso Santa Fe pueda darle al próximo presidente de los argentinos ese diferencial a nivel nacional que lo termine consagrando, reflexiona.
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Pablo Makovsky | Cruz del Sur


“Acaso Santa Fe pueda darle al próximo presidente de los argentinos ese diferencial a nivel nacional que lo termine consagrando”, del mismo modo que lo hizo Córdoba con Macri en 2015, analiza el consultor político Gustavo Córdoba en esta entrevista. En su última encuesta nacional, dada a conocer la semana pasada, da sólo ganador al presidente Macri en segunda vuelta ante Sergio Massa y Felipe Solá. Cristina Fernández de Kirchner le saca casi cuatro puntos, lo mismo que Roberto Lavagna. También Urutubey se impondría al presidente, pero por menos de un punto. Sin embargo, los mejores datos de esa medición –de la que Córdoba dice que debe leerse en su debido contexto–, son otros, como el deseo que expresa más de un 60 por ciento de los encuestados por un cambio de gobierno.

 

—Si bien la mayoría de los analistas y los políticos se refieren a las encuestas como algo a “tomar con pinzas”, todos leen y analizan las encuestas. ¿Qué cosas cambiaron en las encuestas desde, pongamos, la tablita de Sandleris y enero de 2019?

 

—Posiblemente con el tema demoscópico (encuestas de opinión pública), investigación de mercado, encuestas, sondeos, esté pasando algo que es completamente entendible: hay mucha gente que usa la encuesta como una especie de toma de posición, tipo carrera de caballos y la verdad que para nosotros es un insumo estratégico que, más que para analizar la posición, sirve para analizar el contexto en el cual se produce una elección. Te doy un ejemplo, en un contexto de recesión económica no es lo mismo una candidatura, o un anuncio, o una medida que en un contexto de crecimiento económico. El contexto es hoy el que ordena, jerarquiza y determina el orden de la política. No al revés. Creo que hasta no hace mucho tiempo atrás persistía la idea de que la política era la que ordenaba el contexto y hemos visto que eso es una mirada bastante relativa que ha llevado a la política al fracaso.

 

—Tu última encuesta muestra resultados de algún modo extraños: la cantidad de encuestados que se sienten antiperonistas o antikirchneristas (más del 58%!), el altísimo nivel de imagen negativa de Macri y, a la vez, el afianzamiento en su tercio. ¿Cómo leer esos resultados en el actual contexto?

 

—Creo que antes que números extraños, nosotros tratamos de innovar y de preguntar las cosas de una manera distinta a como lo hacen todos. Habida cuenta de que usamos el mismo método que usan todos, por ahí puede variar el estilo de las preguntas y la ponderación posterior de los datos. Ahora bien, lo que estamos detectando, y lo hemos detectado por segundo mes consecutivo, es que hay una enorme mayoría de argentinos, entre un 45 y un 50 por ciento que dicen que están de acuerdo con votar una opción que no sea ni macrista ni kirchnerista. Creo que esto lo tengo muy claro y muy firme en la idea de que la búsqueda de representación política de parte de una sociedad, siempre es una búsqueda de calidad, de más jerarquía, de más positividad en esa relación entre el representado y su representante. Y la verdad que el problema aquí no está por el lado de las expectativas de la gente, que espera una mejor representación, sino en la calidad de la representación, del representante, que me parece no da hoy con el nivel que la mayoría de la gente espera. Creo que esa desilusión, ese desacople entre expectativa y realidad es lo que está generando esta idea de que hay mucha gente que va a votar, seguramente, al menos malo –kirchnerista o macrista–, pero sabe y lo está diciendo con anticipación, que le gustaría votar una alternativa diferente.

 

—El Socialismo en Santa Fe juega a una tercera vía, sin CFK y cerca de Lavagna, ¿cómo ves esa estrategia a nivel nacional?

 

—Creo que la estrategia del socialismo es la que realmente puede y puede aspirar a tener algún grado de protagonismo. Si lo vemos en términos de estrategia y de factibilidad, Santa Fe pueda potencialmente transformarse en lo que significó Córdoba para Macri. Posiblemente Santa Fe pueda darle al próximo presidente de los argentinos ese diferencial a nivel nacional que lo termine consagrando. Me parece que una eventual alianza del peronismo federal con el socialismo santafesino más algunas fuerzas progresistas pueda darle al futuro presidente ese porcentaje que le permita una victoria en segunda vuelta.

 

—La Seguridad aparece casi último entre las principales preocupaciones (6,5%) y la Corrupción, segunda, en tu última encuesta. Estos dos ítems parecen ser el eje de la campaña oficialista para 2019. ¿Creés que una campaña puede cambiar esas posiciones?

 

—También depende de cómo se pregunte. Tal vez la rigidez del método telefónico hace que uno, arbitrariamente, tenga que poner siete u ocho características y que la gente opte apretando un botón en función de eso. Si le preguntásemos de manera individual qué tan grave está el tema, seguramente el ránking se ordene de manera diferente. Pero creo que la Seguridad tiene más que ver con la irrupción de (Alfredo) Olmedo y de (José Luis) Espert en el escenario de primera vuelta, que con una idea ideológica muy marcada, y que más allá de eso el gobierno está menejando el clima ideológico en esa dirección. Quizás como nunca antes en la historia tenemos un gobierno de ese clima ideológico muy fuerte. Ahora, creo que por ahora no le está dando demasiado resultado, fíjate que han tirado varios temas y, desde la doctrina Chocobar, las pistolas taser, la baja de edad de imputabilidad de menores, estamos viendo que son globos de ensayo y es como si estuvieran midiendo cuáles son los alcances, hasta dónde la gente está dispuesta a aceptar estas ideas. Y creo que las propusieron para evitar que Olmedo y otros candidatos por derecha le saquen votos a Macri.

 

—María Eugenia Vidal es, en la encuesta de Enero, la candidata mejor posicionada a nivel imagen, que a la vez mide y da ganadores en segunda vuelta a Lavagna y CFK. ¿Cuál es tu análisis de candidaturas a esta altura del partido?

 

—Con María Eugenia Vidal creo que se cometen varias injusticias. Se podría estar en lo cierto si uno puede decir que es la mejor imagen de Cambiemos a nivel nacional. Pero cuando se dice que es la gobernadora con mejor imagen del país ahí diría que no estoy tan de acuerdo. A nivel nacional su imagen es buena, pero cuando hacés el desagregado y te metés solo en provincia de Buenos Aires tiene realmente un desgaste y una imagen negativa muy superior a su imagen positiva. La desaprobación de su gestión es alta, supera el 54 o 55 por ciento y habla a las claras de los problemas que tiene Cambiemos y Vidal en la principal provincia argentina. La clave de las candidaturas en este momento es que son todas especulaciones y globos de ensayo. Creo que lo que intentan hacer es quedar bien posicionados para que allá en marzo, principios de abril, ver cómo se despeja el camino de las principales candidaturas. Hasta entonces no vamos a ver más que estas especulaciones: si Vidal, si Lavagna, si Urtubey, si Massa. Por eso tuvieron que salir a marcar la cancha intensamente tanto Urtubey como Massa frente a la irrupción de Lavagna en estos días.

 

—Varios analistas señalan que estamos en una época inédita, en la que la verdad dejó de importar. ¿Coincidís? ¿Cómo te parece que afecta eso en la política?

—Con respecto a si la verdad importa o no creo que muchas veces se hicieron campañas de desinformación. Eran tácticas de guerra, hablamos de cosas que ya venían siendo trabajadas desde hace tiempo. El diferencial es que hoy tenemos tecnología disponible como nunca antes en la historia, es ese el dato. Lo que vemos es que la humanidad tiende a juntarse entre pares, entre iguales, y el impacto tecnológico hizo que el prejuicio, el pensar de determinada manera en la que quizás antes muchos se pensaban aislados, hoy sienten que son muchos más que un sector o una parte, entonces es como que se envalentonaron sectores con mucho prejuicio y el sentimiento de intolerancia y esas burbujas de odio que se generan en internet están a la orden del día como nunca antes. Pero es producto del impacto de la tecnología. Al mismo tiempo esa tecnología produce fenómenos como el Ni una menos, el Mirá cómo nos ponemos, el Me Too, que fueron victorias significativas de visibilización de militancia de miles y miles de mujeres anónimas. La misma tecnología que genera esos niveles de intolerancia y burbujas de odio, también permite visibilizar colectivos que de otro modo serían invisibles.

Estamos en una época en la que, antes que la verdad, lo que parece verosímil vende y ahí se aplican los prejuicios, todos los preconceptos que tenemos. La clave está en esa autenticidad forzada que muchos no compran. A Bolsonaro, por ejemplo, muchos lo vieron como un personaje auténtico.

 

—Desde el ballotage en Brasil se habla de una “bolsonarización” de la política argentina, ¿qué lugar tiene para vos ese fenómeno en el panorama electoral de 2019?

 

—Diría que hay muchos elementos para pensar en común con los brasileños, compartimos una frontera, el gusto por el fútbol, ciertos gustos gastronómicos, pero en general predominan las diferencias y en el caso de Brasil hay tres grandes grupos de diferencias. El primero, la comparación entre las fuerzas armadas argentinas y las brasileñas. Las brasileñas no tuvieron el deshonor de perder una guerra, tampoco fueron juzgadas por crímenes de lesa humanidad. También, las fuerzas armadas brasileñas están montadas sobre el aparato de la defensa: la industria de la defensa en Brasil es realmente importante y eso le da a sus FFAA un doble prestigio, histórico y económico. Creo que esa diferencia alcanza para entender uno de los más grandes apoyos de Bolsonaro. La otra diferencia tiene que ver con los grupos evangelistas, que en Argentina no asistimos a una invasión como la de Brasil, donde tienen un tercio del Congreso ocupado por candidatos que llegaron a través de la Iglesia Universal. Y es el grupo que más apoyó a Bolsonaro y, junto con los militares, es el de mayor presencia en el gabinete. Y la tercera diferencia tiene que ver con el nivel de violencia de Brasil, sin decir que la situación argentina sea óptima, la de Brasil es diez veces peor. Entonces hay que entender el grado de susceptibilidad y emoción del brasileño frente a un total desamparo ante episodios de violencia, robo y asesinatos. Eso acaso explica por qué es muy difícil que Argentina tenga un proceso similar al brasileño.

 

—¿Cuál considerás que es la buena noticia de tu última encuesta?

 

—No creo que haya una buena noticia. Sí me quedo con dos datos. Uno, que haya un 50 por ciento de gente que dice que quiere una alternativa me parece interesante, una mirada positiva sobre la realidad del país en un contexto de recesión y pesimismo económico. El segundo dato es que cuando preguntamos sobre los ejes de cambio o continuidad, más de un 60 por ciento nos dice que va a votar un cambio de gobierno y apenas un 23 por ciento que votará la continuidad. Esas me parece que son las cuestiones centrales de nuestra medición.

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Martes 20 de Agosto de 2019
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