Sociedad
05-12-2018
Un pesado con contactos policiales

La Fiscalía pidió la detención de Esteban Alvarado como coautor o instigador del crimen del prestamista Lucio Maldonado, ejecutado de un tiro en la nuca el mes pasado. Allanaron 14 inmuebles cuya propiedad le atribuyen y surgieron vínculos con uniformados.

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Alberto Carpintero | Cruz del Sur

 

Allá por octubre de 2013 la prensa porteña se fascinó con la filtración de escuchas que el fiscal bonaerense Patricio Ferrari había dispuesto sobre la llamada Banda de los Rosarinos, cuyo jefe, Esteban Lindor Alvarado, y sus dos lugartenientes estaban alojados desde el año anterior en la Unidad Penitenciaria 21 de Campana. El funcionario los tenía procesados como integrantes de una asociación ilícita con pata policial que se dedicaba a robar autos en el norte del Gran Buenos Aires para desguazarlos o convertirlos en mellizos en Rosario, causa en la que Alvarado firmaría un abreviado a seis años y medio de cárcel. Tras allanar el penal VIP de los ladrones de vehículos, se incautó de diez celulares, películas pornográficas, aire acondicionado portátil y hasta dos frízeres donde había unos corderos, por lo cual ordenó investigar a diez guardiacárceles. Además, giró las actuaciones a Rosario para que investigara a policías provinciales. Según Ferrari, aquí Alvarado operaba con connivencia de uniformados, tanto en el rubro automotor, con el que comenzó a edificar su imperio, como en el tráfico de drogas. La connivencia con uniformados parece ser una constante en la carrera delictiva de Alvarado, quien desde el sábado pasado cuenta con pedido de captura por el crimen del prestamista Lucio Maldonado, en cuya pesquisa se detectó a un jefe policial viviendo en un departamento de Condominios del Alto que, según la pesquisa, perteneció hasta hace cuatro años al ahora prófugo, quien estuvo sospechado de instigar dos crímenes en 2013: el de su sindicado socio Luis Medina (acribillado junto con su pareja en el acceso sur) y el de Santiago Pérez, ejecutado en la zona oeste.

 

Maldonado fue secuestrado por cuatro hombres armados frente a su casa de Garibaldi al 600 en los primeros minutos de la madrugada del domingo 11 pasado. Lo metieron en una Renault Kangoo y, según la pesquisa de los fiscales Luis Schiappa Pietra y Matías Edery, lo llevaron hasta una quinta en el paraje Los Muchachos, sobre la ruta A012, en jurisdicción de Piñero. Se presume que allí lo mataron y que luego lo tiraron a la vera de la autopista Aramburu, frente al barrio Las Flores, en medio de un cardal, donde sería en la mañana del martes 13, tras un llamado anónimo. Llevaba al menos 36 horas fallecido y le habían metido dos tiros en la espalda y otro en la nuca. En un bolsillo había una nota con una leyenda escrita con un fibrón: “Con la mafia no se jode”. Según un video aportado por familiares a la Justicia, los captores se llevaron el Chevrolet Cruze de la víctima al momento del secuestro, y horas después volvieron y lo dejaron estacionado frente a la vivienda. Antes, estuvieron media hora dentro de la casa.

 

Tras un operativo en la quinta de Los Muchachos, que la pesquisa considera es propiedad de Alvarado, se incautó documentación que, unida con tareas de inteligencia, disparó otros 14 allanamientos a inmuebles vinculados con este hombre. Esto incluyó su vivienda del barrio Funes Hills donde estaba su esposa, la sede de su empresa de transporte en la zona oeste, un domicilio donde se buscó a su hermano, y el episodio en el complejo ubicada frente al shopping Alto Rosario, donde el actual subjefe de inteligencia antinarcóticos de la Policía de Investigaciones de Rosario Javier Makhat –quien en su destino anterior había sido custodio del Ministerio Público de la Acusación– recibió a los uniformados: dijo haber comprado el departamento y dos cocheras a un médico, y terminó apartado de su cargo.

 

En la quinta de Piñero habían encontrado comprobantes de pago de los servicios de ese mismo inmueble, todos correlativos, a nombre de una tercera persona. Aunque hay distintas hipótesis sobre el móvil del crimen, la Fiscalía considera que existen elementos para imputarle a Alvarado la instigación, por lo cual pidió su captura en las últimas horas. La Fiscalía considera que, más allá del avance de la causa por el homicidio, hay elementos como para instruir un proceso por delitos económicos, habida cuenta de la profusa documentación incautada en el operativo del pasado 29 de noviembre.

 

Hermanos en armas

 

Alvarado, conocido como Rengo o Chuchino, tiene una sola condena en territorio provincial, a tres años de cárcel en suspenso. Fue a raíz de un episodio ocurrido en diciembre de 2007, cuando según el fallo cayó in fraganti al robar un Fiat Duna en Cochabamba al 800. Un año antes de caer preso por el robo del Duna, allá por 2006, una investigación de Gendarmería iniciada en Corrientes que terminó en condenas en territorio santafesino, mencionó a Alvarado como parte de un entramado de bandas de distintas provincias que se reunían en la ciudad de Clorinda, fronteriza con el Paraguay. Según aquella pesquisa, dos hermanos rosarinos, “Esteban” y “Gustavo”, serían “los encargados de la logística de la organización, quienes poseerían aeronaves y un hangar en las proximidades de Rosario”. Sin embargo, ninguno de los nombres que figuraban al inicio de la investigación llegó al momento del fallo, en 2015, lo que fue cuestionado sin éxito por las defensas de los sentenciados: el dueño de una avioneta, formoseño, un productor rural santiagueño y un piloto paraguayo. El expediente en cuestión juzgó el secuestro de 1.300 kilos de cannabis de la variedad Pinito Puro 100% incautados en Pozo Borrado, en el norte de Santa Fe, el 17 de abril de 2007, en una ruta de la marihuana que, según una hipótesis de la pesquisa, incluso terminaba en Chile.

 

Los mencionados en el caso, afirman desde Gendarmería, eran Alvarado y su hermano, Gustavo “Tuerto” Ramos. Seis días antes del operativo en Pozo Borrado Ramos había caído preso con otros tres hombres en la ruta 9, cerca del peaje de la localidad santafesina de Correa, en el marco de otro procedimiento federal con epicentro en Córdoba, que dejó como saldo la incautación de 116 kilos de marihuana, tras el secuestro de una avioneta incendiada en la localidad mediterránea de Quilino, dos años antes. También cayeron otros dos rosarinos y un piloto de avión cordobés. La droga (se presume que en total eran 500 kilos) había arribado, el 13 de marzo, a un campo de la localidad cordobesa de Noetinger y fue luego trasladada a Landeta, en el departamento santafesino de San Martín.

 

Según el fallo de la Justicia federal cordobesa, el jefe de la banda era Mario Baldo, un productor agropecuario que a la vez era piloto de avión y también de rally, quien recibió 12 años de cárcel, el mismo monto que Ramos. Se los consideró cabezas de la organización que contrabandeaba marihuana desde el Paraguay y que incluso tenía el aporte de otro piloto de avión, integrante de la Patrulla Aérea de la Policía cordobesa. En el juicio, Ramos admitió que siempre había contrabandeado cigarrillos, pero jamás marihuana. El tribunal consideró que era el encargado de vender y distribuir la droga. En una escucha, uno de los acusados le dice a Ramos: “Hacé desaparecer los repuestos”, lo que fue interpretado como una referencia a la droga, que al ser incautada fue identificada, también, como de la variedad Pinito Puro 100%.

 

Ambos procedimientos, en Pozo Borrado y Correa, desencadenaron entonces una purga en la Dirección de Drogas Peligrosas santafesina, en la que 35 efectivos fueron desplazados. En otro episodio con vínculo policial, Ramos protagonizó un confuso caso, en el primer semestre de 2010, mientras estuvo detenido en la Alcaidía de la Jefatura de Rosario cumpliendo la condena de la Justicia federal cordobesa: se abrió una investigación federal para determinar si los policías lo dejaban salir todas las noches y si continuaba con la venta de drogas, en conjunto con un uniformado, según la información aportada por el fiscal federal Carlos Gonella a su par rosarino Federico Reynares Solari.

 

Los hombres del poncho

 

Ramos había sido detenido por la Policía de Rosario un mes antes de caer en el peaje de Correa, en marzo de 2007, en el desarmadero de su hermano, en Chaparro al 1100 (en la zona de Mendoza al 7700). Una investigación de la comisaría 2ª sobre el robo de una cupé Ford Taunus en el centro derivó en el hallazgo de tres autos que, según la acusación, estaban listos para que les cambiaran el número de chasis, lo que en la jerga del hampa se conoce como poncho. Ambos, el Tuerto y Chuchino, fueron indagados por encubrimiento agravado de robo automotor. Por entonces, Ramos tenía antecedentes por lesiones y robo calificado.

 

En noviembre de 2006, Alvarado fue preso en San José de la Esquina mientras escoltaba en una Ford Ranger un minibús Kia robado en Echesortu cinco meses antes. Para entonces, tenía un par de causas por tenencia de arma de guerra y una de lesiones y daño de 1998; además estaba mencionado en un oscuro asalto que terminó con un policía baleado en la casa del dueño de otro desarmadero, en 2002, en barrio Belgrano. También fue imputado tras el espectacular golpe al hipermercado Makro, en 2004, recordado porque incluyó un tiroteo con la Policía cuando el lugar estaba lleno de gente, porque pese a que la banda era monitoreada vía escuchas telefónicas y sus integrantes cayeron in fraganti nunca aparecieron las armas, y porque un policía sacó del lugar del robo a un asaltante escondido en el baúl de su auto particular.

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