Sociedad
07-11-2018
Abusó de su sobrina y le trasmitió sífilis

La víctima tenía apenas tres años en 2013 cuando se conoció el caso a partir de una revisión médica de rutina en un hospital público. El hombre fue condenado este año.

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Carina Ortiz | Cruz del Sur

 

Tenía 3 años cuando llegó al Hospital Granaderos a Caballos de San Lorenzo desde una localidad cercana. Los médicos detectaron que la niña tenía signos de abuso sexual. Cuando profundizaron en los exámenes descubrieron que padecía una enfermedad de trasmisión sexual. La investigación arrojó que uno de sus tíos padecía sífilis. La niña tenía contacto cotidiano con los miembros de la casa lindera dónde vivía el hombre. El juzgado en lo Penal de Sentencia 4ª, entonces a cargo de Julio Kesuani, condenó al sospechoso a 9 años de cárcel por los delitos de abuso sexual con acceso carnal agravado por resultar en un grave daño a la salud y porque el agresor tenía conocimiento de que era portador de una enfermedad de transmisión sexual. También le sumó corrupción de menores, aunque la Cámara Penal entendió que no se dieron los requisitos para este último delito y le disminuyó en un año la condena.


La niña había llegado al hospital de San Lorenzo por asistencia médica, pero al revisarla los médicos comprobaron heridas de lesiones sifílicas. Era junio de 2013. Desde el hospital encendieron la alerta y el director de la institución radicó una denuncia que dio paso a una investigación penal. La niña fue revisada por profesionales forenses, quienes constataron lesiones compatibles con abuso y evidencias de la enfermedad de trasmisión sexual.


Con estos informes se corroboró que por lo menos hubo un hecho de abuso sexual del que la niña fue víctima. Si bien hay otras maneras de contagio de esta enfermedad –por vía congénita o sanguínea– esas posibilidades fueron descartadas por los estudios médicos que les hicieron a los padres de la niña, tal como explica el fallo.


Para el tribunal la víctima fue contagiada por una enfermedad de trasmisión sexual que poseía el imputado y ningún otro hombre del entorno familiar. El tío vivía en una casa lindera al de la niña y, si bien la defensa dijo que la casa de la víctima era frecuentada por otras personas, testigos contaron que era frecuente ver a la niña caminar, sin la compañía de sus padres, hasta la casa de su tío.


Durante el juicio dos tías de la niña brindaron su testimonio y contaron que mantuvieron relaciones sexuales con Javier R., posteriormente fueron diagnosticadas con la misma enfermedad que se le detectó a la víctima, dijeron. Si bien la niña no hizo referencia a haber sido tocada o a hechos de abuso durante su declaración en cámara Gesell, para el juez esto no fue una prueba que desincriminara al acusado. Kesuani sopesó la escasa edad de la niña al momento de perpetrarse el abuso y el tiempo que paso entre el hecho y la entrevista, ya que la declaración se hizo cinco años después del ataque sexual.


Con estos argumentos el juez Kesuani decidió condenar, en junio de 2018, a Javier R. a la pena de nueve años por los delitos de abuso sexual con acceso carnal agravado por resultar un grave daño a la salud y por tener el agresor conocimiento de padecer una enfermedad de transmisión sexual, y corrupción de menores. Pero la decisión del magistrado fue apelada por la defensa, quien consideró que su cliente fue condenado por “descarte”. La revisión estuvo a cargo de los camaristas Gustavo Salvador, Alfredo Ivaldi Artacho y Daniel Acosta, quienes confirmaron parcialmente la sentencia.


Para los camaristas, si bien se configuró un abuso sexual con acceso carnal, solo corresponde el agravante relacionado con la provocación de un grave daño a la salud. Evaluaron que la niña sufrió un perjuicio severo en su organismo y debió permanecer hospitalizada y sometida a un prolongado tratamiento médico como consecuencia del contagio.


Aunque no llegaron a la misma conclusión respecto al conocimiento que tenía el condenado sobre la enfermedad de trasmisión sexual que poseía. Explicaron que la norma fija como requisito que el autor conozca a ciencia cierta el padecimiento de una enfermedad grave y que aún así decida mantener una relación sexual contra la voluntad de la víctima. Para el caso, los magistrados evaluaron las circunstancias de tiempo y espacio en que se produjo el hecho, las condiciones culturales y de actuación del condenado, y concluyeron que no se probó que lo supiera.

 

Corrupción de menores

 

El juez de sentencia también condenó a Javier R. por el delito de corrupción de menores. El Código Penal en su artículo 125 habla de este delito y se refiere a las personas que “promueven o faciliten la corrupción de menores de dieciocho años”, la pena aumenta cuando la víctima es menor de 13 años y se agrava aún más cuando hay engaño, violencia, amenaza, abuso de autoridad o cualquier otro medio de intimidación o coerción. También cuando el agresor es ascendiente, cónyuge, hermano, tutor o persona conviviente o encargada de su educación o guarda.


Si bien los camaristas no perdieron de vista la gravedad del hecho ni sus consecuencias, las deficiencias en la fundamentación de la condena respecto a este delito impidieron su confirmación. Con ese criterio revocaron este punto disminuyeron la condena de Javier R. en un año por lo que deberá purgar una condena de ocho años de cárcel.

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