Política
31-10-2018
El sistema que no se puede controlar

Javier Smaldone, especialista en seguridad informática, lleva adelante una campaña ciudadana contra el voto electrónico por su vulnerabilidad y porque no garantiza el secreto del voto. “Ahora lo impulsan de abajo para arriba”, dice.

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Pablo Makovsky | Cruz del Sur

 

“El voto electrónico –dice en esta entrevista Javier Smaldone, quien hizo de su oposición a ese sistema una militancia– es algo tan simple que se puede ver así: cuando uno vota está el ciudadano y el elemento de votación, a través del cual tiene que expresar su decisión política: cuál es su candidato, quién quiere que lo represente. Es un acto íntimo, debe garantizarse el secreto para que esa persona sea libre de votar por quien quiera. Y con el voto electrónico, el elemento mediante el cual va a ejercer su voluntad es algo en extremo complejo, que tiene componentes activos que toman decisiones y es tan complejo que requiere de una profunda auditoría de un grupo altamente especializado. El votante no está en control de la situación. En cambio, en cualquiera de las otras opciones está el votante, un sobre, papel, birome, cosas que puede controlar. Por eso hablo de la garantía del secreto del voto: el votante tiene que estar seguro de que nadie sabe cómo votó, porque basta la sospecha de que alguien pueda averiguarlo como para que ceda a cualquier presión. No podemos poner algo complejo y que necesite de una auditoría como forma de expresar la voluntad electoral. Ahí la informática no. Después, en el resto del proceso electoral, para mejorar el escrutinio, la transmisión de las actas, la publicación de los resultados, todo lo que permita que los ciudadanos o los partidos podamos controlar mejor, bienvenido sea el uso de la informática”.

 

Smaldone (analista informático, acá su blog, con abundante información y videos sobre el tema) asistió por sus propios medios al Congreso el año pasado para demostrar que el sistema de voto electrónico que impulsa el oficialismo y otros dirigentes políticos no garantiza el secreto del voto y requiere de expertos ajenos al proceso electoral. Incluso llegaron a diseñar una aplicación que podía escanear a distancia la boleta única electrónica y dar a conocer la opción de un ciudadano. Sin embargo, se intensifica en estos días la estrategia para imponer un sistema que en casi todo el mundo, a excepción de Brasil, India y Venezuela, se está dejando de lado por su vulnerabilidad. El viernes pasado Smaldone estuvo en Rosario junto con el concejal Pablo Javkin, con quienes analizaron el sistema de la boleta única de papel, que el analista informático promueve.

 

—¿Se intensificó la campaña por el voto electrónico después del debate en Diputados el año pasado?

 

—Lo que notamos, y es claro si uno ve los distintos proyectos presentados, algunos de ellos ya aprobados, es que a partir de el freno que se le pone al proyecto nacional en el Congreso de la Nación, aparecen múltiples iniciativas en distintas provincias y municipios. Fue inmediato, a mediados de noviembre se frena en el Congreso y a la semana siguiente aparecen proyectos en varias provincias.

 

—¿En cuáles?

 

—En Salta ya estaba, en Capital Federal estaba puesto casi por decreto, pero aparece en Córdoba, en Neuquén, en Mendoza, en Chaco, en algunas localidades de Corrientes, como capital. Es como que hubo una estrategia: no podemos imponerlo de arriba para abajo, los vamos a imponer de abajo para arriba. Entonces estamos atentos, porque sabemos que esa es la estrategia. Cuando se trata en alguna provincia seguimos el tema. Por lo general es poco lo que podemos hacer. Los únicos que estamos plantados contra el voto electrónico proponiendo soluciones reales somos un grupo de ciudadanos pobremente organizados, no estamos bajo el paraguas de ninguna institución ni partido político, de hecho notamos que la inmensa mayoría de los partidos políticos, sobre todo los más fuertes, están a favor del voto electrónico en algunos distritos y en contra en otros y no hay ninguna fuerza política que proponga la boleta única de papel que es lo que queremos impulsar.

 

—Como en Santa Fe.

 

—En Santa Fe y en Córdoba. En Rosario nos reíamos con Pablo Javkin porque yo le decía: ustedes no son los primeros que tuvieron boleta única de papel, el primer proyecto se aprueba en Córdoba y el primer lugar donde se usa es en Santa Fe, pero por poquito tiempo, en 2011. Y hemos visto como se solucionaron no todos los problemas, porque no hay una solución mágica para esto, pero sí los problemas relacionados con boletas, el escrutinio se simplificó notablemente, y hasta los tiempos se acortaron.

 

—En Alemania llegó a prohibirse el voto electrónico a través de la Constitución.

 

—Alemania hizo pequeñas pruebas, pero no llegó a implementar definitivamente el voto electrónico. Allí, un padre abogado y un hijo hacker presentaron un recurso de amparo que llegó hasta el Tribunal Superior y consiguieron la declaración inconstitucionalidad. Pero en Holanda comenzaron con el voto electrónico en 1995 y llegaron a implementarlo en todo el país, con constantes advertencias de grupos de hackers –y cuando digo hackers me refiero a especialistas en seguridad informática, no delincuentes– que un día pudieron demostrar en un programa de televisión múltiples formas de vulnerar la integridad del voto y su secreto. Y los Países Bajos tuvieron que descartar el voto electrónico, tiraron todas las máquinas en un país que llevaba diez años votando así.

—En Argentina ustedes mismos demostraron la vulnerabilidad del sistema a través de boletas únicas electrónicas que recogieron de la calle. ¿Qué pasa con eso?

 

—Todo lo que pudimos hacer lo hicimos sin recursos y sin poder acceder al sistema, o a los sistemas, porque hay varios. Nadie nunca nos facilitó las máquinas, el software, cosa que sí pudieron hacer los hackers holandeses, que trabajaron sobre los equipos reales. Nosotros conseguimos una boleta porque las dejaron tiradas en la basura, o el software porque se filtró. Y a las máquinas pudimos acceder un ratito en lugares de exhibición pública. Y a pesar de eso encontramos vulnerabilidades que no son todas, son las pocas que pudimos verificar.

 

—Que son graves.

 

—Sí, y así y todo es muy curioso. Es como si tuviéramos un proyecto de ley para modificar el calendario de vacunas y la comunidad médica dijera que esas vacunas son peligrosas y, por otro lado, un grupo de políticos y abogados que dicen no, no deben ser tan malas.

 

—¿Qué hay detrás, entonces, un negocio o un programa fraudulento para manipular elecciones?

 

—Creo que ni una cosa ni la otra. Donde hay dinero siempre para algunos hay un negocio y no necesariamente está mal. Seguro que tenemos empresas que quieren vender sus productos, pero no creo que tanto empeño, que involucra a figuras del gobierno, hasta el mismo presidente, que insistió tantas veces con el tema, se deba al volumen de dinero involucrado. Con respecto al fraude, quiero creer que no tienen la intención manifiesta de tener un sistema que puedan manipular. Me parece que está el egoísmo común de nuestros políticos con el que cada uno piensa el sistema que puede darle alguna ventaja en la próxima elección.

 

—Las elecciones que ganó Jair Bolsonaro Brasil demostraron que hubo un uso muy preciso de la big data, con paquetes de información de números de teléfono, locaciones, tendencias, noticias falsas direccionadas a través de WhatsApp o Facebook. ¿El voto electrónico no encuadra en esa tendencia?

 

—Puede ser que haya algo en común, pero pensemos que hay tres tipos de sistemas de votación en danza: el de boleta partidaria, el clásico, que aún usamos, el de boleta única electrónica o voto electrónico, que implica votar usando computadoras, y la boleta única de papel que impulsamos. Y si nos ponemos a ver vemos a parte del arco político impulsando el voto electrónico y el resto oponiéndose pero queriendo imponer la boleta partidaria. No vemos ninguna fuerza importante promoviendo la boleta única de papel, salvo el socialismo santafesino; ni siquiera el peronismo cordobés que la instaló en Córdoba la propuso a nivel nacional. Entonces vemos una puja por tratar de imponer el sistema que cada uno cree que lo va a favorecer en la próxima elección.

 

—¿Cómo analizás el desempeño de las elecciones en Brasil, que se hicieron a través de voto electrónico?

 

—En Brasil todo quedó en la nada porque ganó el candidato que denunciaba fraude. El sistema de Brasil es el peor del mundo. Las máquinas de votación son urnas electrónicas y los ciudadanos desfilan durante el día apretando teclas, tienen que introducir el número de cada candidato que quieren votar, y si ponen un número que no existe es voto nulo –el domingo hubo un 8,5 por ciento de votos nulos, los blancos fueron 2,5. Entonces desfilan los ciudadanos apretando botoncitos y al final del día la máquina emite un ticket que dice el total de votos y nada más, y creer eso es una cuestión de fe, de creer que la auditoría estuvo bien hecha y que el software funciona bien y que la máquina no puede ser manipulada. Y quien afirme lo contrario tampoco tiene ninguna evidencia. Por eso en Brasil nunca hay denuncias fundadas de fraude, ¿y cómo puede haberlas?

 

—¿Y no es una locura?

 

—Es realmente una locura porque el sistema de votación sirve a dos propósitos: determinar quién ganó y convencer a los que perdieron de que perdieron. Bolsonaro lo había anticipado: si pierdo es porque hubo fraude. ¿Qué hubiera pasado si perdía? Esos carros del ejército que festejaron con soldados armados en la calle hubieran salido igual pero al revés. Ahí el problema no es si hubo fraude, sino la falta de garantías, falta de transparencia.

 

—Sin embargo el argumento de que el voto electrónico es más moderno gana terreno.

 

—Entiendo que al común de la gente cuando se le dice que hay que modernizarse piensan en poner una computadora arriba de la mesa, ahora lo que no saben es que el voto electrónico ya tiene más de 40 años de recorrido en el mundo, los distintos modelos de votación electrónica incluido este que se llama boleta única electrónica, que tiene respaldo en papel como lo tienen muchos otros, como el de Venezuela. ¿Cuál es la situación al cabo de 40 años? Porque nos dicen: hacemos transacciones bancarias a través de internet, homebanking , pero eso se hace mal que mal en todos los países del mundo, ahora ¿cuáles son los países que usan voto electrónico en elecciones nacionales? La India, Brasil, Venezuela, Mumbai y próximamente la República Democrática del Congo. Después, parcialmente Bélgica, que en gran parte lo abandonó, y los Estados Unidos, donde el 65 por ciento vota con boleta única de papel. Podemos decir que hoy en el mundo no se vota usando computadoras. Se votaba más hace diez años y se dejó porque los resultados no han sido buenos.

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