Deporte
31-10-2018
Toda la vida es ahora

Una nueva versión del clásico rosarino está a punto de arrancar. Con condimentos especiales, una cancha neutral y vacía, un contexto de desencuentros dirigenciales, un presente pobre desde lo deportivo, no hacen más que exponer que igualmente lo que está en juego está por encima de esas mezquindades. Newell’s y Central se juegan el pasaje a semifinales de la Copa Argentina pero se juegan mucho más que eso.

 

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Alejandro Mangiaterra | Cruz del Sur

 

Aquel verso de Machado se vuelve tapa del diario: “Toda la vida es ahora. Ahora es el momento de cumplir las promesas que nos hicimos”. Ese concepto recorre los dos vestuarios, las sedes de los clubes, las calles de la ciudad, las mesas de los bares, el pensamiento individual. Newell’s y Central, Central y Newell’s, cruzados pero no mezclados, de a ratos por el absurdo folclore del fútbol o porque las paralelas –en el fútbol– no se cruzan ni en el infinito. Éste era un año en el que solo se iban a espiar por sobre la medianera.

 

La Superliga no los iba a enfrentar hasta febrero del 2019, pero la Copa Argentina –o el destino– no quiso que pase tanto tiempo sin verlos enfrentados. Lo que no pudieron los directivos, cuando “olvidaron” jugar los amistosos de verano, tiene ahora representación en un torneo federal. Claro que con las condiciones del dueño de casa y como todo dueño se cree con el derecho –o el capricho– de que sea como él quiere. Así que este jueves, desde las 15.30, en Buenos Aires, en Sarandí, en Arsenal, con tribunas vacías y un calor popular que unirá 300 kilómetros de distancia, habrá clásico.

 

Responder quién llega mejor es de Perogrullo. Podría decirse algo al respecto pero la historia indica que poco sentido tiene saber cómo les fue en el último partido previo a este, cómo les fue las últimas veces que se vieron, qué plantel tiene más jerarquía o valor de mercado o a quién le fue mejor con el árbitro de turno.

 

No está mal responder esas preguntas para salir del paso, para quitarse de encima la adrenalina que genera un partido como éste, para que las agujas del reloj caminen más rápido y se haga menos traumática la espera, para engañar a la ansiedad haciéndole creer que hablamos de otra cosa. Pero lo real es que nada importa más que lo que pase en el cancha, ese día y a esa hora.

 

Esos antecedentes inmediatos, a los que recurrimos por comodidad, podrán decir que Newell’s llega mejor porque le ganó a Argentinos Juniors en su casa el lunes, con suplentes, es decir que no desgastó a los titulares. Podrá decir que a De Felippe le salió todo redondo porque se jugó una carta fuerte y no hubo contraindicaciones.

 

Ese pasado inmediato señalará que a Central le costó llegar a este partido más que a su rival, que hace ocho partidos que no gana y que Edgardo Bauza no encuentra el equipo desde que llegó, aún a pesar de los primeros –y únicos– tres triunfos en la Superliga. Esos argumentos a favor del rojinegro podrán potenciarse si se piensa que, contrariamente a lo que podía aparecer en el imaginario popular –por el momento institucional de cada uno–, Newell’s acaba de superar en la tabla de posiciones y en los promedios a su archirrival.   

 

Claro que hay argumentos del otro lado, Central cuenta con futbolistas de jerarquía que del otro lado no hay: la experiencia y los títulos de Matías Caruzzo y Néstor Ortigoza, en términos individuales, así lo avalan. Los Canallas tienen un lateral izquierdo de selección como Parot; un delantero que fue la vedette del penúltimo mercado de pases, pretendido por Boca y River, como Zampedri; un reemplazante a la altura de las circunstancias como Herrera, que justamente le dio el triunfo clásico en el último partido entre ambos cuando el ex Atlético Tucumán estaba suspendido y envuelto en polémica.

 

Y si se mira el banco de suplentes, es clara la ventaja de Bauza por sobre de De Felippe en cuanto a logros y recorrido. El conductor del Canalla, a pesar de no haber conseguido de su equipo aún un buen rendimiento, cuenta con herramientas, las que le permitieron ser dos veces campeón de la Libertadores con dos equipos distintos, la que le permitió llegar a la selección Argentina. 

 

Allí también está el historial y los antecedentes cercanos entre ambos para hablar antes del juego. Claro que los dos tendrán logros para sacar a relucir cuando el otro le achaque éste o aquel triunfo recordatorio. Y ni siquiera los antecedentes previos a esos partidos históricos se dan la mano con coherencia respecto de lo que pasó después.

 

Si miramos en el corto plazo, el Newell’s de Martino, que llenaba los ojos del fútbol argentino, no pudo ante un Central claramente menor. Luego, aquel Canalla avasallante de Chacho Coudet, el que puso en jaque al Atlético Nacional de Armani –luego campeón de la Libertadores–, el mismo Canalla que volvería a llegar a otra final de Copa Argentina ese año, perdió en su cancha injustamente ante un Newell’s apático de Diego Osella, por aquel gol de Maxi Rodríguez en el final.

 

El fútbol y los clásicos, en particular, se burlan de los merecimientos. En algunos momentos especiales le sueltan la mano, porque son partidos en los que se juega algo más que fútbol. Para jugar ese juego en el que hay que hacer más goles que el rival siempre es más conveniente hacer mejor la cosas que el otro, pero en los clásicos algunos preceptos básicos quedan tapados por la euforia, por las ganas, porque enfrente tuyo hay uno al que querés ganarle como sea.

 

Ese “como sea” que a veces nos da un poco de vergüenza, el día del clásico es bienvenido.  Y es bienvenido porque en las mesas de los bares, en las calles de la ciudad, en las sedes de los clubes, en los dos vestuarios solo importa una cosa, porque no hay más dilaciones, no hay más espera posible. Es ahora. “Ahora es el momento de cumplir las promesas que nos hicimos. Porque ayer no lo hicimos, porque mañana es tarde. Ahora”, como nos enseñó Machado.

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