Política
24-10-2018
Una macana de acá a la China

El periodista Néstor Restivo repasa el rol que recuperó Estados Unidos en América latina con la caída de los gobiernos populistas, el alejamiento de China en el marco de la guerra comercial declarada por el presidente Donald Trump y el desastre que cabe en el nombre de Jair Bolsonaro, probablemente el próximo presidente brasileño a partir del próximo domingo.

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Pablo Makovsky | Cruz del Sur


El periodista Néstor Restivo (Buenos Aires, 1960) dirige desde 2011 la revista Danga Dai (de intercambio entre Argentina y la República Popular China, además del portal de noticias Dangdai.com.ar y un programa radial dedicado a la misma temática), lo que lo llevó en varias oportunidades China, de donde volvió hace unas semanas.

 

Restivo tiene una licenciatura en Historia por la UBA, dio cursos para el Servicio Exterior argentino, formó periodistas. Es también autor, entre otros libros, de dos volúmenes dedicados a este tema: “China, el aliado inesperado. Presente y futuro de las relaciones entre Argentina y la República Popular China” (2015) y “Todo lo que necesitás saber sobre China” (con Gustavo Ng).

 

Autor también de “El accidente Grinspun. Un ministro desobediente” (con Horacio Rovelli, 2011), dijo de aquél primer ministro de Economía de Raúl Alfonsín que el kirchnerismo llevó adelante el proyecto que Bernardo Grinspun no pudo desarrollar.

 

En esta entrevista Restivo –quien también se especializó en temas económicos– repasa el rol que recuperó Estados Unidos en América latina con la caída de los gobiernos populistas, el alejamiento de China en el marco de la guerra comercial declarada por el presidente Donald Trump y el desastre que cabe en el nombre de Jair Bolsonaro, probablemente el próximo presidente brasileño a partir del próximo domingo.

 

—Qué lectura hacés de la Guerra comercial global entre EEUU y China?

 

—La guerra comercial no es solo eso sino que expresa otro conflicto a más largo plazo entre EEUU y China, que es frenar el ascenso de China. En ese sentido, la atacan por el lado de la suba de aranceles, pero tiene un objetivo más largo que es frenar a ese actor que en el futuro le complica la hegemonía a EEUU. Todos los días hay notas o informes de barcos que andan por el mar del sur de la China, o la venta de armas a Taiwán. La cuestión es empiojarles la vida por donde sea. Es decir, todo lo que les sirva para que China deba volcar recursos y distraerse y no seguir crecientdo y compitiendo con Estados Unidos. En América latina, durante el gobierno de (Barack) Obama, EEUU se distrajo, como pasa cuando tiene muchas guerras afuera, son mejores tiempos para América latina porque hay más margen para que nuestros países tengan más soberanía, gobiernos mas autónomos. Con Trump eso cambia radicalmente y observan que China se metió demasiado en América latina y tienen que recuperar ese espacio. Desde entonces ya vinieron funcionarios de primerísimo nivel: el vicepresidente, el ministro de Defensa, el secretario de Estado, el del Tesoro, el jefe del Comando Sur. En China no lo viven con preocupación porque para ellos América latina es importante (hace rato lo definieron) pero no es lo más importante. Más importante para ellos es el círculo que la rodea, el resto de Asia, la relación con Rusia, Europa y hasta África, Estados Unidos y después viene América Latina. Por eso no es que van a poner toda su política para pelear con Estados Unidos por estar en este lugar: no se van a ir pero no van a joder mucho con eso. Y China está avanzando despacio, para apaciguar un poco ese enfrentamiento y porque acá los gobiernos que tenemos se alinearon más con Estados Unidos: Macri es un ejemplo y Bolsonaro puede llegar a ser un anti-Chino total. Cambió muy fuertemente la visión norteamericana y China se la banca. Siguen haciendo sus cosas, logrando que casi todos los países de Centroamérica se alejen de Taiwán y reconozcan a China, por ejemplo.


—Michael Hudson analiza la guerra comercial y plantea el fin de los sindicatos y derechos de trabajadores en Estado Unidos y Europa, que avanza en ese terreno como una vuelta a los años 30. ¿Cómo lo ves?


—El hecho de volver a los 30 o a ese esquema de relaciones internacionales sí, se volvió a un mundo más nacionalista, más soberanista, que es lo que expresa Trump, versus otro sector más globalista como el que representaban Hillary Clinton u Obama, que le da lo mismo dónde está el capital. Ese proteccionismo nacionalista de Trump también aparece en otros países con mucho menos poder: la extrema derecha en Hungría, o lo que pasa con Bolsonaro, Italia. Hay una cerrazón más grande de algunos países sobre sí mismos que se parece mucho al panorama de los años 30. Hacen acuerdos bilaterales y pocos acuerdos regionales. Trump expresa eso. No sé si impacta en la clase trabajadora o los sindicatos, lo que sí sé es que es algo que siempre expresó el neoliberalismo, una rapiña mas grande, con una cada vez más grande tasa de ganancia. No sé si la guerra comercial impacta en eso.


—Vladimir Safatle plantea que Brasil vive una guerra civil de baja intensidad y que ese país nunca sufrió un ajuste neoliberal. Que los militares que allí hicieron el golpe en los 60 no eran neoliberales, aunque el plan de Bolsonaro y de su ministro Paulo Guedes sí lo sería.


—Es una incertidumbre Bolsonaro. Aparentemente va a ganar por mucho margen, pero no tiene un partido importante de gobierno, no tiene poder territorial, tiene pocos parlamentarios. Por lo tanto va a estar muy tironeado por los diferentes intereses. Los militares –y tiene un grupo de apoyo fuerte ahí– siguen siendo lo que fueron siempre, desarrollistas defensores de empresas estratégicas como Petrobrás y que no van a querer que se privaticen más. Por otro lado va a estar el ala fuerte económica, con Paulo Guedes, que es muy pro norteamericano, formado en Chicago y que va a ser el virrey norteamericano en Brasil. Yo creo que entre esos dos sectores va a haber quilombo. Bolsonaro es muy anti China. Como candidato viajó a Taiwan, a Japón y Corea del Sur y no solo no pasó por China, sino que habló mal, diciendo que invaden y arrasan con todo y que no hay que comprarles. En los últimos tiempos lo hicieron callar, aparentemente. Y es lógico, porque China es el principal socio comercial de Brasil, con casi 90 mil millones de dólares por año de intercambio. Va a tener que moderar esa visión antichina. En cuando a su política interior, la dictadura fue distinta pero Temer generó un fuerte ajuste en el gasto público. Hicieron pelota el gasto estatal y lo van a tener que revisar por más neoliberales que sean. Con la reforma laboral barrió con todos los derechos conquistados en la época de Getulio Vargas. Un dato es que muchos abogados laboralistas de Brasil se empezaron a dedicar a otros juicios porque no tienen más trabajo. Temer lo hizo. Si gana Bolsonaro va a seguir haciéndolo supuestamente, aunque hay que ver cuál es el límite. Se sabe que el pueblo de Brasil es menos rebelde que el argentino. Está mucho peor que en la década del 30, la caída de la inversión y de muchos valores es muy fuerte en Brasil. Y el plan de Guedes es privatizar todo lo que pueda, destruir el Mercosur, que será como en los 90, sólo dará para hacer negocios, nada de integración.


—¿Cuáles serían para Argentina las consecuencias de desmantelar el Mercosur?


—Brasil es un mercado muy importante. De lo poco que exporta Argentina, que también se derrumbó con Macri, sigue siendo Brasil el que le compra algunas cosas más o menos industrializadas, sobre todo del sector automotriz, y eso se cayó, lo que contribuye más a primarizar la economía argentina. Además, Estados Unidos va a tener a Bolsonaro como la derecha mundial, la nueva estrella, que hasta hace dos años era Macri y se les pinchó. Pero además Bolsonaro jode a la región no sólo porque es un facho y todo lo que ya sabemos. El Mercosur tuvo miles de defectos pero se había ayudado a que, ante ciertos intentos de golpes, como en Bolivia, Ecuador o Paraguay se intervenía, era un espacio más integracionista. En cambio con este tipo no hay chances de que eso vuelva a ocurrir.

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