Deporte
10-10-2018
Tiempo de declamaciones, de ventajitas y ventajeros

El clásico ya se juega hace una semana pero lejos del césped. Sin fecha ni sede, las conjeturas ganan la escena y nadie quiere dar el brazo a torcer. Además, a medida que pasa el tiempo, los dirigentes ponen en riesgo la presencia del público, la cual se ve más acotada a medida que el partido más esperado se aleja de Rosario.

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Alejandro Mangiaterra | Cruz del Sur

 

Se viene un nuevo clásico rosarino, insospechado, incómodo pero muy esperado. Insospechado por la baja probabilidad de clasificación que traía consigo cada plantel, incómodo porque trastoca los objetivos de mínima y máxima que cada uno se planteó, porque saca el foco del sitio al que se apuntaba, porque incluso mina un terreno que parecía provisoriamente firme. El clásico aun no tiene día ni estadio pero sí tiene discusiones, reuniones y expresiones públicas de ocasión, como ocurre habitualmente. La posibilidad de sacar una mísera ventaja está a la orden del día aunque después esa ventaja sea un arma de doble filo. Por solo poner un ejemplo, en el clásico anterior, Central se quejó por la suspensión de Zampedri pero ganó el partido por un gol de su reemplazante, Germán Herrera.

 

Lo primero que ocurrió ni bien se consumó la clasificación de Central por penales ante Almagro fue que Newell’s expresase su deseo de jugar el clásico el domingo 14, según ellos, por sugerencia de Copa Argentina, quien se lo habría comunicado cuando los rojinegros eliminaron a Atlético Tucumán el 8 de septiembre. La Lepra gritó primero porque ya estaba clasificado y gritó más fuerte cuando vio las formas con las que su rival alcanzó la clasificación; por penales y casi sin haberle pateado al arco a un equipo de la B Nacional. El rojinegro se envalentonó por ver que en la ventana del vecino pasaban “cosas peores” que en su casa: “Queremos jugar este fin de semana como estaba previsto. La fecha FIFA es la que nos dio Copa Argentina”, dijo D’Amico. Sin embargo, el partido del lunes por la noche ante Colón los devolvió a la realidad.

 

Entre tanto, en la mañana del lunes se llevó a cabo la primera de las reuniones que involucró a las partes intervinientes en la logística y la preparación del clásico. Aunque faltó una de las cuatro patas, nada menos que la empresa organizadora. Se reunieron algunos representantes de los clubes –Cristian D’Amico y Juan José Concina por el lado de Newell’s y Ricardo Carloni por el de Central– y los referentes de Seguridad de la provincia de Santa Fe, con Maximiliano Pullaro a la cabeza.

 

La pregunta que sobrevuela es: ¿de qué hablaron en la reunión? Porque parece que del clásico se habló poco. Al terminar la cita, nadie sabía porque no estuvieron presentes los directivos de la empresa organizadora, no pudieron acordar la fecha del partido y aunque expusieron que avanzaron en la idea de un presunto sorteo del estadio para jugar en Rosario nadie de Central le informó al resto de las partes que no tiene la cancha disponible desde el 20 hasta el 30 de octubre. En esa fecha la artista colombiana Shakira dará un recital en el Gigante de Arroyito. Con lo cual, las chances de que el partido sea en Rosario decrecen notablemente si no están las dos canchas disponibles para el sorteo.

 

La incomunicación no quedó en eso. Al finalizar la reunión, el organismo de Seguridad anunció que se reuniría con representantes de la Copa Argentina por la tarde en la ciudad de Santa Fe. Sin embargo, al ser consultados los directivos de los clubes manifestaron que ellos no estaban enterados de la reunión y que les resultaba raro que no hubieran sido informados del asunto en la reunión que acababa de finalizar.  

 

 Posiciones inamovibles

 

Al salir del cónclave, los directivos de Newell’s indicaron que lo más lógico sería jugarlo el domingo 14 o a lo sumo el miércoles 17, la misma postura con la entraron. En la vereda opuesta, los representantes de Central indicaron que su idea es jugarlo a fin de mes: “En nuestra agenda no está jugar el 17”, dijo Ricardo Carloni. Lo que inicialmente planteaba la dirigencia de Arroyito era que se jugase el 24, sin embargo, es casi un hecho que Superliga le programará a Newell’s el postergado partido contra Estudiantes de La Plata ese día.

 

Además, en pos del clásico en Rosario es inviable que Central tenga su cancha disponible ese día. Aunque tampoco el 31 porque la empresa organizadora del show musical de Shakira terminará de desarmar lo montado un día antes, por lo que el piso de la cancha no estará en condiciones. Por esto, Carloni se vio obligado a decir luego: “En octubre en nuestro estadio no se puede, habría que jugar en noviembre”.

 

Todo parece encarrilarse a un clásico fuera de la ciudad de Rosario. En las últimas horas creció la posibilidad de que el estadio de Colón de Santa Fe sea el escenario elegido. En primera instancia, Rosario Central no quería que fuera allí porque los reiterados antecedentes negativos en términos de seguridad sufridos por la parcialidad auriazul suponían una nueva instancia de conflicto. Sin embargo, surgió la chance de que les den la tribuna local para no tener que pasar cerca de los accesos en los que ya hubo problemas.

 

De cualquier manera, la resolución la tomará la empresa Santa Mónica, que es la organizadora de la Copa Argentina, más aún si no hay una unanimidad en el discurso. Ante la imposibilidad del acuerdo emerge la imposición del dueño de la pelota. Y en esto, está claro, los dueños de la pelota no son los clubes. Aunque bien vale decir, las instituciones le dieron todo el terreno del mundo a la que decisión les sea ajena.

 

¿Qué papel tendrá el hincha?

 

La primera idea era que el clásico se juegue en Rosario con mitad de cancha para cada parcialidad, entre 15 y 20 mil personas por lado. A medida que la pelota se va alejando de la ciudad, el cupo se va achicando para los simpatizantes. La segunda opción marca que si se juega en Santa Fe el número de observadores presenciales será de entre 5 y 7 mil por tribuna. Aquí se juega la seguridad de los que se movilicen a la capital provincial y también la de las ciudades de paso de las hinchadas, incluyendo el lugar del destino final. 

 

La peor de las instancias será que Copa Argentina decida que el partido se juegue fuera de la provincia. Allí la presencia de público será más difícil porque el operativo de seguridad ya debería incluir la participación de otras provincias y al parecer, aunque muchos quieren recibir el clásico, pocos o casi nadie se quiere comprar el problema que viene consigo.

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