Provincia
20-09-2019
El futuro del trabajo
Carlos Rodríguez, ex ministro de Trabajo santafesino durante la gestión de Hermes Binner, analizó la “Uberización” del empleo y el impacto inédito que tendrá en las décadas por venir la robotización y la inteligencia artificial. “En 15 años no habrá más abogados”, dijo, y planteó la urgencia de un diálogo tripartito comprometido con los cambios en educación.
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Pablo Makovsky

 

El médico Carlos Rodríguez fue ministro de Trabajo de la provincia entre 2007 y 2011, cuando Hermes Binner fue gobernador. Experto en seguridad y salud laboral, y por años consultor de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Rodríguez dio la semana pasada en la sede de ATE, en Santa Fe, una conferencia sobre el futuro del trabajo en la que señaló la necesidad de comenzar a trabajar ya en educación y con los sindicatos ante la inminencia de cambios que afectarán directamente la cantidad y la calidad de los puestos de trabajo de los años por venir. Desde los trabajos repetitivos, que serán reemplazados por robots, o los abogados, que serán reemplazados por la inteligencia artificial, hasta el tiempo que cada uno dedicará a trabajar, que debería ser menor que el actual o los ingresos, que acaso estén vertebrados sobre una renta universal. De todo eso, como lo manifiesta en esta entrevista, tratan las preocupaciones de Carlos Rodríguez, quien leyó sobre este mundo en su juventud, en la ya desaparecida revista “Más allá”, donde se difundían los más influyentes autores de ciencia ficción del último tercio del siglo XX.

 

—¿Cómo surgió su interés por el futuro del trabajo?

 

—Comencé mirando cómo son los cambios no en las formas de trabajo sino en el sistema de contratación. La aparición de Uber en Argentina significa una forma de contratación especial en la que desaparece la piedra del derecho laboral que es el convenio colectivo de trabajo. Por eso es que en España se está hablando de Uberización de los empleos. Así es que empecé a leer lo que aparecía sobre el tema. Y me interesa porque el futuro ya llegó, hay cosas que están pasando y haciéndose y a las que muchas veces ignoramos y, otras, no queremos ver. Lo cierto es que el futuro viene a pasos acelerados, mucho más que las revoluciones anteriores, ni la época de la máquina de vapor, ni la automatización de la línea de montaje y, luego, la primera digitalización; la velocidad es asombrosa, todos los días hay avances nuevos. Y no se innova sólo en productos de servicio, sino en servicios enteros. Si se observa lo que pasó en las últimas cuatro décadas, en los 80 aparecieron las computadoras personales –me acuerdo que en el 85 me compré la primera Commodore 64, porque dije: ‘En esto hay que meterse, si no, perdite’–; en el 90, Internet; en los 2000 los teléfonos inteligentes y la computadora portátil y ahora estamos frente a cosas nuevas, la Internet de las cosas, a la Inteligencia Artificial (IA), a la nube, al análisis integral de datos, a la cadena de bloques, es decir los sistemas ciber-físicos, estamos frente a algo que ya existe y está comenzando a utilizarse y que va a poner en crisis no sólo el sistema productivo y el empleo, sino las propias relaciones laborales.

 

—¿Y la educación?

 

—La educación sobre todo, que todavía, en muchos países, no sólo Argentina, está mirando para atrás, es esa maestra que enseña y hoy día se está pensando para esta época una educación totalmente distinta, en todo caso el maestro sabe despertar la curiosidad y es el niño el que busca, hay una cooperación entre maestros y alumnos. Imaginemos una escuela rural en el último de los pueblitos de Argentina con acceso a internet y a poder intercambiar con cualquier lugar del mundo sobre cualquiera de los temas que se estudian. O un artesano que hace algo y lo coloca en internet y tiene un mercado mundial. El panorama es interesante y preocupante a la vez. Tenemos una preocupación por el reemplazo de puestos de trabajo.

 

—Lo que dicen muchos especialistas es que en estas etapas, si bien se pierden puestos, se crean otros relacionados con las nuevas especialidades. Así se dio en las distintas épocas e, incluso, hay sostienen que la modernización hasta requirió más trabajo.

 

—Es así, los optimistas plantean eso en base a la historia anterior. Pero pasa que esta revolución tiene una velocidad que no tuvo ninguna de las anteriores y ahí hay una de las claves del problema. Con la robotización se van a reemplazar todos los puestos de trabajo que sean repetitivos. El robot no se descompone, trabaja las 24 horas, de hecho, Alemania está robotizando toda la industria manufacturera, pero con la IA ya no se trata sólo del trabajo repetitivo, sino que está el cognitivo, las computadoras piensan y la IA va a superar a la humana. ¿Dónde va a terminar esto? Se está empezando a trabajar en la IA de las emociones, hay máquinas que están capacitadas para saber cómo de feliz está a quien tienen enfrente, si está enojado o triste. Se trabaja sobre el cansancio, la distracción, el interés y va a ser muy importante en la educación. Es un cambio muy notable y probablemente se va a perder muchos puestos de trabajo. No es sólo un problema de modernización y político, sino económico. Esto tiene que ir de la mano del reparto de la riqueza, si no, no tiene sentido.

 

—Especialistas como el español Daniel Raventós sostienen que estos cambios deben ir acompañados de una renta básica universal (un ingreso provisto por el estado para todos y cada uno de los ciudadanos). Porque va a sobrar tiempo para los trabajadores y va a faltar trabajo.

 

—Por un lado está la posición de (André) Gorz que viene trabajando esto hace mucho y plantea lo siguiente: el trabajo no da autonomía e impide la realización personal (contrariando lo que uno ha dicho siempre), y que el rol del estado como garante de la cohesión social, más la protección social es crear lo que se llamaría ciudadanía social y entonces el plantea el tema del ingreso universal y es muy probable que en eso haya que pensar seriamente. Yo no lo voy a ver, pero en diez ó doce años ya mucha de las cosas que vemos ahora como extraordinarias van a ser las habituales. La OIT (Organización Internacional del Trabajo) está preocupadísima sobre el tema, acaba de hacer una reunión importante para analizarlo. Allí dicen que el trabajo cognitivo ya no es sólo de los humanos, dice que un 47 por ciento de las tareas pueden automatizarse, y uno de los problemas que se plantea no es sólo la renta universal, sino la reducción de la jornada de trabajo como una primera medida, o la ralentización del proceso de industrialización nuevo. Esto significaría acuerdos internacionales, no es algo que pueda resolver cada país por su cuenta. Incluso hay muchas preguntas, porque siempre dijimos que el ser humano estaba en la cúspide de la evolución biológica, pero para algunos científicos vamos a ser superados por la IA y ¿qué consecuencias tiene esto? No lo sé. Pero se supone que en 15 años no harán más falta los abogados. Los médicos, como en mi caso: los diagnósticos van a estar mucho mejor en manos de la máquina que en las nuestras. Ya hay robots que operan, en el Hospital Italiano de Buenos Aires, por ejemplo, con las operaciones de próstata.

 

—Las ficciones contemporáneas también tratan sobre las pesadillas de ese futuro, como la serie “Black Mirror” o la película “Ex Machina”.

 

—Mire, había una revista de ciencia ficción en mi juventud que se llamaba “Más allá” donde se veían muchas de las cosas que se plantean ahora, como la rebelión de los robots. Pero lo que más me preocupa sobre este tema es que deberían haber ya discusiones en torno a la educación. En esa sociedad se va a necesitar gente que tenga pensamiento crítico, creatividad, que sea capaz de coordinar equipos, cosas que pueda desarrollar en la escuela misma.

 

—Usted como ministro de Hermes Binner en la provincia introdujo cambios muy auspiciosos en la cartera de Trabajo, sin embargo hoy a nivel nacional y en el tema derechos parece que todo está retrocediendo. Ya no hay ministerio de Trabajo.

 

—Bueno, eso es una cosa vergonzosa, que no haya Trabajo ni ministerio de Salud es una vergüenza, una barbaridad: ¿quién puede valorar el trabajo decente, la calidad del empleo? ¿Cómo van a recuperar a la gente que no está en el sistema laboral?

 

—¿Y el rol de los sindicatos?

 

—Deberían exigir capacitación para los trabajadores que están y los que no están para enfrentar el desafío de las nuevas tecnologías. Deberían replantearse el sistema de obras sociales para que accedan al beneficio personas que no está en el sistema.

 

—El gobierno de Cambiemos creó un ministerio de Modernización que resultó sólo un ministerio de ajuste.

 

—Cuando vi ese ministerio de Modernización pensé que iba a tomar este tema. Y no, lo contrario.

 

—¿Por dónde empezar a pensar el tema del futuro del trabajo?

 

—Yo empezaría con un diálogo tripartito y en cualquier lugar, con empresa que van a ser de punta que van a ir hacia ese camino, y juntar a los sindicatos y el Estado. Pero creo que uno de los problemas más serios es el de la educación.

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Miércoles 19 de Diciembre de 2018
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