Deporte
12-09-2018
El Clásico amenaza

La Copa Argentina jugó una carta que parecía improbable. Aquella lejana sospecha de un presunto cruce entre Newell’s y Central en los cuartos de final del torneo más federal del país está a punto de concretarse. Y lejos de la alegría, a los organizadores, los directivos y los organismos de Seguridad les genera un problema que no imaginaron. ¿Dónde jugarlo?, ¿Con las dos hinchadas o a puertas cerradas? Por ahora, solo preguntas.

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Alejandro Mangiaterra | Cruz del Sur

 

La idea un clásico rosarino tensiona. Ya no la proximidad si no la posibilidad. La Copa Argentina metió la cola y Rosario ya vive un partido fuera de la cancha que ni siquiera se sabe si sucederá en el césped. Mucho menos, dónde sucederá ni cuáles serán las características. Newell’s y Rosario Central podrían jugar por los cuartos de final de la Copa Argentina en el mes de octubre. Pero para eso todavía tiene que darse otra cosa, que el Canalla supere a Almagro en el partido por los octavos.

 

Todavía no hay fecha fijada para el presunto clásico rosarino, ni siquiera la hay para el partido previo, el de octavos entre el Canalla y Almagro, aunque para este último duelo existe la posibilidad aún no confirmada de que pueda jugarse el 3 de octubre próximo. Con esa idea en mente, podría fijarse el partido de cuartos entre Newell’s y el ganador de Central vs Almagro para la semana del 15 de octubre (posiblemente el jueves 18) aprovechando el nuevo “parate” que propone FIFA, donde por ejemplo Argentina se medirá con Brasil.

 

Sin embargo, fuera del ámbito del terreno de juego, el clásico empieza a jugarse, a sospecharse, a imaginarse. Y eso provoca un cosquilleo interno, en las instituciones, en los planteles, en los cuerpos técnicos, en los medios de comunicación y, por supuesto, entre los hinchas. Y lo que es aún peor se siembra psicosis, en la segunda acepción del término, descrita como “miedo, angustia u obsesión irracional, que se da en un colectivo de personas”.

 

Todavía no se trata de una opción segura pero ya se habla de posibles sedes, de seguridad, de la asistencia o no del público: “hay que jugarlo en la luna”, se escuchó decir a un periodista en medio de la transmisión televisiva del duelo en el que Newell’s le ganó por penales a Atlético Tucumán.

 

Algunos postulan que la luna es poco difícil pero sí que debería jugarse en Cutral Co o en San Salvador de Jujuy para que vaya la menor cantidad de gente posible. Por ahí se alzó otra voz y pidió que se juegue en cualquier lado pero sin público para evitar cualquier riesgo. Los más sensatos pensaron en que la ciudad de Santa Fe podría ser una opción, tomando como posibilidad que una de las hinchadas viajase por la autopista hacia la capital provincial y que la otra ingresara vía Paraná.

 

La dificultad de este último caso radica en que habría que involucrar a la seguridad de otra provincia para el operativo. Algo similar ocurriría en caso de que la sede elegida fuera la ciudad de Córdoba, dónde una hinchada viajaría por la autopista y otra por la vieja Ruta 9.

 

Tal vez, lo más lógico sería jugarlo en Rosario y que la cancha elegida se dirima por sorteo. Para eso hace falta un poco de sentido común y no tejer presuntas conspiraciones en caso de que el azar no favorezca a alguno, como es inexorable. Así, la mitad del estadio para cada uno sería lo que toda sociedad civilizada festejaría, que el clásico se juegue acá, correspondiéndose con la cultura y la historia de la ciudad. Aunque para todo ello es necesario apartarse de la mezquindad y la demagogia.

 

Antes de que todo eso ocurra, antes de que todo eso se discuta y se negocie, hace falta que Rosario Central elimine a Almagro, cuya sede y día, como anticipamos, aún no están definidos. Central viene de eliminar a Talleres de Córdoba por penales, jugando un pobre partido. Y como antecedente inmediato tiene la derrota ante Racing en el prontuario, por lo que es demasiado irrespetuoso pensar que Almagro no tiene ninguna chance y colocar a Central como el vencedor antes de jugarlo.

 

“Uno está en el fútbol y sabe que el rosarino es un clásico importantísimo. Va a ser una linda experiencia”, dijo Néstor Ortigoza en su última conferencia de prensa. Sin embargo, se dio cuenta del paso en falso y volvió hacia atrás: “No se puede pensar en un posible clásico todavía, falta mucho y todavía no tenemos fecha para Almagro. Nosotros ni lo hablamos a eso, ustedes (la prensa) son los que hablan de eso”.

 

No se trata de una frase políticamente correcta. No se trata de falsa modestia para presumir caballerosidad. Es claro que Central tiene mayor presupuesto, mayor jerarquía y, por consiguiente, es el candidato a ganar la serie. Pero esta edición de la Copa Argentina se ha encargado de pegarle un martillazo en los dedos a los sentenciosos. La eliminación reciente de Independiente a manos de Brown de Adrogué, la anterior de Unión de Santa Fe a manos de Sarmiento de Resistencia, la de Lanús ante Atlético de Rafaela, entre otras sorpresas, no hacen más que poner de manifiesta que la paridad en el fútbol, y sobre todo en el argentino, no puede soslayarse.

 

Por eso y porque se trata de fútbol, –no de cualquier otro deporte como el tenis, básquet o vóley, en el que quien tiene mayor jerarquía suele imponerse en nueve de cada diez veces– es al menos apresurado ubicar a Central en la antesala de nuevo clásico de la ciudad.  

 

De cualquier manera, al margen de lo deportivo, en el terreno de las palabras, de las negociaciones, de las discusiones, el partido atrae problemas. Si pudieran evitarlo lo evitarían. Los directivos y los funcionarios de Seguridad tenían su presente solucionado respecto de este tema porque la Superliga había programado el clásico por el torneo local para febrero del próximo año.

 

Sin embargo, esta posibilidad empieza a molestar. Ese partido hace mucho tiempo dejó de ser la fiesta del fútbol. Hoy de lo único que no se habla es de fútbol. Una vez aceptado esto, las partes involucradas en la organización y la logística deberían empezar a pensar en dejar de lado las mezquindades. El egoísmo no puede ser parte de las negociaciones porque sino el clásico se transformará otra vez en un padecimiento para ellos mismos. No se puede pensar en un clásico en un sitio remoto o, peor aún, a puertas cerradas.

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