Sociedad
05-09-2018
Jesús y el milagro de la radio

Desde hace cinco años Radio2 cierra su agenda informativa con Hoy es siempre todavía, un programa que invita a los oyentes a parar la pelota y alternar entre el análisis crítico de la realidad y el disfrute de la música y la poesía. Su conductor, el periodista Jesús Emiliano, explica en esta entrevista el lugar que ocupa ese espacio en la emisora y por qué considera valioso que los comunicadores no oculten su ideología. 

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Sebastián Stampella | Cruz del Sur

 

De lunes a viernes, cuando se hacen las siete de la tarde Radio 2 deja de ser lo que viene siendo. El cambio no se percibe sólo en el ritmo, que deja el vértigo para propiciar una atmósfera más amigable con la reflexión y el análisis. La diferencia aparece en el uso de la palabra en función de una forma de mirar el mundo que no hace concesiones al conservadurismo que caracteriza al oyente promedio de esa emisora. Jesús Emiliano es el artífice de esa especie de milagro radial que es Hoy es siempre todavía.

 

Junto a María Belén Álvares, Ariel Gómez, Carolina Palandri, Sergio Tion y Juan Diego Huerga, Jesús sostiene desde hace cinco años un espacio que invita a abordar algunos temas de la agenda diaria desde una perspectiva crítica y personal sin que eso impida celebrar la música, la poesía, extenderse en una entrevista intimista con alguna personalidad o lanzar consignas triviales para iniciar un intercambio divertido con la audiencia.

 

“Yo tengo muy en cuenta el horario en el que sale el programa, que es lo que se conoce como la vuelta. Uno llega con su impronta, pero sabiendo que tiene que aportarle algo al medio respetando ese segmento. La idea es parar la pelota, permitirnos aflojarnos e invitar a los que están volviendo a bajar un poco. Lo busco desde el tono, porque en cuanto al tenor de las palabras me permito tener un discurso fuerte”, explica Jesús.

 

—¿Hay una influencia de tus referentes de la radio en ese cuidado tuyo por la palabra y la difusión de pensadores y artistas catalogados como “comprometidos”?

 

—Sí, y seguramente en eso haya mucha influencia de mis referentes profesionales, que algunos son tan fuertes que terminan siendo referentes de vida. Pero también tiene mucho que ver con cierta formación de lo cotidiano, de experiencias de mi vida. Cuando yo era chico me crié en Bombal con una barra de amigos mucho más grandes que tenían una peña folclórica, donde había mucha broma, mucho chiste, pero un cuidado en la palabra y, sobre todo en el mensaje. En esas noches de joda también había lugar para los diálogos intimistas y la evocación de Alfredo Zitarrosa, por ejemplo. Uno necesita aflojarse, descargar, joder, pero al mismo momento reivindicar a aquellos poetas y decidores que marcaron un tiempo. Esas experiencias sin dudas me marcaron. Creo que soy un poco hijo de eso. Y luego los referentes de la profesión que me marcaron, a muchos de escucharlos y a otros por trabajar con ellos, con sus guiños y sus inflexiones. Siempre con el valor de la belleza, de la sonrisa y la alegría, pero sin perder el compromiso.

 

—Sos de los pocos periodistas que asumen su ideología. Solés decir que tenés un pensamiento de izquierda y desde ese lugar expresás tus opiniones. ¿Por qué pensás que eso es tan poco frecuente en los medios?

 

—Como éstos son tiempos confusos, creo que es necesario allanar el camino. Siento que con eso le estoy diciendo al oyente “usted va a escuchar a un tipo que está plantado ante la vida desde este lugar”. En momentos donde muchos dicen para no decir, o no dicen para decir, pienso que eso ayuda a que no perdamos el tiempo. Lo llamativo es que todo aquel que es de derecha –la mayoría en este mundo–no se asume como tal. Muchos comunicadores tienen temor feroz a asumirse de derecha cuando en verdad lo son. Ese que dice que “todo es lo mismo” o que es “apolítico” es de derecha, pero se sienten atacados cuando uno se lo dice. Yo con el tiempo aprendí a respetar mucho a Daniel Hadad, que es un empresario periodístico que conoce a de medios como pocos en la Argentina y que es de derecha y lo dice. Entonces podemos comprender mejor su mensaje, incluso para discutirlo. Eso es algo que suma muchísimo.

 

—¿Cómo definís a tus oyentes? ¿La devolución que recibís en el programa te permite distinguirlo de la heterogeneidad que representa una audiencia tan amplia como la de Radio 2?

 

 —A mí me interesa mucho dispararles cosas a los oyentes. No me fastidia que se enojen con lo que digo. Vivo contando al aire todo lo que nos dicen aunque no me guste. Tenemos una fuerte audiencia que se siente respaldada y que participa activamente. Me gusta que el medio sea un disparador, que te ponga el dedo en la llaga y que te incomode, que no sea condescendiente. Cuando empezamos había mucha gente enojada, después fuimos empatando y ahora hay una linda victoria en ese lugar. Tenemos muchos mensajes de oyentes que nos dicen que no comparten nada de lo que decimos pero valoran cómo lo decimos y el hecho de que invitamos a la opinión. Ya el hecho de generar un punto de tensión en ese oyente que contrasta lo que digo con lo que él piensa me parece un triunfo y tal vez me motive más que el mensaje halagador. Todos necesitamos de la caricia, pero el halago muchas veces es liviano. El punto de tensión es el que te deja pensando. Me gusta jugar con eso desde la comunicación.

 

—¿Tuviste algún tirón de orejas por parte de los directivos de la radio?

 

—El programa pasó por varios tiempos. Cuando en 2013 me ofrecieron hacer una vuelta informativa les dije que tenía ganas y que me estaba preparando para eso y me vi obligado a aclararles que por el estilo de la radio, mi forma y mi pensamiento no tenían absolutamente nada que ver con eso. Me respondieron que tenían claro como pensaba yo y empezamos a hacerlo. Cuando esa administración terminó y la radio fue vendida, llegó a la radio un gerente/CEO (Marcelo Fernández) con quien tuve una buena relación desde el diálogo pero que no se identificaba para nada con el producto. Nos sacó una hora de programa y estoy seguro de que si se hubiera quedado en ese cargo hoy no estaríamos al aire. En ese tiempo sí hubo mucha tensión.  Después Fernández se fue y volvimos a la normalidad. Yo sé que estamos en una radio que tiene una audiencia más conservadora y hay más productos para ese tipo de oyentes, algo que no critico. Hoy creo que tiene un balanceo justo. Yo trabajo con normalidad y disfruto lo que hago. Muchos valoran que yo esté en un medio que piensa de otra manera, aunque hay muchos compañeros en la radio que piensan como yo. Creo que eso le da un equilibrio que es necesario que muchos medios no se animan a buscar. El productor Marcelo Santecchia es muy importante en ese sentido.

 

—Siempre reconocés a Víctor Hugo Morales  como una figura muy importante en tu carrera ¿Funciona como un modelo la forma en la que él se fue corriendo del periodismo deportivo?

 

—Con Víctor Hugo se da una cosa muy especial. Él fue mi gran referente moral, periodístico, relator, artístico. Tuve la suerte de trabajar con él y ser su amigo. Puedo decir que es una persona muy generosa que se portó muy bien conmigo en momentos clave de mi vida personal. Muchos me relacionan con él, posiblemente por el hecho de que también soy relator y porque lo reivindico mucho.  Pero Víctor Hugo es la típica persona que cuando pasa por tu vida lo primero que hace es abrirte la cabeza, conectarte con otras cosas. Quiero decir, es mi gran referente, pero como también lo son Néstor Ibarra, Eduardo Aliverti, Alejandro Dolina o el mismo Rodlofo Walsh. Víctor Hugo es un hombre que invita a indagar, a viajar, a soñar, a volar, a abrir el espectro. Cuando pasás por Víctor Hugo después podés llegar a un Iñaki Gabilondo (comunicador español) aunque él no lo cite nunca.

 

—¿Y vos cuándo sentiste que podías, desde tu trayectoria como periodista deportivo, ampliar tu carrera con un programa como Hoy es siempre todavía?

 

—Es que apenas empecé a hacer periodismo deportivo, muy rápidamente me sentí periodista, me picó rápido  ese bicho. Si fuese por mí, hubiera empezado a hacer esto diez años antes. Soy un periodista que relata fútbol, que puede hacer un programa deportivo con mucha pasión, pero siempre me sentí un comunicador. Este programa que hago hoy está cortado, siento que se le cortó el potencial que podría tener. Hoy aspiro a otra cosa. Aún queriendo y defendiendo todos los días el programa que hago, voy proyectando algo superador. Siempre sentí lo mismo en casi todos los momentos de mi vida profesional. En el 2000 ya sentía que podía hacer un programa como éste, aunque creo que estaba menos formado que ahora.

 

—En tiempos de posverdad y estimulación de la grieta K-anti K ¿Cómo sobrellevás los mensajes de los oyentes que alimentan esos fenómenos?

 

—Cuando aparece el “¿Por qué no decís que fulano se robó todo?” sin acreditar datos que lo afirmen, ese mensajito queda en un costado porque es una posverdad de la que me permito ni siquiera transitar porque no merece ni el debate. Es perder el tiempo y por eso me corro de todo eso. Si bien tenemos apertura a los oyentes, el producto es nuestro y lo hacemos nosotros. El compromiso no es del oyente, el producto es nuestro y lo hacemos a partir de lo que queremos destacar y contar nosotros, reivindicar o rebatir. Con respeto a la grieta, hay gente que necesita ponerte en un lugar y, a partir de eso, ya no te escucha nada. Tuvimos un modelo en el país que, para mi gusto, tuvo muchos aciertos y muchos puntos críticos. Y como yo me permito elogiar muchas de las situaciones buenas que se vivieron durante esos años muchos no te escuchan las críticas. Por una cuestión de compromiso soy consecuente con las reivindicaciones y con las críticas. Yo soy un defensor de la idea de la grieta. Si permite el debate y la discusión no tiene nada de malo. Lo malo es el “no te metas”, que sirve para no poner en tensión lo preestablecido, el sistema, el establishment. 

 

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