Espectáculo
15-08-2018
La forma de la radio
Gerardo Martínbez Lo Ré hizo uno de los programas emblemáticos de la radiofonía de los 90 ydirigió Radio Universidad, donde ahora conduce "Modo viernes" junto con Fabio Rodríguez y Guillermo Martín, uno de los programas más particulares que se pueden escuchar en la FM los viernes al caer la noche.
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Pablo Makovsky

 

“Dudo lo que pasa”, fue la canción que lanzó al éxito a María Martha Serra Lima en 1980, cuando el director artístico de la entonces CBS Columbia vio en la cantante argentina, nacida en casa de un empresario porteño, la posibilidad de un estrellato latinoamericano. Lo que no sabíamos era que ese “Dudo lo que pasa” era una solapada crítica a la dictadura cívico militar de entonces, que aún se extendería otros tres años. Desde entonces, la señora Serra Lima deslizó en su repertorio alusiones y guiños a la resistencia peronista y al advenimiento del movimiento nacional y popular que resultaron casi explícitos en 2004, cuando su hit “La tercera es la vencida” saludó la llegada al gobierno de Néstor Kirchner. Ojo, no toda la información de este resumen fue debidamente chequeada, pero fue más o menos así como lo escuchamos en radio y, a diferencia de lo que le pasaba a la señora en 1980, no deberíamos dudarlo.

 

El programa radial que nos informa estas cosas se llama “Modo viernes” y se emite, claro, todos los viernes de 19 a 20 en FM 103.3 Radio Universidad, aunque su creador preferiría que “Modo viernes” saliese al aire de lunes a jueves. Gerardo Martínez Lo Ré –uno de los próceres contemporáneos de la radio rosarina–, junto con Fabio Rodríguez y Guillermo Martín (Martín es un modo más cómodo y claro en español de nombrar a Guillermo Booth), hace “Modo viernes” y, desde febrero de este año, se sumó al equipo de “La marca de la almohada”, el programa de la mañana de Radio Universidad.

 

La preocupación de Martínez Lo Ré, según nos lo dice en esta conversación, es que quede claro que los tres “hablan en joda” en “Modo viernes”, donde suelen ir invitados a los que se anuncia, se saluda y cuya charla se posterga para un momento más intenso mientras avanza el programa, como Damián Schwarzstein o Pablo Franza, hasta que su intervención se limita a agradecer la invitación o acordar con el criterio de los conductores, que celebran la militancia y el carácter contestatario de la obra de artistas como Ray Conniff o Julio Iglesias quien, según arguyen, llegó a jaquear al franquismo por lo revolucionario de sus acordes antes que por sus letras, con las que disimulaba una aparente conformidad con el régimen de la España predemocrática.

 

Pero el atractivo de “Modo viernes” no sólo es descubrir lo que nos perdimos de la música romántica cuando escuchábamos a Bob Dylan o Ney Matogrosso, también es el sorteo de algo de lo que se nos ofrecen pistas durante la hora de emisión (una camisa usada cedida por El Roperito, una clave de Wi-Fi para no gastar los datos móviles o una boleta de las elecciones de 1998), o los atinados comentarios de Lo Ré acerca de cómo nombrar las esquinas de las calles (si primero la calle que corre de sur a norte o la que lo hace de este a oeste) y, últimamente, el noticiero que, bajo el lema “lo que hay que saber”, es uno de los más precisos y preciosos ejercicios de estilo radiofónico: Benigno –de nuevo Lo Ré– anuncia las noticias con tono anacrónico, grave, desopilante. La presión atmosférica no se mide en hectopascales, sino, como antes, en “milibares”; los términos son una parodia de las gacetillas que hasta hoy redacta el encargado de prensa más pretensioso y el contenido es sólo un eco de episodios cuya trascendencia sólo se mide con las palabras que lo refieren. “Modo viernes”, el programa con el que Gerardo Martínez Lo Ré (arrancó frente a un micrófono en los 80 y tuvo un momento casi estelar en las mañanas de los 90 con “El mañanero”, además de ser docente de la carrera de Comunicación en la UNR y haber dirigido Radio Universidad durante un par de períodos) está cómodamente presente en la radio desde hace más de tres años, es un espacio que cuida las formas, según concluimos en esta conversación. Y esas formas son deliberadamente vaciadas, de modo que el humor es un precipitado sutil, hecho con la elección de los temas musicales y los de la charla, alusiones a la épica de ciertos barrios y ciertas épocas que los conductores dicen haber transitado. En otras palabras, “Modo viernes” es la epopeya de tres estetas que inauguran el momento más estético y ordinario al que accede el hombre común, el comienzo del fin de semana.

 

—¿Podríamos definir a “Modo viernes” como un programa que sólo se fija en las formas?

 

—Exactamente.

 

—También hay mucha interacción con los oyentes, esos comentarios que solés hacer acerca de cómo nombrar las esquinas o comportarse adecuadamente en ciertos ambientes, ¿son improvisados?

 

—Muchas son preguntas que me hace Fabio Rodríguez. Cuando se dirige a mí, en la mayoría de los casos es una pregunta que ya tiene hecha. Cuando dice “Acá tal oyente te dice que tomes partido” o “Pregunta si piensan decir algo sobre”, la mayoría ya las conversamos. Por ejemplo, “Acá un oyente pregunta cómo está la relación entre Ricchieri y Suipacha, o la relación entre el club Remeros y Regatas…” Y la obsesión mía es que se note que estamos hablando en joda. Quiero que alguien que comienza a escuchar el programa y no tiene mayores referencias, no me conoce ni tiene por qué conocerme, se dé cuenta de que es en joda. No me gusta la idea de que si alguien se lo toma en serio que se joda.

 

—De todos modos eso ha pasado. Alguno ha reclamado alguno de los regalos que se concursan en el programa.

 

—Una vez nos pasó con un surubí. Y ahí nos dimos cuenta que, claro, tenía un valor ese regalo. Y el oyente pensó que lo había ganado. Es más, así como en joda dijimos que lo tenía que pasar a buscar entre las ocho y las ocho y cuarto de la noche porque empezaba el programa de Coco López. Y el tipo fue y me llaman a mí y le digo “No te puedo creer”, y se lo mandé a Fabio, que fue el de la idea del surubí. Y pensaba: ahora vamos a tener que comprar un surubí. Y fue justo en diciembre de 2016, cuando hubo una gran intoxicación, y le dijimos que no podíamos entregar comestibles en la radio. Pero Fabio le dio otro regalo, unas cervezas que le habían dado por otra cosa. Pero el tipo lo entendió muy bien. Porque mucha gente lo que quiere es algo que ganó. Entonces nos dimos cuenta de que el premio tenía que ser la nada misma. Un surubí hasta yo lo voy a buscar.

 

—¿Cómo llegaste a dirigir radio Universidad?

 

—A ver, radio Universidad es la más imprecisa en fechas. Surgió por decreto en 1989, en el 94 ó 95 (Juan Carlos) Millet la pone en marcha pero era sólo música. Y fue el rector Ricardo Suárez el que decidió ponerle programación por el 99. Y él lo nombra a (Carlos) Fechenbach y ahí desde la carrera de Comunicación pusieron el grito en el cielo: “¿Teniendo una carrera de Comunicación van a nombrar a alguien que no es de la Universidad?”, decían. Lo nombró a Fechenbach porque era amigo. Y entonces se hizo una especie de decreto por el cual el director artístico debía ser egresado de Comunicación Social. Y ahí entré yo, hasta 2007, cuando pasé a ser director. Hasta 2011, cuando volví a ser director artístico hasta 2015.

 

—¿Y cuál es tu evaluación de la radio?

 

—Lo primero es que no debería haberme quedado tanto. Me parece que se construyó una radio alternativa, no por experimental, sino una alternativa a las AM. Me parece que lentamente se fue construyendo y casi sin bajada de línea. Fue una onda que le fue dando la misma gente que estaba trabajando, fueron quienes le dieron la impronta de cada programa. Hubo una libertad total, anarquía en algún punto. Se caracterizó más por la ausencia de directivas.

 

—¿Cómo ves el panorama de la radio actual en la ciudad, coincidís en que es bastante opaco?

 

—Sí, he hablado con amigos que dicen que la radio de Buenos Aires es muy superior. Pero en todo caso es superior la calidad del entrevistado, porque las radios hoy día son en gran medida el entrevistado. O el columnista. Y es distinto. Y acá sacás funcionarios, miembros de organizaciones que luchan por esto o aquello, como si estuvieran en un plano de menor valía, aunque yo no lo considero así. Y entiendo que las radios hoy no sorprenden. La radio en realidad no sorprendió nunca, han sorprendido algunos programas.

 

—Contá cómo surge “Modo viernes”.

 

—Surge porque Fabio Rodríguez, que tiene “Asunto tango” de lunes a viernes, como para renovarse, nos invita a ir al programa los viernes. Lo invita a Guillermo y me dice a mí. Y al principio se llamaba “Punto de encuentro modo viernes”.

 

—¿Eso fue en 2015?

 

—Ponele que sí, que en 2015, pero me gustaría que hubiera empezado este año. La idea era llevarlo de lunes a jueves, porque estaría buenísimo que e programa se llame “Modo viernes” y vaya de lunes a jueves. Y estuvimos a punto este año, pero como hubo cambios en la programación no se pudo. Pero ojo, estamos pensando hacerlo. Es que a mí me encantaría volver a hacer radio a la noche. Pero no sé si me la banco.

 

—Pero vos hiciste “El mañanero” en los 90, ¿cuándo hiciste radio de noche?

 

—Hice de noche cuando empecé, en el 86, un programa que se llamaba “Salvando la distancia”, que iba de 0 a 1. Y me encantó. Es más creo que ese horario va más para “Modo viernes”.

 

—De todos modos, desapareció la radio de madrugada.

 

—Ahí va lo que digo. Cuando empecé con “El mañanero” yo decía: tenemos que hacer algo de la locura que está a la noche pero a la mañana, porque a la noche estaban todos los programas buenos que todos escuchaban. Siempre picó en punta (Alejandro) Dolina, fue el gran referente, pero había muchos programas, eso desapareció, por eso quiero hacer algo a la noche, porque la despejaron.

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