Deporte
08-08-2018
El remedio contra la rutina
El viernes regresa la Superliga. Vuelve el fútbol argentino y a pesar de las carencias, las contradicciones y las desprolijidades, el hincha espera el inicio con ansiedad. Adiós el lujo europeo, regresa el torneo de las desigualdades y con él la ilusión de los que creen que todo puede ser posible.
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Alejandro Mangiaterra

Pocas cosas tienen mejor prensa que estar de vacaciones, mirar la arena blanca, el agua turquesa, los cerros nevados o el horizonte sin que alguna ventana de un colectivo interno se te atraviese a la altura de los ojos. Sin embargo, en medio de la plenitud, mientras la cabeza vuela hacia cualquier lado –estoy seguro que te pasa– se te cruza el íntimo deseo, lejano pero deseo al fin, de volver a casa. Sin darte cuenta, lo estás pensando y te imaginas en el sillón de casa, aunque tengas que atravesar el tráfico, reacostumbrarte el ruido y hasta lidiar cotidianamente con los vecinos. Un poco a disgusto pero en casa.

Vuelve el fútbol argentino, la Superliga. Lejos de la Plaza Roja, del Kremlin, de los estadios con techos y calefacción central –es decir, de las vacaciones–; seguro que esperabas que volviera lo que te moviliza, aunque haya tablones en vez de asientos, aunque los baños estén inutilizables, aunque el puntero derecho de tu equipo ni se le parezca a Mbappé y no acierte un centro al área. No se trata de hacer una apología de la poquedad, de la limitación, ni de la mediocridad. Se trata de asumir lo que somos. La incomodidad y el "lo atamo con alambre" nos define y de paso renegamos de lo que está bien y calificamos que sería aburrido.

Vuelve el fútbol nuestro de cada día y esperamos milagros: que nuestro equipo sea campeón aunque sepamos que casi no patea al arco en todo el torneo, que las incorporaciones rindan como refuerzos y que los refuerzos jueguen como estrellas europeas. Aunque cuando veas a las estrellas europeas digas que les falta el fuego sagrado y el amateurismo de los de acá.   
De contradicciones vivimos y a partir de ellas nos relacionamos. Vuelve la Superliga Argentina, será la segunda edición, después de que antes de la primera nos engañaran con aquello de la previsibilidad, con la planificación del calendario inamovible (que movieron como quisieron). Por suerte ahora ya ni siquiera tienen que engañarnos con eso, no hace falta. Ya la compramos. Ahora solo tenemos cuatro fechas previstas sobre las veinticinco que se jugarán y desde el mismísimo arranque habrá asteriscos: Independiente inicia debiendo partidos por su viaje a Japón.

Vuelve el torneo que tanto esperamos, el que no tiene hinchas visitantes. Bueno, a veces tiene. Depende la cara del cliente y la necesidad del que recibe. Pero a veces tiene. Además, es primo cercano de ese otro torneo nuestro, el más federal, que sí tiene hinchas visitantes: la Copa Argentina.  Ese mismo torneo que involucra a equipos de todas las categorías, el que obliga a recorrer a un equipo casi amateur y pobre del interior 1500 o 2000 kilómetros para jugar contra otro equipo, cuyos profesionales podrían ir al estadio en bicicleta.

El viernes arranca la primera fecha del torneo que no tendrá ida y vuelta, es decir que si recorriste el país de punta a punta no hay chances de que tu rival haga lo mismo para visitarte y emparejar las condiciones. Es decir, que si te tocó jugar con los grandes fuera de casa no hay chances de que las cosas se igualen un poco porque no te devolverán la visita. El mismo que tiene un partido el domingo a las 11 de la mañana para venderlo en el mercado europeo o chino, pero que pone como protagonistas a San Martin de San Juan vs Patronato, como ocurrirá en la segunda fecha, el 19 de agosto.

Se inicia el mismo torneo que la temporada pasada pero con dos equipos menos. Habrá 26 conjuntos soñando con lo mismo aunque peleando por cosas diferentes. Habrá cuatro descensos como en el último certamen pero no por méritos exclusivos de lo que hagan esta temporada sino por Promedios, como siempre. Podría llamarse de Transición, ya que es hijo directo de la última “gran” idea de Grondona, aquel torneo de 30 equipos que todos los directivos votaron a mano alzada para beneplácito de Don Julio, pero ese término ya está un poco gastado. Vivimos en transición.

Empieza otro torneo codificado, el que tenía 40 millones de potenciales televidentes (si somos optimistas) que pagaban con sus impuestos y que ahora tiene 1,5 millones de televidentes que siguen pagando con sus impuestos 40 millones producto de la pauta publicitaria. Un certamen que fue diseñado por matemáticos de la Universidad de Buenos Aires, quienes también arman los fixtures de la Liga Nacional de Básquet, las Eliminatorias de la Conmebol y el campeonato chileno; que determinaron que para que los kilómetros recorridos sean equitativos para todos, cada equipo hará tres viajes a las regiones del Norte, Cuyo y Córdoba. Incluso, hasta se contempló un posible cruce de hinchadas. Y se invirtieron las localías de los clásicos respecto al torneo anterior. Pero así y todo hay quejas de todo tipo.

Ochenta y ocho días después de ver levantar la Copa del Mundo a Griezmann y compañía, arranca lo que nos importa, lo que nos conmueve, lo que nos pone los pelos de punta y nos invita a insultar al que esté en la tribuna de enfrente, siempre y cuando haya alguien en esa tribuna. Es lo que tenemos, es lo que somos y lo que nos gusta.  Vuelve el fútbol y estamos felices.

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Domingo 16 de Diciembre de 2018
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