Deporte
04-07-2018
“Esta Selección siempre se autogestionó”

El periodista Pablo Paván es una de las personas que mejor conoce a Jorge Sampaoli, de quien fue vecino en Casilda y con quien forjó una amistad. Desde Rusia, el autor de No escucho y sigo, la biografía autorizada del DT analiza el mal paso de la selección argentina en el Mundial y da su opinión sobre por qué no se impuso el estilo de juego esperado.   

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Sebastián Stampella | Cruz del Sur

El sábado pasado el Mundial de Rusia pasó a ser cosa de otros. La inapelable superioridad del equipo francés posiblemente ayudó a que los argentinos -tan propensos a trazarnos la gloria absoluta como objetivo de mínima- asimiláramos con un menor grado de dramatismo el duro golpe de quedar fuera de carrera. Consumada la “tragedia”, siguen las polémicas sobre las causas que llevaron a esta nueva frustración y los interrogantes sobre las responsabilidades por parte de los jugadores, de la dirigencia y, sobre todo, del propio director técnico. El periodista Pablo Paván es una de las personas que más conoce a Jorge Sampaoli. Además de haberse criado sido vecino suyo en Casilda y forjado una relación de amistad, es autor de No escucho y sigo, la biografía autorizada del –al menos al cierre de este edición- DT de la selección.

 

Desde Rusia, Paván dio a Cruz del Sur algunas apreciaciones sobre el presente del seleccionado. El punto de partida de la charla fue la nota de opinión que publicó en Rosario3.com y que escribió luego de que la Selección quedara fuera del Mundial por la imparable Francia de Mbappé. Allí, Paván cita el documental Les Bleus, une autre histoire de France (puede verse en Netflix) para establecer similitudes entre el derrotero de los últimos 20 años del combinado francés y el argentino y encontrar allí, tanto desde lo deportivo como desde lo social y lo político, una referencia válida para avanzar hacia una nueva generación de jugadores y, ante todo, de dirigentes.

 

“Vi la película justo antes del partido y me impactó. Una vez que quedamos eliminados volví a verla porque me pareció que se podía trazar un paralelo con esa experiencia. Los franceses también tienen al futbol como un fenómeno social. Ellos se terminaron reconstruyendo y encontrando una nueva generación de jugadores, que es lo que le falta a la Argentina. A partir de eso, y con todo lo que moviliza este deporte en nuestro país, empecé a ver conexiones y a sentir que la cuestión era bastante atractiva y que había muchos cabos por atar. Incluso me quedé con ganas de profundizar en algunas cuestiones”, explica.

 

“Creo que si Argentina encuentra una generación como la actual de Francia, va a encontrar respuestas positivas. Seguramente la cuestión dirigencial en Francia no es tan caótica como la nuestra, al menos desde el punto de vista deportivo. Pero esa es otra cuestión”.

 

—Algunos periodistas señalan que la selección no plasmó en la cancha el modelo de juego que caracterizó a los equipos de Sampaoli y que, paradójicamente, terminó eliminada por un rival que desplegó un estilo o un ritmo muy parecido a ese. ¿Coincidís con eso?

 

—No, porque yo creo que Francia le ganó a Argentina por medio de transiciones rápidas, que es justamente lo que Jorge no quiere para sus equipos. Él busca la posesión del balón y el dominio a través de su control, que a la vez sirve para que esas transiciones no sucedan. Lo que pasa es que cuando tenés pérdida en la recuperación pos pérdida la tenés que hacer en forma inmediata o cortarla con falta, y Argentina no logró ninguna de las dos cosas. Me parece que incluir a un volante central de las características de (Javier) Mascherano no fue favorable para el equipo.

 

—¿Creés que el hecho de que el equipo no plasmara la idea de juego que perseguía Sampaoli tiene que ver con algún tipo de concesiones a factores ajenos a su conducción?

 

—El grupo de jugadores de esta Selección es bastante autogestivo. Siempre lo fue con todos los entrenadores y no escapó a Jorge. Lamentablemente no pudimos ver la mejor versión del equipo y estoy seguro de que no representó al ciento por ciento las ideas que quería llevar a la práctica en durante su gestión. Lo hizo en lapsos muy breves. Apareció algo en los primeros 20 minutos del primer tiempo contra Venezuela durante las eliminatorias; en el primer tiempo contra Nigeria en el amistoso que se jugó en Rusia previo al mundial; un poco contra Ecuador; y algún pasaje contra Nigeria en el mundial. Pero fue en lapsos muy breves. Jorge no logró darle la identidad suya al equipo, y eso me pareció que terminó siendo un factor negativo para el juego.

 

—A propósito de Mascherano, en tu nota de opinión sobre la selección hacés una referencia al rol de El Jefecito como vocero del grupo y mencionás al pasar su vínculo con el macrismo. Recordás, por caso, que en octubre él será la imagen de los Juegos de la Juventud del gobierno porteño. ¿Eso explica algunas cuestiones extra futbolísticas?

 

—No lo sé. Evidentemente Mascherano tiene una inclinación política, o al menos un sesgo, como lo tiene cualquier persona. A mí eso me sirvió para comparar las intervenciones políticas que tuvieron otros deportistas. En particular, el caso de (Zinédine) Zidane, que la primera vez que habló públicamente de política sirvió para ejercer una influencia en contra del candidato de la ultraderecha de Francia, (Jean-Marie) Le Pen. En el caso de Mascherano, por simpatía o por lo que sea, sienta una posición distinta. Que yo no la comparta no significa que él no pueda expresarse políticamente.

 

—Antes de que se consumara la eliminación de Argentina, la maquinaria mediática dio por terminado el ciclo Sampaoli y activó la clásica danza de nombres para reemplazarlo. Más allá de su desempeño fue evidente el ninguneo que en toda su gestión sufrió por parte de la prensa y, por ende, de la llamada opinión pública. ¿A qué atribuís ese rechazo?

 

—En primer lugar, mi intuición me indica que es muy desfavorable el contexto como para que Jorge continúe al frente de la Selección porque hay una dirigencia que no lo respalda. Difícilmente se imponga la posición de continuar un proceso con ese cuadro de situación. En cuanto a la actitud de la prensa, me parece natural ese trato con un entrenador que no tiene amigos en ese ámbito, que no cuenta con el respaldo popular de ninguna hinchada por no tener un paso importante ni como jugador ni entrenador en equipos de Argentina. A eso hay que sumarle que, encima, visita a las Madres de Plaza de Mayo, tiene un vínculo con Callejeros y expone su ideología. Es decir, defiende causas que lucen políticamente incorrectas en el contexto que estamos viviendo en el país. Lamentablemente esas cosas, de alguna u otra manera, se terminan pagando. El sistema te las cobra. Y a Sampaoli se las cobró mostrándolo como una figura desfavorable.

 

—Si pudieras sumar nuevos capítulos a tu biografía de Sampaoli ¿Qué añadirías? ¿Creés que su participación en el Mundial cierra un círculo y abre otra etapa?

 

—Esas preguntas me hacen pensar bastantes cosas. Creo que, de alguna manera, esto último que le pasó cerraría el círculo en lo que tiene que ver con el sueño de su vida a nivel profesional. Es decir, surgir de un lugar muy pequeño como Casilda y llegar a algo tan prestigioso como dirigir a la selección de su país en un mundial es todo un camino. Al margen de que ya lo había experimentado con Chile y haciendo un gran papel. Pero puede que en ese sentido lo de Rusia 2018 cierre un círculo. No de la manera esperada pero seguramente sí por el hecho de concretar esa meta de hacer la experiencia. Me parece que lo de Jorge está lejos de ser una frustración si tenemos en cuenta el lugar de donde salió y el recorrido que hizo, que es un caso único en la historia. Ameritaría tener una consideración sobre ese fenómeno. Me parecería atractivo, aunque un poco complejo de realizar porque demanda un análisis exhaustivo de un montón de situaciones que se dieron en ese último trayecto y no quedarse con una sola cosa.

 

—Los resultados de la primera fase presentaron a un mundial rompe-pronósticos, de batacazos. Ya avanzado en la etapa definitoria ¿Qué otras tendencias considerás que se van imponiendo?

 

—Más que por las sorpresas que se dieron creo que a nivel juego éste es el mundial de las transiciones, porque se están viendo muchos goles a velocidad y de contragolpe. Si el mundial que ganó España en 2010 fue el de la posesión, éste es el de la transición, el de la velocidad en carrera. Todos los equipos que tienen esas características son los que más posibilidades tienen de ganar. Hace minutos Bélgica le acaba de dar vuelta el partido a Japón de esa forma. Lo que nos pasó a nuestra selección con Francia, con un Mbappé incontrolable, es otro claro ejemplo de eso.

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