Sociedad
19-06-2018
“No se puede separar la lucha feminista de la de clases”
Periodista y militante del FIT, Fernando Rosso, al frente de “La Izquierda Diario”, cuenta cómo es hacer un periódico que, como todo los medios toma partido, pero lo hace abiertamente.
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Pablo Makovsky | Cruz del Sur

 

Hasta hace unos diez años los periódicos de la izquierda, sobre todo la trotskista, eran –algunos todavía lo son– unos tabloides en blanco y negro con algún detalle en rojo cuyo titular rezaba “Fuera yanquis de Irak” o algo parecido. La presencia de la izquierda creció en el Congreso a través del Frente, en el que se destacan las figuras de Myriam Bregman –notable también por su rol como abogada en los juicios de lesa humanidad contra represores de la última dictadura– y Nicolás del Caño. Desde el mismo frente, en 2014, nació una nueva prensa a través de “La Izquierda Diario” (LaIzquierdaDiario.com): “Surge con la idea de aumentar la influencia ideológica, política o programática que tiene la izquierda –dice el periodista y militante Fernando Rosso, director del medio desde la primera hora, en esta entrevista–, sigue teniendo análisis, pero las posibilidades que da lo digital o internet permiten ampliar las posibilidades de intervención ideológica y política. Y como el resto de los diarios tiene una mirada propia, lo que pasa es que no está refugiado en cierta imparcialidad que en realidad no tiene nadie. Cualquiera de los diarios principales, La Nación o Clarín, tiene su punto de vista que a veces deja claro muy abiertamente o en el formato de sus noticias. En nuestro caso dejamos claro el lugar de enunciación, lo que no quiere decir forzar los hechos, incluso desde el punto de vista de que no tenemos compromiso ni con empresas ni con el gobierno ni con el estado te permite un mayor grado de acercamiento a la realidad tal cual es.”

 

Rosso conduce a la vez el programa “El Círculo Rojo” en Radio Con Vos (se escucha los domingos en Rosario a través del 107.5), donde entrevistan a analistas políticos, escritores y personalidades que no siempre comulgan con la ideología de izquierda.

 

—¿Cómo resolver cierta contradicción que lleva adelante el periodismo, que de algún modo se convierte en portavoz “profesionalizado” de eso que cabe en lo que podría llamarse “discurso del poder”?

 

—Creo que es una contradicción permanente que tiene el oficio. Y es muy difícil de superar en el marco de las relaciones de propiedad que hay en este régimen social. Ciertos emprendimientos como Tiempo Argentino, por ejemplo, lo resolvieron armando una cooperativa y lo bancan sus propios lectores. Nosotros también hacemos esa experiencia, armando una comunidad. Pero la mayoría de los periodistas tienen que trabajar vendiendo su fuerza de trabajo, lo que es legítimo, porque es un oficio como cualquier otro. Algunos lo resuelven dando su punto de vista en redes sociales y otros en el medio, sabiendo que está en un medio cuya política editorial defiende ciertos intereses. Hay un método histórico dentro del periodismo que es el derecho a firmar o no la nota. Son como derechos mínimos. Esa tensión no se va a resolver si las relaciones de propiedad no cambian de mano.

 

—¿Cómo funciona la redacción de La Izquierda Diario? ¿Hay estadísticas de la llegada que tiene, quiénes lo leen?

 

—La redacción, en el contexto de que hay pocos periodistas profesionalizados, funciona lo más a pleno posible, con tres turnos y actualización permanente, pero con una amplia red en todo el país, hecha en su mayoría de modo militante, con pequeñas redacciones en Rosario, Jujuy, Córdoba, Neuquén; la mayoría de las provincias, lo que te permite ciertas ventajas en relación a otros medios que achicaron la presencia de enviados o colaboradores en otros lugares. En términos de estadísticas estamos alrededor de los dos millones de visitas mensuales, seguramente en estos días, con el tratamiento de la media sanción de la legalización del aborto hubo un pico. Fechas como el 24 de marzo o conflictos como el de Pepsico hacen que a veces se produzca un salto (de lectores). Pero hasta ahora viene en aumento. Estamos desarrollando la parte audiovisual y, con la experiencia de (el programa) El Círculo Rojo estamos tomando la potencia de una radio como Radio Con Vos para hacer sinergia con el diario.

 

—Buena parte del kirchnerismo le reclama a la izquierda el voto en blanco con el que, dicen, ganó Macri las elecciones de 2015. ¿Cómo lo analizan?

 

—Creo que la cuestión del voto en blanco es una justificación para no hacer una autocrítica de su experiencia. Primero, los números no daban (entre los votos que sacó la izquierda y la diferencia que sacó el kirchenrismo), pero no le iban a pedir a la izquierda clasista, trotskista y marxista que vote a un tipo como Scioli, en primer lugar porque apuntamos a que la clase trabajadora construya su propio partido y el PTS, dentro del Frente de Izquierda, sean un camino en ese sentido. Y además, me parece una salida facilista para no mirar toda su orientación que, desde los orígenes en 2001 hasta 2003, cuando tenía un discurso latinoamericanista, había tomado banderas históricas del progresismo y la izquierda, hasta llevar a un candidato como Scioli, ajuste de sintonía fina de por medio, devaluación del 2014, fue lo que le abrió el camino a la derecha. Tiene mucho más responsabilidades, cien veces más, el kirchnerismo en el ascenso de Macri y esta derecha que el Frente de Izquierda, que lo combatió desde el primer momento, no así como los sindicatos y alianzas que acompañaron al kirchnerismo en 2015 y le dieron la gobernabilidad a Macri durante estos dos años.

 

—En las entrevistas que realizan en El Círculo Rojo se nota muchas veces de parte de los entrevistados una necesidad de posicionarse (se notó con la de Andrés Malamud, la de Martín Sivak) debido a quiénes son los entrevistadores, ¿te parece que uno de los roles de la izquierda en esta configuración democrática es esa: empujar ciertas posiciones?

 

—Creo que al estar abierto que tenemos una clara mirada, sin ocultarla, se sale de ese formato tradicional, como le dicen a Radio Con Vos, que es Corea del Centro: un poco bien esto y mal lo otro, y que eso lleva a discusiones en cierta medida más francas en el marco del diálogo que se puede hacer. Hemos intentado hablar con funcionarios o dirigentes del macrismo o el kirchnerismo, que pueden dar debates mayores: hasta ahora no han aceptado, lo seguiremos intentando porque creo que tiene que ver con eso: un programa para tomar partido, como le decimos.

 

—Tras la lectura de Richard Sennet, ¿podría sostenerse que el rol de la izquierda es de algún modo el de la artesanía: la de Bregman en los juicios contra represores, la de sentar ciertas posiciones, ¿cómo ves ese rol?

 

—No, yo creo que es una corriente política que tiene un programa e incluso una perspectiva de poder, el de la clase trabajadora, pero eso no depende de nuestra voluntad sino de las propias contradicciones que tiene el sistema social y que ahora se está notando, y la izquierda se prepara para postular un programa que lo cambie todo en muchos sentidos –desde la expropiación a los capitalistas, el no pago de la deuda, nacionalizar empresas bajo control de los trabajadores– que necesitan determinadas condiciones para que sean entendidas por la mayoría, condiciones que no inventamos nosotros, sino que se dan permanentemente no sólo acá sino en el mundo, y en Argentina cada diez años se muestran esas crisis para las que, si no se da una salida de este tipo, se termina imponiendo una salida capitalista que siempre empeora las condiciones de las mayorías. Es el cuarto saqueo que se prepara ahora: el de la dictadura, el del 89, el de 2001 y el actual, si no tiene una salida revolucionaria tiene grandes posibilidades de que todo este empeoramiento general que hizo Macri marque o signe la próxima etapa, y eso es lo que hay que evitar.

 

—¿Creés que hubo algo oportuno o distractivo cuando el gobierno habilitó el debate del aborto?

 

—Sí, creo que con el tema del aborto hubo un intento de utilización de un reclamo histórico, aunque el primer mérito lo tiene el movimiento de mujeres que viene luchando desde hace un montón de años, pero el gobierno, que estaba mal y ahora está peor, intentó introducir un cambio por la ventana, como en su momento hizo el kirchnerismo con ciertas demandas. Ahora, creo que le planteó una contradicción porque si no salía –algunos dicen que el gobierno empujó para que salga con votos decisivos– había generado una expectativa y podía despertar un movimiento radicalizado. A la vez le generó una contradicción con su núcleo duro, porque toda la Argentina conservadora votó a Macri, una contradicción con la iglesia y una contradicción dentro del kirchnerismo, en especial con Cristina Kirchner que cajoneó el debate durante todo este tiempo. Muchos plantearon que el único sector que planteó en su campaña y su plataforma el tema del aborto fue la izquierda, lo que le dio una visibilidad importante por su coherencia en torno a este punto.

 

—¿Te parece que el feminismo corre el riesgo de convertirse en una pelea “gremializada”, exclusiva de las mujeres y ajena a una pelea superior por una sociedad más igualitaria?

 

—Sí, como todo movimiento, el de las mujeres corre ese riesgo, hay ya tendencias, como las que dicen que no participen los hombres o que son radicalmente anti hombres y tienden a corporativizar el movimiento, Es un peligro que tiene. Hay que tener en cuenta que a la cuestión de género la cruza una cuestión de clase, o que la cuestión de clase utiliza la cuestión de género en función de sus intereses. Por eso me parece que toda esa identificación que hubo con la diputada (del PRO, Silvia) Lospennato u otras que tomaron este tema en el contexto en que lo planteó el gobierno es un intento de reconciliación que no corresponde porque hay intereses contrapuestos y su proyecto político –el del macrismo y el de los partidos tradicionales– apuestan a mantener esa división de género para hacerla útil a su régimen. La opresión de la mujer está utilizada por la explotación capitalista, por lo que las dos luchas no pueden separarse.

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Lunes 19 de Noviembre de 2018
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