Cultura
13-06-2018
Nada más político que la comida

“Anthony Bourdain demandaba que tuviésemos en cuenta la humanidad de todos aquellos que los medios nunca retrataron”, escribe el periodista del diario estadounidense de izquierda “The Nation” que firma esta nota a propósito del chef y escritor que se quitó la vida el viernes pasado en Francia.

 

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John Nichols* | The Nation

 

Anthony Bourdain llevó “Parts Unknown” (“Piezas desconocidas”, su serie de CNN premiada con un Emmy) a lugares donde la mayoría de los medios no llegan. Aparentemente nos contaba historias sobre cómo se preparan y consumen alimentos. Pero Bourdain estaba realmente fascinado y comprometido con diversas culturas y con la experiencia humana que reflejan. Se involucró profesional, personal y políticamente.

 

Dijo que no era un narrador, ni un periodista. Pero Bourdain era a menudo un comentarista sobre geopolítica más lúcido que los políticos y los expertos que intrigan para estrechar la comprensión de nuestra humanidad compartida.

 

El chef y el autor, que murió a los 61 años, intentó expandir ese entendimiento. Y lo hizo viajando a zonas de conflicto e invitando a los espectadores a ir con él a los mercados, las cocinas y las mesas de familias cuya bondad y decencia rara vez se reflejaba en la cobertura de los medios de países que mantienen desacuerdos con ellos mismos, con sus vecinos y con los Estados Unidos. Hizo esto en Kurdistán, Congo, Libia, Myanmar y, lo que cobró fama mundial, en Irán. Pero fue su visita a Gaza, Cisjordania y Jerusalén en 2013 lo que puso sobre la mesa la evaluación más poderosa de los desafíos y las posibilidades del trabajo que hizo.

 

“No hay esperanza, ninguna, de hablar de ello sin molestar a alguien, si no, a todo el mundo”, anunció al presentar el programa “Parts Unknown”. “Para el final de esta hora, seré visto por muchos como un simpatizante terrorista, una herramienta sionista, un judío que se odia a sí mismo, un apologista del imperialismo estadounidense, un orientalista, un socialista, un fascista, un agente de la CIA, y algo peor”.

 

La hora de la televisión por cable que presentó Bourdain fue tan honesta y respetuosa en su interpretación de los palestinos que el Consejo de Asuntos Públicos Musulmanes honró al anfitrión con su premio Voces de Coraje y Conciencia en los Medios en 2014.

La respuesta de Bourdain fue una aguda crítica de los medios que no reflejan la historia completa de pueblos diversos y sus exquisitas culturas: “Estaba enormemente agradecido por la respuesta de los palestinos, en particular por hacer lo que a mí me parecía algo común, algo que hacemos todo el tiempo: mostrar a la gente común haciendo cosas cotidianas, cocinando y disfrutando de las comidas, jugando con sus hijos, hablando de sus vidas, sus esperanzas y sueños.

 

“Es una medida, creo, de lo retorcida y superficial que es la representación de un pueblo, ya que estas imágenes son un shock para muchos. El mundo ha recogido muchas cosas terribles sobre el pueblo palestino, nada más vergonzoso que privarlos de su humanidad básica.”

 

“Las personas no son estadísticas”, concluyó Bourdain. “Eso es todo lo que intentamos mostrar. Un pequeño paso, y patéticamente pequeño, hacia la comprensión “. Fue, tal vez, un pequeño paso. Pero ciertamente no fue patético.

 

De Beirut a Detroit

 

Importaba, al igual que todo lo que Anthony Bourdain intentaba enseñarnos: en sus libros, en sus programas de varias cadenas de cable y en el trabajo de documentación que había comenzado a abrazar con proyectos como el notable documental de 2017 “WASTED: The Story of Food Waste” (“Basura: La historia del desperdicio de alimentos”), sobre la política de preparación y consumo de alimentos.

 

Bourdain saltó las fronteras de la ubicación y la práctica. Y, por supuesto, esto no siempre halló aprobación.

 

“Lo escuché un montón de veces, ya sabés: ‘Atenete sólo a la comida, flaco. Dejá de hablar de política’”, dijo el chef en 2017.

 

Su respuesta a cada intento de que estrechara su foco de atención, y su humanidad, forma hoy la porción vital del legado que Anthony Bourdain preparó para todos nosotros.

 

“No hay nada más político que la comida”, le dijo a la publicación “Food & Wine”. “¿Quién come? ¿Quién no? ¿Por qué las personas cocinan lo que cocinan? Es siempre el final o parte de una larga historia, muy a menudo una dolorosa. Miren, viajo alrededor del mundo y le pregunto a las personas ‘¿Qué te hace feliz, qué comés y qué te gustaría que coman tus chicos dentro de diez años?’, y consigo algunas respuestas realmente interesantes y complicadas en lugares como Beirut, Irán, Vietnam e, incluso, en Detroit”.

 

* John Nichols es corresponsal de política nacional en The Nation. Es autor de “Horsemen of the Trumpocalypse: A Field Guide to the Most Dangerous People in America” (“Los jinetes del Trumpocalipsis: una guía de campo de las personas más peligrosas en Estados Unidos”, Nation Books), y coauthor, junto con Robert W. McChesney, de “People Get Ready: The Fight Against a Jobless Economy and a Citizenless Democracy” (“El pueblo se prepara: la pelea contra una economía sin trabajo y una democracia sin ciudadanos”).

 

Publicado en TheNation.com. Traducción de Pablo Makovsky, Cruz del Sur.

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