Sociedad
30-05-2018
Absuelto en una manada de hienas
A dos años del feroz ataque sexual que terminó con la vida de una niña de 12 años en el interior de una casilla en Villa Banana, uno de los tres implicados, entonces menor de edad, fue desvinculado por la Justicia de Menores, aunque el fiscal apeló la decisión.
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Carina Ortiz

El 25 de mayo de 2016 los perros ladraban en una precaria construcción de ladrillos rojos ubicado en un pasillo de Lima al 2900, casi en el corazón de la manzana. Un hombre se acercó a la vivienda que no tenía puerta y se encontró con el cuerpo vejado, golpeado y estrangulado de la Guadalupe, una niña de 12 años. El caso conmocionó a la gente del lugar que derrumbó la casilla en señal de hartazgo. Dos jóvenes pertenecientes a la conocida banda del Pandu, que asoló la Villa hace algún tiempo, y un adolescente de 16 años fueron señalados en la investigación. Un testigo de identidad protegida los reconoció como las personas que estaban adentro de la casilla con la niña. Los dos mayores fueron imputados por el Ministerio Público de la Acusación y están detenidos por disposición del Colegio de Jueces de Primera Instancia, mientras que el adolescente fue desvinculado recientemente por la Justicia de Menores. Para la jueza María del Carmen Mussa la prueba incriminante no es suficiente para declararlo responsable y lo absolvió por el beneficio de la duda. La decisión fue apelada por la fiscal Cristina Herrera, quien reclamó una visión del caso con perspectiva de género.

Guadalupe ya no está. Su muerte fue violenta y feroz. Los ladridos de los perros que entraban y salían de una casilla en Villa Banana llamaron la atención del vecino que entró a la construcción y se encontró con un cuadro desgarrador. Los gritos que se habían escuchado durante la madrugada tuvieron su correlato con esa imagen dantesca de una niña ultrajada, golpeada, a quien le quitaron la vida estrangulándola.

La familia de Guadalupe había asistido un año antes a la Dirección de Niñez, Adolescencia y Familia pidiendo ayuda para contenerla pero el Estado no tuvo las herramientas o no supo cómo hacerlo. Tras su femicidio una mujer se presentó y la reconoció como su hija aunque luego se supo que no era, aseguró que se confundió por el parecido físico.

Su menudo cuerpo tenía fuertes golpes en el rostro, un vecino dijo que parecía que la habían dado contra la pared. Un testigo de identidad protegida contó que esa madrugada pasó por la casilla sin puerta ni techo y vio al Chueco y a Wititi, dos pibes que son concuñados y miembros de la temida banda de Pandu, a un chico con un camperón verde y la nena de 12 años. Algunas horas después volvió, entró a la casilla y se encontró el cuerpo ultrajado de la víctima con la parte baja de su cuerpo desnuda y sus ropas a un costado del colchón sobre el que la dejaron.

El primero en caer fue el adolescente. Los vecinos contaron que deambulaba por la zona y solía dormir en un contenedor de basura. Lo detuvieron en una casilla de Lima y las vías, muy cerca del lugar dónde se produjo el femicidio. Cuando lo arrestaron tenía la campera puesta, en ella encontraron ADN de la víctima. Casi dos semanas después Mauricio C., alias Chueco, se presentó a la Justicia. Ahora tiene 25 años. En ese entonces dijo ser changarín y estaba en pareja con una hermana de Wititi. Se desvinculó del ataque y se ofreció para someterse a una extracción de sangre para compararla con las muestras de ADN que los investigadores lograron recolectar del cuerpo de la víctima.
Al día siguiente lo hizo Rodrigo Gustavo B., alias Wititi, cuñado del temido Nelson Pandu Aguirre. Llegó hasta el Servicio Público de la Defensa buscando asesoramiento. Fue imputado por los mismos delitos que el Chueco, abuso sexual a una menor de 12 años con acceso carnal con la participación de más de dos personas con resultado fatal. Tras intentar desvincularse del hecho se ofreció, al igual que el Chueco, para hacerse análisis de ADN. Su defensor denunció apremios ilegales.

Wititi ya tenía una condena. Había sido imputado junto a Pandu por el crimen de Javier Barquilla, un hombre que salió en defensa de un familiar que había sido robado por la banda del Pandu. El grupo se burlaba y se generó una discusión, Barquilla se metió y se agarró a trompadas. Ese atrevimiento le costó la vida: Pandu lo encontró y lo baleó. Si bien en un primer momento Wititi y Pandu fueron acusados por el crimen, el primero se hizo cargo de una amenaza previa a una nena de 7 años a quien apuntó al pecho para que su madre le dijera dónde estaba la persona que buscaban. En el raid persecutorio se toparon con la víctima y Pandu le dio un tiro. Por las amenazas Wititi aceptó un acuerdo abreviado a 3 años de cárcel y salió el mismo día que se homologó. Por su parte, Pandu recibió una condena a 16 años que incluyó el crimen y tres robos, luego de un acuerdo entre su defensor y el fiscal Ademar Bianchini.

El adolescente

La investigación por la actuación de G.F.Q. en el hecho quedó en manos de la Justicia de Menores. El adolescente permaneció algún tiempo en el IRAR y tras dos años de investigación la jueza María del Carmen Mussa dispuso su sobreseimiento por el beneficio de la duda.

El muchacho fue ubicado en la escena del hecho por el testigo de identidad protegida que dijo haber visto a un adolescente con camperón verde y una lastimadura a la altura del labio cuando pasó por la puerta. La rueda de personas que se realizó fue positiva y en la campera se encontró ADN de la víctima. Algunos familiares del pibe declararon y aseguraron que esa madrugada el chico dormía.

La jueza evaluó la prueba. Si bien aseguró que las declaraciones que ubican a G.F.Q. durmiendo son contradictorias al punto que omite examinarlas, los elementos probatorios incriminantes no alcanzaron para una decisión condenatoria. En cuanto a al ADN en la campera, explicó que en el contexto dónde vive G.F.Q. puede haber llegado de cualquier manera, alguien pudo habérsela dado y no necesariamente implica que participó en el hecho, dijo. En cuanto a la rueda de reconocimiento evaluó que esta medida lo ubica en el lugar aunque no determina cual fue su participación o si la tuvo, también pudo haberse ido antes del ataque sexual, explica. A su vez sembró la duda sobre el testigo protegido. Dijo que pudo sindicar a un tercero para salirse del caso. Respecto a este punto, el fiscal Florentino Malaponte, quien investiga a los otros dos acusados, solicitó una prueba de ADN para el testigo que dio negativa. Para la jueza duele la muerte feroz y temprana de la víctima, su vivir a la deriva, pero ello no justifica una condena a alguien que pudo no haber participado y, con estos argumentos lo absolvió.

La decisión no está firme y fue apelada por la fiscal Herrera, quien destacó la necesidad de evaluar el caso teniendo en cuenta la condición de mujer de la víctima y la necesidad de valorar este tipo de delitos de índole sexual desde una perspectiva de género y no poniendo la lupa sobre la víctima.

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Viernes 17 de Agosto de 2018
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